Por: Kitu Samay Wasi
Centro de investigación educativa
Foto portada: Kitu Samay Wasi
Marzo 28 de 2021
Kitu Samay Wasi rinde homenaje a uno de los luchadores de la Comuna Llano Grande y comunica a sus seguidores que próximamente se realizarán programas especiales para conocer y recordar el detalle la historia de este gran líder, su familia nuclear, y su trabajo en su comunidad.
Un saludo fraternal a su madre «Tía María» Muzo, a su padre el «Tío Arpero», Pedro Tasiguano (+) a sus Hermanos Enrique Tasiguano y Mercedes Tasiguano Muzo, a todas sus familiares descendientes de sus Ayllus.
Por ahora, este sentido prólogo.
Apenas caía la tarde de un domingo 28 de marzo de 1971, Raúl Ángel Tasiguano Muzo, estaba cumpliendo sus responsabilidades en una minga comunitaria. En su casa, su cuñada y hermano estaban haciendo su comida preferida para compartir apenas llegue, pero ya caía la noche y no llegó. Apresurado y con el presentimiento (sabiduría de los pueblos) en el pecho subió su hermano Enrique y cuñada a “darle encuentro”, en el camino ya oscurecido por las copas de las guabas y la noche bajaban unas tías y tíos mayores, lloraban con esos lloros que son cantados y que cuentan las virtudes de los finados. Su hermano les pregunta los motivos de su llanto y casi sin avanzar a hablar le cuentan que a su hermano, el “Raulito” como le decían, le habían quitado la vida, unos “mishos” de Calderón, mientras le insultaban por su insurgencia, por su rebeldía y por no callar ante la injusticia.
Hoy a esta hora está por cumplirse 50 años de un hecho salvaje el :asesinato de un nativo de la Comuna Llano Grande: un joven dirigente, agrónomo de profesión, activo miembro de la comunidad y encargado de los asuntos comunitarios en varios temas tuvo las habilidades para lograr la cohesión social y juntar a los comuneros en la defensa de la identidad, su cultura, a romper las cadenas del analfabetismo, fue parte de proyectos de desarrollo comunitario en su comuna y otras comunas como el ahora conocido Barrio San Juan de Calderón quienes lloraron por su muerte como si fuera uno de los suyos.
Su lucha emblemática fue contra la discriminación y racismo que se había instaurado en la parroquia centro contra los indios de Llano Grande y que se expresaba en maltratos e insultos a las tías y tíos mayores cuando usaban los buses de la parroquia para ir a la Capital o en las calles cuando los “chiquillos” correteaban a los jóvenes indígenas para pegarles, con el ánimo de hacerles saber quiénes eran los patrones y los hijos de los patrones.
Ante esa causa, se gestan los primeros servicios comunales de transportes Llano Grande de propiedad comunitaria, instalando una nueva forma de empoderarse y dar servicios propios, lo que por supuesto descolocó el ejercicio de opresión y de ingresos económicos a los trasportes Calderón de la Parroquia. Ahí empezó a maquinarse su asesinato.
Cincuenta años después muchos legados suyos están latiendo en la Comuna. Primero el orgullo por nuestra LLakta o tierra, la identidad y nuestra historia, el saber mirar de frente a los otros, sin ,miedo, defender la Comuna como espacio de autonomía y la lucha permanente desde todos los espacios organizativos, culturales, deportivos, institucionales o personales en los que la gente de Llano Grande pone su mejor empeño.