El Kuarim Potø ¿índice de una cultura compartida? Parte II

II parte

Asegurar el futuro

Derechos territoriales

   La Comunidad guambiana constituye una auténtica joya cultural. Representarse a sí misma con símbolos antiguos que configuran un mundo mitopoético  que hace pensar en  un  universo creado por una imaginación libre y conservada por una memoria colectiva excepcional.

   El bienestar del que disfrutan por ahora los indígenas guambianos en su territorio, beneficiándose de su cultura, hablando su lengua, concertando con sus  autoridades, dando vida a  sus instituciones  es el resultado de tenaces luchas. Han debido enfrentarse a los terratenientes usurpadores de sus tierras, a grupos armados y también a la fuerza pública que intenta coartar sus anhelos.

   Hasta 1963 vivían en  tierras  usurpadas a  la  Comunidad, realizando  trabajos precarios de carácter feudal en calidad de terrateros, cumpliendo  trabajos  agrarios y cultivando para su beneficio una parte ínfima  de  terreno otorgada por el finquero lo que antes  había sido  propiedad comunal. El terratero no solo estaba obligado a entregar parte de la cosecha, recibiendo apenas lo necesario para la sobrevivencia familiar, sino que estaba obligado a prestar  servicios gratuitos en la casa del  dueño de la hacienda.

   Como estrategia para recuperar sus tierras, los terrateros aplicaron el “picado”, que consistía en la segregación de una parte de la propiedad de los hacendados, la que se dedicaba al pastoreo, para dedicarla  al cultivo de maíz  con que se alimentaba la Comunidad y se elaboraba la chicha de los rituales.

  La recuperación de la tierra por los wampik-misamera se da desde mediados de los años 70.  Poco a poco se fue tomando conciencia de su injusta  situación,  en las reuniones se discutían los conceptos adecuados para llevar adelante las reivindicaciones: tierra o territorio, campesino o indígena, comunidad o sindicato, cooperativa o cabildo. La conciencia política se aclaró cuando se autoestimaron a sí mismos como pueblo, con sus derechos conculcados durante siglos.

   Ya desde los años 60 los guambianos emprendieron en su propia organización, primero a través  del Sindicato del Oriente caucano y luego por medio de la Cooperativa Indígena La Delicias.  Agrupados en la Cooperativa logran comprar tierras de la hacienda San Fernando, en 1971 consiguen negociar una parte de la hacienda llamada  ‘El Chimán’,  nombre ancestral  del Cabildo de la Guambía actual. Paulatinamente se va esclareciendo el concepto de Mayaelø que significa territorio con autoridad propia. Poco después se funda  el ‘Cric‘ con resguardos y cabildos donde había ya autoridades indígenas del suroccidente de Colombia. Enfrentarse a los terratenientes y plantear las reivindicaciones no fue fácil, tuvieron que soportar violencia, agresiones, amenazas y asesinatos.

   Una vez asentados en las tierras de los finqueros, el Instituto de Reforma Agraria de Colombia (Incora), compra tierras a los terratenientes y se las entrega a los indígenas. Para el resguardo significó gran triunfo el rescate de la tierra del sector Santiago, considerado el Centro del Gran  Chimán.

  En las décadas de los 80 se elabora el Manifiesto  Guambian o  Derecho Mayor en el que se enuncian los acontecimientos históricos que llevaron a los  wampik-misakmera a ocupar la situación de pueblo o nacionalidad oprimido por un Estado ajeno.

   Los guambianos están unidos por lazos familiares y étnicos; la relación de estos factores y el entorno han definido la coherencia institucional que necesitan para asegurar sus derechos.

   Luego de largas gestiones se reconoce en la Asamblea Constituyente de Colombia (1991) el derecho al  territorio, al autogobierno y al plan de vida de los pueblos indígenas Sin embargo,  la actitud del Estado frente a los pueblos indígenas es siempre débil, recelosa y cargada de rezagos colonialistas. Tanto los indígenas del país, y los del Cauca especialmente, se ven acosados por las guerrillas que nunca han entendido la problemática del sometimiento al que fueron obligados los pueblos indígenas. En el mismo plano, la coacción permanente de los paramilitares no les ha dado tregua.

    Hoy, el territorio de los wanpik-misamera está amenazado por empresas privatizadoras del agua y mineras ávidas por explotar el oro. Agresiones directas se dieron  en 2012, pero el Cabildo comunal las frenó a raya.

