Por: José Antonio Ipiales Guacán
Abogado
Febrero 21 de 2020
Si hiciéramos de la investigación un modo de vida, podríamos acercarnos al origen de muchas cosas que han marcado el curso de la historia, o descubriríamos cómo es que ciertas personas con su obra o mensaje dividieron la historia de las actividades humanas mitad por mitad. De ese modo podríamos dejar de usar ciertas cosas tan solo porque otros lo usan, o descubrir que ciertas cosas que no hacemos no es por el simple hecho de que otros no lo hacen. Solo me referiré a la especie humana en presente: Todos en su momento aprendimos por imitación, y el desarrollo de la humanidad a niveles insospechados para la imaginación de hace apenas mil años atrás, ha sido posible gracias a quienes no se contentaron con imitar, y aún a costa de su vida, rompieron el esquema estático de la mayoría y abrieron camino hacia nuevos descubrimientos, tan útiles para su generación como para las generaciones venideras, además sus nombres quedaron como sustantivos legendarios o como mal prefijo de una variedad de palabras y que incluso en varios idiomas su escritura no difiere mayormente. Así que antes de hablar de Colonización, invito a que cada uno investigue por su cuenta el origen de esta palabra, no obstante desde mi criterio la Colonización no representa sino una de las tantas versiones de la Ley del más fuerte. ¿Es esta una ley natural o es ley de hombres? Si es ley natural no cambiará, pero si es ley de hombres es susceptible de modificarse.
La Colonización justifica engañosa y finamente sus avances en el libre albedrío. En efecto, es un tema para debate desde todas las aristas del conocimiento. ¿Por qué las ideas nuevas, las ideas de afuera se superponen a las existentes? Una de esas aristas es la Nutrición, que si bien estaría al menos para nuestro medio, garantizada por una variedad de normas de rango constitucional entre ellas de forma exclusiva por la Soberanía Alimentaria que protege y garantiza la sabiduría ancestral, pero ¿qué pasa en la realidad? Por citar un par de ejemplos: La última vez que participé de una de las celebraciones mayores del Inti Raymi en la Comunidad de San Clemente en la provincia de Imbabura, pena me dio ver que el vino en cartón había sustituido casi por completo a la Chicha de Jora, todas la razones hay que decirlas en el debate; en otra ocasión, en el Oriente, Napo arriba, mujercitas del lugar, vestidas con las ornamentas propias de su nacionalidad, al público ofrecían bebidas preparadas de distintas plantas para curar varias enfermedades, pero ellas para saciar su sed tenían a la mano su botella de tres litros de gaseosa.
De todas las gaseosas prefiero la Pepsi, sí, pero si me dan a escoger entre Chicha de Jora y una Pepsi, llevo a mi sistema digestivo la Chicha de Jora. Parte de esa decisión obedece a mis casi cincuenta de observación, estudio, y más estudio. Ahora soy Abogado en Libre Ejercicio de la Profesión, y he decidido que mi línea profesional será la problemática jurídica derivada de la mala práctica médica. De la Medicina la Cirugía es la Reina, dicen, bonito se lee, es objeto de algo más que mi admiración, pero también veo cómo el ser humano es seducido para que preste su consentimiento para la manipulación de sus órganos y en no pocos casos su despedazamiento. En parte sirve, en parte no, en parte se está a tiempo, y en parte se dice que ha sido demasiado tarde. Por lo que se salva desde la Medicina, gloria a todos los principios de bondad, pero por lo que se pueda salvar desde la alimentación ancestral, ¿por qué privarnos de esa gloria mayor?
Espero que algún momento organicen un debate sobre colonización o neo colonización. Con gusto compartiré mis mejores ideas, una de ellas: Aunque un verso de ese himno a la vida que es la canción “Quemando las nubes” de la agrupación indígena otavaleña Charijayac: “Yo ya de viejo no importa.” Le falta algo. ¡Sí importa! Importa que el final de nuestra existencia no sea tan indignante por las crueles cuestiones de salud causadas en parte por la mala alimentación derivada de las escasas dosis de alimentos o la resistencia a la variedad, y por si eso no fuera poco, se suma el desequilibrado consumo de alimentos procesados industrialmente, pero lo que más importa, sí, es la salud de los niños, las niñas, los que vendrán después que nosotros nos hayamos ido de este mundo.
Por la Salud Física, esto es apenas la punta del ovillo. La Salud Mental. ¡Oh, Salud Mental! Eres otra joya de incalculable valor.