La democracia individual y representativa es “traje a la medida” de los grandes poderes económicos, epistémicos, ideológicos. La democracia republicana es la recreación de la cosmovisión del UNO; responde por lo tanto, a la concepción de vida en donde piensan que el individuo, el ser individual de “excelencia” es el generador; es el individuo quien debe dirigir el mundo, el líder individual orientará a las masas inhábiles de generar su propio destino.
La historia republicana de nuestro país está cargada de personalismos falsamente salvadores: floreanismo, garcianismo, alfarismo, velasquismo, placismo, roldocismo, correímo, morenismo… Han inventado seres de ficción, héroes individuales, o que con solo espada y caballo liberan naciones.
Muy por el contrario, la cosmoexitencia andino-amazónica gestada milenariamente por los pueblos y nacionalidades, partimos de la concepción paritaria complementaria (inti-killa; kari-warmi); por lo tanto, nada en el cosmos es individual, no hay nada particular, las energías cósmicas se manifiestan en pares complementarios infinitos. Los contrarios no luchan entre si, se complementan en continuidad infinita.
De tal manera que, lo más próximo a la verdad no está en el individuo, sino en el grupo; no es el individuo, sino entre todos somos; no hay jerarquías, cada quien aporta de acuerdo con sus fuerzas, todos somos importantes y necesarios, todos nos ubicamos en el círculo incluidas las divinidades. Esto fue sintetizado magistralmente por mama Dolores Cucuango cuando dijo “….somos como costal de quinua el viento no podrá llevar; al granito solo el viento fácilmente llevará”.
En la democracia comunitaria que se viven en las comunidades no hay directivas sino gobiernos comunitarios, no hay dirigentes, sino autoridades que ejercen gobernanza obedeciendo. El poder no nace del individuo sino del grupo; para lo cual, se requiere pasar del vasallaje “encomenderista” hacia el ejercicio de la titularidad de los derechos colectivos a fin de generar vínculos políticos, cosmo-existenciales y simbólicos con los territorios.
Así las cosas, para el movimiento político de los pueblos y nacionalidades la democracia individual y representativa es zona hostil y peligrosa, fácil de perderse si se es, “grano solito de quinua”. Es importante comprender que la toma del poder público tiene como requisito previo, la toma del poder comunitario. Construir pacientemente lo comunitario desde las asambleas para que se conviertan en órganos legislativos en los territorios. En este cometido, es obligación de cada uno, en su comuna, pueblo o nacionalidad, aportar en el fortalecimiento del poder comunitario.
La coyuntura política pasará; luego, todos y cada uno de nosotros debemos seguir incansables, neciamente pacientes, en la construcción y fortalecimientos de las sabidurías del poder comunitario sabio, vinculado y cósmico.
Escrito por: Jorge Ramiro Bastidas Caiza. Kichwa del pueblo Cayambi. Educador. Foto portada: El Comercio. Abril 4 de 2021.