Mujeres que sostienen la memoria y el territorio: luchas históricas de las mujeres de los pueblos del Ecuador
Desde la Colonia hasta la actualidad, mujeres indígenas, afroecuatorianas, campesinas y amazónicas han defendido la vida, la cultura y el territorio, aunque muchas veces su historia no aparece en los libros.
Por: José Atupaña Guanolema
En el Ecuador, cuando hablamos de la lucha de las mujeres de los pueblos, con justicia recordamos a Dolores Cacuango y a Tránsito Amaguaña, lideresas inmensas que sembraron dignidad en la historia. Pero junto a ellas, y muchas veces en silencio, han caminado otras mujeres indígenas, campesinas, afroecuatorianas, huancavilcas y montubias que también han defendido la vida, el territorio y la memoria de sus pueblos. Mujeres que no siempre aparecen en los libros, pero que viven en la memoria de las comunidades.
El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, nace precisamente de esas luchas. A inicios del siglo XX, mujeres trabajadoras de fábricas y talleres en América del Norte y Europa levantaron su voz para exigir derechos: el derecho al voto, condiciones dignas de trabajo y la igualdad ante la sociedad. Décadas más tarde, en 1975, las Naciones Unidas reconocieron esta fecha como un día para recordar esas luchas y continuar ese camino.
Hoy habitamos un territorio llamado Ecuador, diverso y profundamente plural. Aquí conviven nacionalidades y pueblos cuyas culturas están íntimamente ligadas a la tierra. Para estas culturas, la tierra no es mercancía ni propiedad: es un espacio sagrado, vivo, un territorio de identidad colectiva. Es la Pachamama.
En esa relación profunda con la vida, las mujeres han sido históricamente guardianas del territorio. Son quienes cuidan las semillas, quienes transmiten la lengua, la memoria y el conocimiento de los abuelos y las abuelas. Son protectoras de la biodiversidad y garantes de la continuidad de la cultura, de la comunidad y de la vida misma.
Pero la historia estaría incompleta si no pronunciamos algunos de sus nombres.
En tiempos coloniales, Martina Carrillo, mujer afro del Valle del Chota, caminó hasta Quito en 1777 para denunciar ante la Audiencia los castigos y abusos que sufrían los trabajadores de las haciendas. Poco después, Lorenza Abimañay, del pueblo Puruhá, encabezó en 1803 la sublevación de Guamote y Columbe contra los abusos coloniales y el cobro del diezmo.
En el siglo XIX, Manuela León, mujer de la nación Puruhá, lideró entre 1871 y 1872 la rebelión indígena de Yaruquíes contra el sistema de hacienda. Fue fusilada, pero su nombre quedó sembrado en la memoria de los pueblos.
En el Guayaquil colonial también aparece la figura de María Chiquinquirá Díaz, quien tuvo la valentía de acudir a la justicia para reclamar su libertad y la de su hija, demostrando que la dignidad no podía ser esclavizada.
Ya en el siglo XX, en medio de las luchas obreras y campesinas, mujeres como Rosa Uquillas y Lidia Herrera participaron en las jornadas históricas del 15 de noviembre de 1922, levantando la voz por la justicia social y los derechos laborales.
En el campo de la cultura y la palabra, mujeres afroecuatorianas como Petita Palma y Luz Argentina Chiriboga utilizaron la poesía y la literatura para denunciar el racismo y reivindicar la memoria de sus pueblos. En las comunidades indígenas, mujeres como Jesusa Criollo participaron en las luchas campesinas por la tierra, mientras Rosa Lema abrió camino como una de las primeras maestras indígenas, impulsando la educación comunitaria y bilingüe.
Y hoy, en nuestros días, nuevas generaciones continúan esa lucha. En la Amazonía, lideresas como Nemonte Nenquimo, Josefina Tunki, Alicia Salazar y Gladys Ledesma defienden los territorios, la selva y la vida frente a las amenazas que buscan convertir la naturaleza en mercancía.
Sus luchas nos recuerdan que el territorio no es solamente tierra: es historia, es cuerpo, es memoria y es futuro.
Por eso, al conmemorar este día, no solo recordamos nombres. Recordamos caminos abiertos, resistencias tejidas en silencio, y voces que no se rindieron. Recordamos a las mujeres que han sostenido la historia desde la comunidad, desde la palabra, desde el trabajo cotidiano y desde la lucha colectiva.
Que esta memoria nos invite a preguntarnos cuánto estamos haciendo hoy por reconocer su aporte, por promover su participación y por valorar su sabiduría, su firmeza y su ternura.
Porque allí donde una mujer cuida la tierra, siembra una semilla o levanta su voz por la justicia, allí también florece la esperanza de los pueblos.
Muchas gracias. Yupaychani. Yuminsajme. Saramajoe. Tsaapru. Ye’je. Thank you.
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