A ambos lados de la frontera colombo-ecuatoriana habitan los awa. Para los awa-kwaiker P´a (el sol)  y P´a lapcha (la luna) eran seres que andaban por el cielo llevando luz en las manos. Las dos palabras tienen una misma raíz y están emparentadas con las Pa´ ta (el sol) y Po pa´ta (la luna) de los  Ch´a palachi o chachis. El idioma de los  chachis es el cha´palaa (lengua de los hombres).  Se podría decir que los awa y los chachis fueron en tiempos pasados un solo pueblo, que veneraba al sol y a la luna como creadores del universo y de la humanidad.

Tanto los awa como los chachi tienen una manera dual de entender el mundo. Los hermanos gemelos son hijos del cielo. Entre los awa hay el Ira- Awa bueno, y el Ira- Awa malo. El bueno salió de un árbol, el malo de la hierba. El primero hizo al hombre con barro, el segundo con cascajo y el resultado fueron los seres malignos.

Hay otra  evidencia arcaica: el héroe cultural ahora llamado Señor de Kwaiker, fue encontrado por los awa en una planicie, una creación divina. Lo llevaron al pueblo para que durmiera en una casa, pero desapareció. Fueron a buscarlo y lo encontraron en el mimo lugar y en la misma postura. Le construyeron una casita para  protegerlo del frío;  le llevaron flores y velas y él hizo que las gallinas, vacas y plantas se reprodujeran.

Los awa han tomado como emblema la cruz, un símbolo cristiano. Es posible que entre los awa anteriores a la conquista y colonización españolas haya servido para sacralizar el centro espacial. La suma de ideas awa sobre el mundo revela una rica tradición espiritual, que ha ido cambiado, pero que sigue siendo un importante referente cronológico e identitario.

Como todas las historias de los pueblos indígenas, la de los awa está signada por la violencia y el despojo de la tierra. Hoy por hoy, en la frontera la situación se ha vuelto insoportable, tanto así que su existencia física y cultural está en peligro de extinción. El habitat donde moran, el bosque húmedo cercano al litoral pacífico, resulta estratégico para la supervivencia de la  narco guerrilla.

En el pronunciamiento que los awa dirigen a la comunidad internacional denuncian que están constantemente amenazados  por grupos armados que operan desde hace años en su territorio. El gobierno colombiano ha reubicado a 17 familias desplazadas por el conflicto, pero la realidad es brutal: hay miles de muertos, cientos de familias desalojadas, jóvenes reclutados por la fuerza. Ahora se suma el peligro del Covid-19, y los awa no pueden hacer mucho, porque no tienen los medios para enfrentarlo. Han cerrado como han podido sus aldeas, pero siguen siendo especialmente vulnerables a las enfermedades infectocontagiosas. Carecen de medios de salubridad indispensables: vacunas, medicinas, hospitales, tanques de oxígeno. Los awa lanzan un SOS al mundo, y en primer lugar a los gobiernos de Colombia y Ecuador.

Escrito por: Ileana Almeida. Filóloga. Foto portada: Muro Muro Santiago Levy. mayo 5 de 2021 

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