Por: Arturo Muyulema A. / 07-03-2018
A menudo se dice que un pueblo que ha olvidado su lengua deja de serlo como tal o también «el día que la perdemos dejaremos de ser». Ciertamente una lengua vivirá si existen hablantes dentro de su comunidad, de eso no hay duda, pero cuando el pueblo haya perdido su lengua autóctona otra lengua ocupará el territorio lingüístico; entonces, ¿si una persona perteneciente a una comunidad kichwa deja de hablar el kichwa seguirá siendo kichwa? En nuestro medio, generalmente la lengua dominante ha sido la que ha llenado ese territorio lingüístico.
La identidad lingüística debe ser entendida más allá de los conceptos fonéticos y sintácticos, determina el entramado entre la cultura y la lengua, el pensamiento y el lenguaje, pasando por el espacio territorial y hábitat que ocupa una lengua. La identidad lingüística y cultural más que individual debe ser asumida desde los derechos colectivos de los pueblos. La lengua no nos hace ni mejores ni inferiores que el otro, por el contrario, hablar dos lenguas o más implica una relación dialéctica entre sujetos con el mismo estatus lingüístico, que por razones histórico – sociales las lenguas indígenas han sido consideradas “minoritarias” y “minorizadas”. En otras palabras, la identidad lingüística define quiénes queremos ser y con quiénes queremos estar en el mundo. De ahí la pregunta Pitak Kanchik.
Como decía un amigo lingüista el año anterior «estamos viviendo tiempos de pachamama y cosmovisión sin lengua», esta afirmación no es tan descabellada, pues actualmente sin menospreciar los esfuerzos de autodefinición de la identidad cultural en la juventud indígena, inclusive ante los llamados de las voces dirigenciales a cambiar nombres, parece conformarse únicamente con adoptar nombres kichwa, hacer crecer la trenza en los hombres o vestirse la ropa de su pueblo, lo cual puede resultar un tibio intento sino se entreteje de por medio la identidad lingüística del individuo.
Estandarizar la escritura en las lenguas indígenas no es sinónimo de estandarizar el habla, ese puede ser el suicidio de los dialectos que se habla en cada localidad o región. Es un error que cuando se trate de recuperar la lengua autóctona en las ciudades, se pretenda “hablar en unificado” o imitar el dialecto de otra comunidad lingüística; lo es también que en nuestras escuelas interculturales bilingües se institucionalice “el habla unificado”, so pretexto de la enseñanza de la cultura letrada a través de los textos y currículos obligatorios. No es posible pensar en un habla estándar del kichwa o decir que en tal lugar se habla el mejor kichwa.
Nuestra apuesta, apreciemos la diversidad lingüística de nuestro país y la riqueza del habla local como hablan nuestros mayores, en nuestras comunidades; salvar la transmisión de la tradición oral y saberes de padres a hijos, de mayores a jóvenes, dentro y fuera de las aulas y por diferentes medios tecnológicos. A no rendirse ante la dictadura lingüística de la lengua dominante en nuestro pensamiento y nuestra comunicación cotidiana. Que por nuestra habla también hable la pachamama y viceversa. Que por nuestra habla también hablen otros mundos y otros ayllus.
Ñukanchik kawsaypika mana runa kawsayllachu awanrin, ñukanchik kawsaypika shuktak kawsaykunapash, shuktak shimikunapash, Pachamamapashmi rimankuna.
Identidad lingüística: ¿puede un pueblo vivir sin su lengua autóctona?, artículo de Arturo Muyulema, en #Riksinakuy. 07-03-2018
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