1578: La selva que durante miles de años protegió a los indios Quijos ha sido violada por los hombres de la espada y la cruz.

Los sagrados árboles del monte comienzan a caer y los pájaros no cantan su voz alegre…

El culto de los indígenas quiere ser substituido por la religión de un Dios distante y otro hablar… Pero los Quijos mantienen sus ritos escondidos en la floresta y sus sacerdotes siguen siendo sabios profetas de lo que vendrá, porque todo los ven conversando con los Supay.

Jumandi el gran cacique no acepta someterse a los conquistadores que quieren usurpar su mundo. Solo piensa en destruirlos… Antes consulta a los supremos sacerdotes Guami y Beto.

Ellos hablan con los dioses y el gran volcán Sumaco es testigo del hablar. Días después todos los caciques se reúnen para escucharlos. Guami dice haber bajado a las entrañas del Sumaco para ver a Sabela, la diosa del infierno: “cinco días viví con ella y me ordenó que termináramos con los europeos porque ellos cortaron nuestra libertad”. Beto dice haber hablado con el gran Supay selva adentro: “me dijo que el Dios de los cristianos está con mucha ira de los españoles y quiere que los ataquemos”. Luego de escucharlos, entre dosis de yuco bravo preparan la conspiración. La furia de los espíritus se contagia y las lanzas guerreras se levantan. Jumandi secundado por Guami, dirige la arremetida contra la población española de Avila que cae en pocas horas. Beto comanda el ataque sobre el poblado de Archidona, que -prevenido- logra resistir por más tiempo, aunque igualmente es abatido. Tras la victoria Jumandi es nombrado por el pueblo Quijo como Jatun-Apu, encargado de conducirlo hacia la libertad. Las próximas ciudades a ser atacadas son Baeza primero y Quito después.

Jumandi habla antes con su gente: “La expulsión del invasor debe ser total. Nuestro sufrimiento es el mismo que el de nuestros hermanos de las montañas. La libertad de los Quijos comienza en la libertad de todos. Y que los Supay nos guíen”. Los chasquis llevan el mensaje a los indígenas de las tierras altas para que se sumen al levantamiento… Eso no ocurre, y una gran expedición militar sale de Quito para defender Baeza del ataque de los Quijos… Al frente del ejército español están los traidores Francisco Atahualpa y Jerónimo Puento junto a cientos de indígenas admiradores de sus dueños… El ataque a Baeza es sofocado y el alzamiento derrotado.

Jumandi, Guami y Beto son llevados a Quito para recibir la justicia española: primero los pasean por las calles atados a un carro, los torturan con fierros candentes y finalmente los ahorcan.

Sus cuerpos descuartizados son exhibidos en la plaza principal y sus cráneos permanecen allí por muchos años, “para que bien los miren” según dicen…

Pero el último grito del cacique rebelde retumbó iluminando distintos rincones de la geografía, y nuevas rebeliones surgieron: en 1760 San Miguel de Molleambro; 1764 Riobamba; 1768 Cualaceo; 1777 Cotacachi; 1778 Guano, Otavalo y Cayambe; 1781 Alausí… Hoy la Amazonía ecuatoriana está dividida entre las grandes empresas petroleras, madereras, agrícolas o mineras.

Se han contaminado ríos, exterminado especies animales y vegetales, y varios grupos indígenas están a punto de extinguirse… Pero son los Huaoranis quienes corren más riesgo, por eso están en guerra… defendiendo la selva que hace latir sus corazones… y los hace respirar. En junio de 1990, de la Amazonía al Cotopaxi, del Cotopaxi al mar, los indígenas del Ecuador volvieron a sonreír cuando todas las nacionalidades unidas realizaron su mayor levantamiento en años…

Ocuparon carreteras, entraron en latifundios, detuvieron soldados, no sacaron productos al mercado, tomaron oficinas públicas, realizaron movilizaciones y concentraciones.

El ejército salió a la calle, hubo algunos enfrentamientos, penetró en las comunidades, golpeó y baleó defendiendo a “los de mucha tierra”. Cuatro indígenas muertos, varios heridos y decenas de presos…

Luego de tres días el gobierno aceptó dialogar… Y en mayo de 1992 los rebeldes volvieron a caminar desde la Amazonía… de Pastaza a pie se llegaron a la capital… Tal vez el espíritu de Jumandi había decidido salir de las entrañas del Sumaco para marchar la vida junto a sus hijos…

Tomado de: Rebeliones indígenas y negras en América Latina, Kintto Lucas. 1992. Foto portada: Internet. Noviembre 23 de 2021

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