   La Guambía  ha contado con líderes excepcionales como Floro Tunubalá que fue el primer gobernador indígena del Departamento de Cuaca, lo que le volvió un personaje conocido a nivel mundial. Floro, por cierto, no dejó de lado sus conocimientos milenarios sobre las plantas culturales y buscó alternativas para la siembra de “plantas ilícitas”.

   Otro líder reconocido es Lorenzo Muelas, constituyente indígena, que tampoco olvidó sus conocimientos ancestrales y se dedica a recuperar especies de papas que se ha considerado extinguidas.

    Liliana Pechené es una reconocida dirigente wampi, acompañó al presidente Santos a Estocolmo, como personalidad relevante en los acuerdos de conciliación, cuando el mandatario recibió el Premio Nobel de la Paz.  Liliana tiene claro el proceso histórico que atraviesa su pueblo y está consciente  de que los pueblos indígenas necesitan solucionar muchos conflictos de diferente orden. Recuera que  Simón Bolívar, el Libertador, no comprendió  la situación de las nacionalidades indígenas, cuyos derechos no son atavismos colectivos, sino reivindicaciones de pueblos milenarios.

   Hoy entre los wampik-misamera no solo hay líderes políticos destacados, también hay profesionales, artistas, técnicos, comunicadores sociales, profesores,  investigadores científicos.

   En 1917, en pleno período de posconflicto, los indígenas vuelven a salir  a la Carretera Panamericana para protestar por el incumplimiento  de la Ministra de Educación y se declaran en emergencia educativa. Muchos niños de las comunidades  están impedidos de reiniciar el calendario académico.

Instituciones propias

   Los guambianos han contado con la asistencia de algunas organizaciones extranjeras sujetándose a los pedidos y tradiciones del pueblo wanpik-misamera, cuya economía es fruto de una construcción colectiva compartida y orientada hacia la autosostenibilidad, la autodependencia  y la autonomía.

    A través de algunas instituciones se han ido  renovando esferas de trabajo con nuevas tecnologías y métodos, con el fin de impulsar la producción. En esto se reflejan el espíritu de iniciativa y la capacidad de trabajar en nuevas formas de desarrollo. Los principales logros hasta ahora han sido: en 1960, ubicado en el resguardo indígena de Guambía se fundó el Instituto de Agronomía para impulsar una experiencia de colectividad y conocimiento en el campo de la agricultura y ganadería. Los trabajos agropecuarios en el resguardo, se hacen difíciles, hay impedimentos para la utilización de maquinaria  ya que  el terreno de que se dispone es muy quebrado  y poco propicio para la producción a escala industrial, lo que determina que se deba utilizar herramientas manuales, lo que frena las tareas. Sin embargo, se ha emprendido el mejoramiento del suelo y se van introduciendo paulatinamente implementos y equipos agrícolas modernos.

   Datos disponibles permiten destacar avances importantes de este centro de estudios.  La  Educación agropecuaria se imparte primero en la escuela y el colegio, donde los estudiantes aprenden a manejar correctamente la flora y la fauna; al currículo se han  incorporado amplias de las actividades vitales para la comunidad.

  En el Instituto de Agronomía se estudian también  lingüística y música. Con el correr del tiempo muchos estudiantes indígenas se han convertido en profesores y autoridades del colegio. Hoy día se cuenta con un proyecto de piscicultura, gestionado por Cruz Tunubalá y hecho realidad por el cabildo contando con la autoridad nacional de Acuicultura y Pesca, que se ha comprometido a brindar la transferencia tecnológica que garantice la sostenibilidad de este proyecto productivo.  El Plan de la Trucha Arcoíris  permite no solo enriquecer la dieta alimenticia de los estudiantes, sino que crea alternativas económicas a favor de la comunidad. Los síntomas de mejora de vida son evidentes.

Otro establecimiento innovador es el Hospital Mama Dominga, que funciona en el territorio guambiano desde los años 80. Está dedicado a resguardar la tradición cultural en el campo del diagnóstico de la enfermedad y la cura,  y se propone mantener los  conocimientos  ancestrales y aplicarlos en la salubridad de la población. Se trata de un esfuerzo social y político para cuidar la salud del pueblo, a la vea que se ejerce la  autonomía. Aquí la cultura se liga con la actividad médica y los conocimientos de los comuneros garantizan el nexo entre aspectos físicos y psicológicos del paciente. Es importante anotar que en el hospital no se han cerrado las puertas a la medicina occidental, pues se considera que los aportes de esta  son beneficiosas para la salud y la vida de todos.

