Nietzsche y las vacunas

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Durante mis años universitarios fui cautivado por la filosofía. Aunque entonces era una materia de relleno en mi carrera, tuvo el poder de plantearnos -a mí y a otros- preguntas que nos acompañaron largo tiempo y terminaron dejando en nosotros inquietudes.

No es extraño que Friedrich Nietzsche fuera el filósofo que nos sedujo. A muchos nos sucedió lo mismo. Nietzsche fue el primer existencialista de la modernidad en cuanto se preocupó de la libertad individual y la responsabilidad social,  de las emociones, del análisis de la condición humana, así como el significado de la vida…. Marcó la división más radical en la historia de la filosofía. El enunciado más breve de su pensamiento y con el cual cerró el debate de siglos del “Ser o No ser” fue: “No hay hechos, sino interpretaciones”. Sé que, con toda razón, alguien puede decir que es una interpretación reduccionista y hasta arbitraria de Nietzsche.  Sin embargo es la frase más difundida entre los neófitos.

Años después, el teatro, me llevó al Palacio de Justicia a recorrer expedientes de hechos violentos en la ciudad, buscando conocer cómo funcionaba la mente de las personas que atravesaron situaciones límite. Así asistí a una que otra Audiencia de Estrado y, para mi sorpresa, volví a encontrarme con la filosofía. Descubrí que el enunciado Nietzscheano “no hay hechos sino interpretaciones” no solo pertenecía al mundo clásico, sino también al ámbito del derecho. Pero mientras en el primero tenía un carácter de especulación teórica, en la justicia tenía la forma de un hecho práctico que se ajustaba al pie de la letra al aforismo nietzscheano. Escuchando los largos debates de los abogados, comprobaba que un mismo hecho podía ser visto de manera radicalmente opuesta por las partes en conflicto. Así la realidad se diluía entre dos interpretaciones del mismo hecho.

Terminaba pues el siglo XX convencido que en los tribunales reinaba Nietzsche. El mundo de la comunicación en cambio era otra cosa. Leer los Diarios era un placer. Nos ilustraban y nos brindaban información confiable, respaldada en una generación de periodistas que, para muchos de nosotros, fueron nuestra mejor guía. Esos Medios si nos mostraban la realidad.

Cerca de 1980, todo comenzó a cambiar. Sin embargo, y para mi sorpresa, Nietzsche empezó a cobrar mayor vigencia.

El poder económico estudió la enorme influencia que los medios habían adquirido para modelar las sociedades y decidió invadir el inmaculado mundo del periodismo. Guiados por el visionario Robert Edward Turner III comenzaron a fundarse enormes corporaciones mediáticas que se apoderaban de frecuencias, compraban periodistas y medios independientes, creaban estrellas y monopolizaban la palabra. Dueño ya de un discurso hegemónico más poderoso que la quinta flota, y guiado por el principio nietzscheano, el poder emprendía la “babelización” del mundo.

Los noticieros comenzaron a ser verdaderas audiencias de estrados, en cuyos espacios los hechos de la realidad eran interpretados (distorsionados sería el término correcto) a conveniencia; en los que el poder era presentado como “la víctima” y quienes (con ideas distributivas o igualitarias) se atrevían a cuestionarlo eran presentados como “los reos”; en tanto que “el juez/periodista” cumplía el doble papel de abogado defensor del poder y fiscal acusador de los reos distributistas. Se creaba así una lamentable falsa realidad,  pero al mismo tiempo el periodismo descubría que ahora poseía un nuevo producto para negociar con el poder económico: Que interpretación de la realidad se le vendía al público.

Hoy, al prestar atención a las pantallas o a los micrófonos, advertimos que hay entre medios una competencia sin cuartel para ver quién es el mejor “pintando mundos por encargo”. Y a veces uno descubre profesionales que son verdaderos «artistas» para la tarea.

Como decíamos, esa comunicación (ya no inmaculada, ahora manchada por los intereses del poder económico) se encargaría de universalizar a Nietzsche, de hacer un mundo nietzscheano… negando la realidad o sustituyéndola por una conveniente interpretación.

Por: Raúl Pintos. Artista y docente. Foto portada: Internet. Enero 03 de 2021

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