Dos temas fundamentales se han omitido en los diálogos entre las organizaciones indígenas y el gobierno: la presencia de las comunidades indígenas en el país y el carácter del Estado Plurinacional Ecuatoriano.

Las comunidades ancestrales en Ecuador, Perú  y Bolivia son formas propias y peculiares de organización social de un amplio sector de la población andina y responden a un tradicional patrón de establecimiento, diferenciado dentro del conjunto de instituciones de las sociedades en las que están insertas (Matos Mar).

En el Ecuador se calcula que puede haber todavía cerca de 10.000 comunidades indígenas. Son estas formas de organización relegadas a las zonas agrícolas más precarias, las que  juegan un papel  importante en la economía del país y promueven la identidad histórica de los pueblos originarios. El interés político limitado determina que el gobierno, pero también los líderes indígenas, no las tomen en cuenta, a pesar de que la falta de salubridad, educación, tierra, servicios básicos, energía, luz, combustibles, vías de acceso, medios de comunicación alcancen aquí el grado más crítico en las estadísticas oficiales y de las ONGs. 

Como tipo histórico nacional, se trata del núcleo de las nacionalidades. La comunidad tiene su gobierno y controla su espacio físico, tiene un orden socioeconómico interno fundado en el parentesco y reciprocidad. 

A otro nivel, se olvida que el carácter Plurinacional del Estado ecuatoriano reza en la Constitución de 2008,  pero a más de la declaración nada se ha hecho para superar la injusta relación social y política entre el Estado y las nacionalidades ancestrales. Una de las ideas originales de la lucha de los pueblos es la igualdad de todos los ecuatorianos por encima de sus lenguas, culturas y entornos territoriales, es decir, una coexistencia pacífica entre nacionalidades y ciudadanía. No debe ser, que las personas de las nacionalidades oprimidas, precisamente por sus rasgos históricos de colectividades históricas, sean las más maltratadas.

El Estado Plurinacional fue impulsado por los indígenas como una forma adecuada a la población ecuatoriana, diversa pero no antagónica; como un proyecto de identidad y prosperidad, evitando que la aculturación convierta a las ricas culturas de  larga trayectoria en “folklore” barato, que la desidia termine con la riqueza lingüística del país y que no se reivindiquen sus ubicaciones territoriales. Los pueblos ancestrales deben tener su propia institucionalidad con la que puedan manejar sus asuntos e intereses, por ejemplo, una autónoma Educación Intercultural Bilingüe que defienda la lengua dentro de una educación propia, que la adecúe para los medios de comunicación, la administración de justicia, las leyes, la ciencia, la tecnología y el arte. 

En definitiva, la lucha indígena, debe tender a alcanzar espacios autonómicos para afirmar su identidad, sin la cual no puede integrarse el Estado Plurinacional.

Por: Ileana Almeida. Filóloga. Foto portada: Portal Ministerio de Agricultura. Octubre 24 de 2021

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