   El hospital funciona en tres sitios: el principal está en Delicias, dentro del territorio comunal; da servicio de hospitalización, pediatría y odontología. Cuenta con una subsede en la zona urbana de Piendamó (municipio de Silvia) y un centro dedicado a la medicina tradicional en la vereda de Sierra Morena dentro del territorio guambiano; aquí se diagnostica a partir de los propios conocimientos tradicionales y se cura con sus plantas. Las autoridades indígenas se encargaron de capacitar al personal; sin embargo, no están excluidos los médicos de cultura occidental, más aún la Universidad del Cauca presta ayuda y capacitación a  pasantes y a  los “médicos tradicionales”.

   Para apoyar las prácticas medicinales se ha organizado un Jardín Botánico que permite profundizar los conocimientos de las plantas curativas tradicionales. La Universidad guambiana funciona en territorio comunal. Se encuentra en  la  vereda de Santiago, en el valle que forma el río Piendamó. Llama la atención el diseño arquitectónico de la construcción que replica la forma espiral.

  La reflexión sobre los problemas más acuciantes de pervivencia del pueblo wampik- misamera es el objetivo central de la Universidad de la Guambía. Ahí  se analiza el pensamiento social y cultural, hay charlas sobre cómo planear y manejar la organización territorial, cómo ejercer y defender los derechos del pueblo, cómo avanzar en la reconstrucción económica y social.

   Se pretende abarcar ámbitos de conocimiento y dar posibilidades de formación especializada no solo a los indígenas del resguardo, sino a las personas que quieran estudiar la especificidad de la sociedad guambiana. Es una formación que busca la sustentabilidad del suelo, el manejo apropiado de la diversidad natural. Entre los guambianos ha surgido la cuestión de la posibilidad de aclarar su proceso histórico condicionado por factores internos y externos y configurar su situación histórica alternativa a la historia oficial. Estas ideas surgen de situaciones reales, de sus actividades pero también de la relación  con académicos de universidades públicas de  Popayán.

 La Casa  del Taita Payán, situada en la cima de una colina, marca la hora solar,  alberga testimonios arqueológicos, etnológicos y lingüísticos y reúne a los comuneros en asambleas y debates para ejercer la justicia indígena.

 La comunidad cuenta con una biblioteca, ubicada en el Colegio las Delicias, cuya función principal es facilitar la enseñanza  de la escritura en lengua guambiana. Dentro de la creación verbal se consideran las leyendas, cuentos,  coplas,  rimas,  descripciones  de los paisajes,  textos onomatopéyicos.  Además los niños aprenden a jugar ajedrez.

Justicia Indígena

    Los derechos y el  control comunal son inmemoriales, el juzgamiento del comportamiento colectivo tiene aún mucha fuerza. Las propias autoridades ejercen el juzgamiento del que trasgrede las normas establecidas. Cualquier comunero es conocido por toda la colectividad desde que nace, y esto determina que el juicio sea más pegado a la verdad de los hechos. Cómo se dijo, en la Casa Payán, se efectúan las Asambleas cuando se trata de juzgar y castigar. Se aplican las normas establecidas autonómicamente. Hay mecanismos de coordinación y cooperación entre los dos sistemas jurídicos (el guambiano y el del estado colombiano).

La música 

    Se  despliega en varios espacios. Se trata de una música fundamentalmente pentafónica, de gran belleza. Entre los comuneros es motivo de orgullo que aún se interpreten melodías ancestrales; se las ejecuta especialmente con tambores y flautas. A estos se incorporan el charango, la guitarra, el redoblante y triangulo. Gregorio Yalanda de la Guambía,  licenciado en música por la Universidad del Cauca, opina que la flauta primera cumple el rol  melódico, mientras que la flauta segunda cumple el armónico, el sonido del tambor da el ritmo  actual.  La música en la comunidad, por supuesto, no ha permanecido invariable, acepta muchas influencias de músicas distintas sobre todo del trópico colombiano. Con alguna frecuencia se dan charlas sobre la música propia en la Casa del Taita Payán.

La danza

 La danza es un lenguaje cultural rico y variado entre los guambianos,  guarda creencias míticas pero también prácticas profanas, acompaña a los rituales y a las fiestas. Cómo dice el músico indígena Gregorio Yalanda, está estrechamente ligada a los ciclos de la vida y es una tradición persistente y vital. Se practica en las celebraciones especiales como la Navidad; aquí el tema del Niño es más que otra cosa el motivo de la concepción; se escuchan melodías alegres, lo cristiano se entrelaza con lo misak-mera.

