1535: Francisco Pizarro, el conquistador, llegó al territorio incaico con su sed de oro. Atahualpa, el Inca, para salvar su vida ofreció llenar un cuarto con piezas del metal amarillo sin combatir a los invasores.

Rumiñahui, el guerrillero, se indignó con la actitud de su hermano y decidió pelear. Antes dijo: “Los extraños que han llegado no son ningunos Viracochas, son simples mortales y ladrones. Nos vienen a ofender.

Se viene la sombra de la esclavitud. Si no luchamos hemos de hundirnos en el duelo y la miseria”.

Pero su insistencia de combatir a los extranjeros en Cajamarca fue en vano, entonces decidió marcharse hacia Quito donde se nombró Scyri y organizó la lucha. Hace dos años cuando el aventurero Pedro de Alvarado, conquistador de Guatemala, quiso llegar a Quito, tuvo que soportar las guerrillas de los rebeldes. Atraído por las riquezas del Cuzco, llegó Alvarado a la costa de Manabí con siete embarcaciones, muchos caballos, soldados, cientos de indígenas guatemaltecos sometidos y algunos esclavos negros.

La marcha desde los pantanos tropicales hacia las nevadas montañas, fue una derrota. En el camino se perdieron, abandonados por los guías; los indígenas de Guatemala y los esclavos negros –desconocidos del frío-, murieron congelados; y al fin, Rumiñahui los echó a correr. Y caminó una voz por los caminos: “nadie vence al señor de Quito”. Benalcázar que había fundado Guayaquil fue el encargado de marchar con su ejército en busca del líder indígena. Antes envía un mensajero con una cruz y la oferta de amistad. Los rebeldes devolverán su cadáver.

En Cajamarca habían visto un símbolo de madera igual, en las manos de un tenebroso fraile que secundaba a Pizarro. Después Rumiñahui se prepara para recibir a Benalcázar.

Reúne a su gente y le dice “Es preferible morir que aceptar la esclavitud de estos hombres que robarán tesoros, mujeres y tierras”. Al hablar, un volcán parece salirle desde adentro, arde su voz, sonríe su corazón y vibran sus guerreros.

Benalcázar consigue una alianza con los cañaris para combatir a los rebeldes… el jefe indígena se adelanta y le sale al encuentro en las llanuras de Tiocajas. El lugar, favorable para el andar de los caballos españoles, no impide que los rebeldes anulen el poder del enemigo. Cada vez que matan un caballo le cortan la cabeza para mostrar que no son inmortales. La batalla va desde el mediodía hasta que la noche oscura obliga a suspenderla… y continúa al día siguiente con la salida del sol. Las llanuras de Tiocajas estaban llenas de trampas para que los europeos y sus potros quedaran ensartados… un traidor avisó a Benalcázar el lugar y mostró un camino seguro para retirarse a Riobamba. Rumiñahui no desanimó y decidió atacar la ciudad…

En la hora del ataque el volcán Tungurahua entró en erupción. Muchos indígenas, aterrados, creyendo que se trataba de un mal augurio, huyeron bajo la lluvia ardiente.

Los españoles no se cansaron de matar gente que corría indefensa.

Rumiñahui se retiró con sus soldados más fieles hacia Ambato.

Luego se fue a Quito, envió a lugar seguro a los más débiles y escondió los tesoros de Atahualpa… Al acercarse los invasores obstruyó los canales que abastecían de agua a la ciudad y les prendió fuego antes de retirarse…

La cordillera fue su último refugio. Hasta allí marchó Benalcázar a buscarlo.

Tras la resistencia logró prenderlo. Y vino la tortura…

“¿Dónde están los tesoros de Atahualpa?”, preguntan los invasores. “En un rincón de la montaña”, responde el jefe indígena y los envía a un lugar donde nada hay…

Así será durante algunos días… Las pistas falsas sirven para reposar un poco, antes del nuevo tormento… Los españoles se cansan de la burla.

Al ver que no obtienen la palabra su ira se desenfrena y Benalcázar determina la justicia: muerte en la hoguera…

El fuego no muere la memoria… la aviva, la hace caminar por el viento de los años… la renace en las rebeliones que vendrán.

Tomado de: Rebeliones indígenas y negras en América Latina, Kintto Lucas. 1992. Foto portada: Internet. Noviembre 23 de 2021

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