Por: Rosendo Yugcha Changoluisa
Pueblo Kitukara, Comunicador Social
Desde el barrio, Foto portada: Pacha Callari
Julio 4 de 2020
Casi siempre, vísperas de elecciones, reaparece con más fuerza un discurso anti político que intenta imponerse en la sociedad, pero que sin embargo, responde a intereses que paradójicamente lo que buscan es mantener una hegemonía política en la vocería, la construcción del relato y el manejo e incidencia en la disputa de los espacios de poder en la gestión pública. Es decir, para alejarnos de una participación activa en la salida a una crisis económica, sanitaria, humanitaria y sobretodo cultural, que sólo se resolverá, políticamente.
La aplicación de la voluntad del electorado en el referéndum constitucional y consulta popular del 2018 que buscó destrozar el principio de la participación a pretexto de desmantelar los rezagos del correísmo; devino en otros sucesos previos a octubre del 2019 y reactivó la resistencia indígena y popular aparentemente dormida luego de más de 10 años de desarticulación, como respuesta a una crisis agravada por la inestabilidad económica provocada por un sistema neoliberal que pugna por imponerse en la región a través del desgaste de la imagen del estado de derecho.
En medio de la crisis económica, la pandemia fue aprovechada para desbaratar aún más esa imagen, desatando una crisis política con el debilitamiento de una institucionalidad pública que se desarma en medio de un relato de corrupción que deja claro la existencia de un plan perverso que apunta a no dejar sin mancha a ningún cuadro político en funciones, como antesala del inicio de un proceso electoral; el resultado, la apatía frente al mismo y el desgaste de la política.
Pero lo que nos es más difícil de admitir, es que, esta crisis económica y política está sostenida por una crisis cultural, es decir de perspectiva de la vida. Esta crisis que en lo material se evidencia en una tragedia humanitaria que va cobrando más de medio millón de vidas y diez millones de contagiados en el mundo; en lo simbólico, se manifiesta en la continuación de una sistemática trivialización de la muerte que no es sino, una reacción naturalizada por un sistema que ha privilegiado el capital al ser humano, la competencia a la cooperación y el individualismo a lo comunitario.
En medio del aislamiento y distanciamiento social, el escenario pre electoral que ya se vive y que se irá incrementando progresivamente en todos los ámbitos de la opinión pública, no hace sino recordarnos que, por un lado, la salida a la crisis política sólo se resolverá políticamente. Pero también, que la política cumple en todo espacio tiempo una misión, de poner a prueba la integridad, madurez y sensatez humana.
En esta perspectiva; la articulación de una tendencia progresista que sea capaz de reconstruir el principio de la participación en el debate amplio y permanente, por medio de un discurso autocrítico, motivador y consecuente, anclado en una base social diversa, orgánica y programática; no debe olvidar que el adversario ha sido muy inteligente de aprovechar a su favor a un régimen traidor e incapaz, a un discurso mediático maquillado y melindroso intentando mostrarse pulcro e inocente, pero sobretodo y esto es lo más protervo, a una pandemia mortal, a la que tendremos que vencer aprendiendo a convivir con ella.