Sin lugar a dudas la década del noventa fue un periodo complicado en la historia del país, de los momentos más críticos para la sociedad ecuatoriana, el punto más álgido, a no dudarlo, fue cuando se dio la dolarización. Las medidas neoliberales a lo largo de la década fueron perjudiciales, especialmente para las clases subalternas, indígenas, afros, mujeres. El nivel de pobreza, el analfabetismo, el desempleo, a lo largo de la década, aumentaron considerablemente.
En ese contexto re-aparece, en la escena política, un sujeto central en la vida del país, el movimiento indígena. Hoy como hace treinta y dos [32] años atrás, las demandas siguen siendo casi las mismas, pues el modelo neoliberal no ha cesado de asediar a las clases subalternas en el campo y la ciudad.
Ayer como hoy se recurre al mismo dispositivo, el racismo, que en estos días se exacerba de forma constante desde los medios de comunicación tradicional. Con la virtualidad, donde todos creen ser periodistas, el racismo se ha llevado al límite, pues desde las redes se disparan dardos raciales a cada momento, se continúa condenando al indígena como el “otro”, como el in-civilizado. Bien dice Nelson Reascos cuando distingue un racismo blando y un racismo duro, en estos días estamos siendo presas de un racismo duro, donde se condena cualquier acción política del movimiento indígena, de los indígenas en su conjunto. El indio es bueno cuando baila, cuando teje, cuando canta, pero es malo cuando ha decido actuar en política, cuando ha decidido tomar las riendas de su vida y ser un sujeto político.
En estos días se ha juntado el baile, la política, la risa, las lágrimas para mostrar nuevamente la indignación frente al gobierno de Guillermo Lasso y sus políticas neoliberales. Aparece el sentido sagrado de la protesta para cuestionar al poder, para cuestionar a los zapatos rojos, que poco a poco se han ido convirtiendo en botas rojas, en botas manchadas de rojo carmesí.
Ayer como hoy la historia es un campo de batalla, un campo donde la derecha se ha desplegado por todas partes: desde la cultura (donde están escritores, cineastas, teatreros, libreros) hasta políticos, que tienen sus think thanks para pensar estrategias conservadoras; en resumen, una intelectualidad secreta y abiertamente de derecha. Unos intelectuales orgánicos que en estos días se han mostrado tal y como son.
En este momento es cuando se debe redimir el pasado, redimir a la izquierda, así como hace 32 años atrás, cuando en junio de 1990 se festejó el inti Raymi, politizando la fiesta y festejando la política, caso contrario no estaremos a la altura de la historia.
Por: Patricio Pilca. Académico, sociólogo. Foto portada: Internet. Julio 6 de 2022.