  Hay una danza especial para celebrar el  paso de un status a otro de las niñas,  responde al modelo de los ritos de iniciación, es el tiempo en que se transforman en mujeres y pueden casarse. Se  las separa de la comunidad temporalmente en su primer periodo menstrual. Deben  permanecer en una casa especial por varios días; cuando han cumplido el tiempo establecido regresan a la comunidad que celebra con alegría su ingreso a la sociedad.

   Se danza asimismo para celebrar el matrimonio. Primero, se  aconseja a la pareja, y luego se exige una prueba de resistencia física y atención constante para mantener una vela encendida durante el ritual, claramente se identifica  lo nupcial con el fuego.

   Otra danza se realiza en la muerte de una persona. Se conmemora a los difuntos a los cuales se vincula la idea de su retorno temporal a la tierra.

Emisoras Radiales

   En el resguardo wampik-misamera se transmiten por la radio variados mensajes, algunos tienen que ver con la cultura ancestral y en ellos se utiliza la lengua propia, pero también se lo hace en español y se toman temas de otras culturas. Bárbara Muelas es la coordinadora de Guambi-estéreo que llega a unos 17 mil guambianos del municipio de Silvia. Sus emisiones tienen lugar cada martes de 6 a 9, en el programa llamado  Radiorevista.

    A más de esta radiodifusora, en la Vereda de Agua Blanca, en el propio territorio guambiano, hay otra emisora comunitaria, la  Namui Wam. Sus mensajes tratan de los problemas  de  la  comunidad,  hay noticieros, música, datos sobre historia, ciencias y la realidad actual. Desde la radio se promueve el trueque entre los campesinos.

El himno guambiano

 No es un himno propiamente dicho, es más bien una celebración  de la vida  y la naturaleza con hermosos acordes.  Ha sido recopilado por el tayta José Muelas y la letra, en lengua misak-mera, es de Bárbara Muelas. La  cantante que lo interpreta es  Nancy Tumiñá, musicóloga de carrera por el Conservatorio de Popayán y su voz es en extremo, educada. El himno conserva para la colectividad la memoria de los actos, situaciones y emociones vividos y conocidos por todos.

Conclusiones

– Los guambianos conservan una comprensión profunda de la mitopoética   ancestral.

– Importantes códigos y signos culturales se han conservado y transmitido como experiencia e información acumulada por siglos.

– La cultura misak-mera  ha alcanzado una totalidad socio histórica: incluye todas las bases esenciales del conocimiento.

– Símbolos  mnemotécnicos como rocas, lugares especiales y astros juegan un papel importante en la conservación y prácticas culturales. El vínculo con el ritual y la sacralización de la memoria son evidentes.

– Se trata de conservar conscientemente los símbolos culturales y  las normas prescritas en la colectividad, al mismo tiempo hay un esfuerzo  por dialogar con otras culturas.

– El análisis de la cultura  wapimisak-mera  puede dar luces para entender el pasado de las culturas indígenas que existen en el territorio del actual Ecuador. También puede analizarse como ejemplo de interculturalidad, continuidad  cultural y matrices  epistémicas.

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Escrito por: Ileana Almeida. Filóloga. Foto portada: Historiacultural.com. Septiembre 16 de 2021

Bibliografía digital                 

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 Bibliografía impresa

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Almeida Ileana y Haidar Julieta, 2012 Semiótica de la cultura Quechua. Modelo mitopoético y lógica de lo concreto. Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito

Burgos Guevara Hugo, 2003,  La identidad del Pueblo Cañar, Abya Yala, Quito

Crespo Dávila, 2017, Luis Antonio. El Museo de sitio de Tulipe. Maestría en Estudios de la Cuestión. Tesis de grado en Maestría, tutor: Jorge Gómez Rendón, Universidad Andina, Quito

Lotman Yuri, 1996, La Semiofera,  Algunas ideas sobre la tipología de las culturas, Fronesis, Cátedra Universitat de Valencia

Nikolai Spirkin, 1965,  El origen de la conciencia humana, Editoriales Platina, Stilcograf, Buenos Aires

Oberem Udo, 1982, Los caranquis en la Sierra Norte del Ecuador y su incorporación al Tahuantinsuyo. Instituto Otavaleño de Antropología, Otavalo, Ecuador

Vasco Uribe Luis Guillermo, 2002, Lucha e Investigación en Guambía. La lucha guambiana por la recuperación de la memoria. Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Bogotá

Fotos: Arquivo de la Fundación Pueblo Indio

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