Durante la campaña electoral de la primera vuelta, mucha gente me preguntó por quién o cómo se debería votar. Antes de responder a la pregunta, daba algunas premisas, más de análisis histórico: 1. Este sistema electoral es parte de nuestro contrato social actual y lo hemos aceptado como válido en el marco de una democracia liberal representativa. 2. En este sistema, son las élites económicas las únicas que tienen la capacidad de hacerse representar a través de partidos y movimientos políticos, y del voto. 3. Estas élites tienen fricciones entre sí y necesitan establecer alianzas estratégicas con bases sociales para obtener el voto que pueda legitimarlas.
Dicho esto, pasaba a hacer un análisis de cómo funcionan los partidos y movimientos políticos y el cómo las élites, a través de ellos, se han confrontado históricamente en nuestro actual sistema democrático, empezando por la confrontación por las tierras entre los herederos de la independencia a inicios de la república; luego la confrontación entre conservadores y los grupos liberales emergentes a inicios del siglo XIX  que se disputaban la mano de obra secuestrada por los terratenientes, ya que les era necesaria para emprender la industrialización y necesitaban además un impulso al comercio y la apertura a los mercados internacionales; esto los confrontaba con la visión conservadora serrana, basada principalmente en la tenencia de la tierra.
De ahí en adelante, las élites consolidadas política y económicamente siempre han visto con recelo la emergencia de nuevos sectores pudientes que desean legitimarse en la vida política nacional. Durante el Siglo XX, los importadores se convirtieron en una nueva élite que se confrontaba con los grupos económicos tradicionales surgidos desde el inicio de la república y los agroexportadores. Esta nueva élite emergente realizó diversos intentos para legitimarse políticamente; llegaron al poder con Abdala Bucaram, pero fueron descabezados, luego lo intentaron con Lucio Gutiérrez, también fueron descabezados; finalmente lo lograron con Rafael Correa.
Correa sintetiza la confrontación de las élites tradicionales, aupadas en partidos como el Social Cristiano, CREO y varios movimientos satélites de éstos, con las élites emergentes que se cobijan bajo su figura política de nuevo caudillo. Para estas élites, Correa no solo significó su legitimidad política, sino que tuvieron grandes réditos económicos en desmedro de las élites tradicionales, las que salieron duramente golpeadas en este periodo. La corrupción en el gobierno de Correa provocó que varios de los grupos que lo apoyaron empiecen a separarse y busquen una tercera opción, ya que en un nuevo proceso electoral no podían aliarse con las élites tradicionales qué buscaban regresar al poder. Esta tercera vía fue Yaku Pérez, y no necesariamente Pachacutik.
Analizado esto, aseguraba que votaría por Yaku Pérez y Pachacutik, a pesar que este movimiento había adsorbido algunas taras de los partidos tradicionales, como los caudillismos, la falta de alternancia y otras decisiones cuestionadas de sus liderazgos. Estando plenamente consciente de que asistía a una nueva confrontación de las élites y que necesitaban legitimarse con una alianza con el movimiento indígena, votar por Pachacutik significaba mi identificación con el movimiento indígena y usar el apoyo de las élites para lograr mayor representación política, como en efecto lo logró en la Asamblea Nacional.
El 6 de febrero, un día antes de la elección de primera vuelta, Fidel Egas, dueño del Banco Pichincha, publicó un tweet en el que dijo: “Habría que armar una gran coalición por la gobernabilidad, el ecologismo y la justicia social”. ¿Un banquero hablando de ecología y justicia social?
El grupo del Banco Pichincha no podía aliarse a las élites tradicionales de la alianza Social Cristiana y CREO, en donde está su competencia; tampoco podía aliarse con los seguidores de Correa agrupados en UNES; esto explica el tweet del 6 de febrero y explica como otros grupos económicos decidieron apoyar la propuesta de Pachacutik; esto también explica por qué vimos una serie de reuniones de Marlon Santi con empresarios de diversos grupos económicos que deseaban financiar la campaña de Pachacutik, y por qué pudimos también ver que no era gratuita la visita de Yaku Pérez a muchas consorcios empresariales, como SUMESA, durante la campaña electoral.
Yaku se quedó fuera de la segunda vuelta y vino la propuesta del voto nulo; una propuesta con la que se podría cuestionar el sistema de elecciones; lamentablemente se lo canalizó de manera personal y no política, pues se lo presentó como apoyo a un Yaku que alegaba fraude, y no como lo que podría haber sido: un veto al sistema en sí mismo.
La propuesta actual de Yaku es una vía nacida en este nuevo quiebre de las élites y que buscan legitimarse políticamente al margen de los dos sectores en confrontación UNES – CREO, con sus movimientos satélites alrededor; es una nueva apuesta para la consolidación de una nueva burguesía nacional, en la que la muerte de Juan Eljuri Antón, el pasado 10 de mayo del 2021, constituyó un duro golpe, pues en silencio, es uno de sus mentores.
La propuesta de construcción de una nueva élite nacional no es una propuesta nueva ni revolucionaria, está en el marco del sistema democrático liberal y se inscribe en el juego electoral futuro; y no es ni buena ni mala, simplemente es parte del esquema electoral de nuestra democracia liberal y sus fricciones.
Una tercera vía real habría que construirla de manera diferente, al margen del sistema electoral; hay que crearla, inventarla, proponerla sin taras del pasado, porque también es evidente que la vía armada es una propuesta obsoleta y que no genera necesariamente un país democrático equitativo y respetuoso de derechos; y sobre todo, construirla considerando que somos algo más que agua.
Por: Luis Ángel Saavedra, Escritor y analista en Geopolítica. Foto portada: Internet. Agosto 18 de 2021

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