Por: Marcel Merizalde Guerra
Consultor político
Abril 14 de 2020
El título, como se habrá dado cuenta, alude a un libro clásico de los años 90 del siglo XX. El fin de la Historia y el último hombre (1992), de Francis Fukuyama, quien desarrolla una tesis, para entonces, polémica y arriesgada, por novelera. Plantea que la Historia, como lucha de las ideologías, llegó a su fin y no hay más camino por recorrer. Con la caída del Muro de Berlín, en 1989, sugiere Fukuyama, ya no hay espacio para otras ideas que las enmarcadas en la democracia liberal.
Así, con Fukuyama, el contrato social de Thomas Hobbes, copó definitivamente el campo liberal y lo nutrió; lo que aportó sustento racional a la polémica tesis de El fin de la historia. Esto, quiere decir, que el ser humano está cada vez más lejano de la Naturaleza y es más dependiente de la ´civilización occidental´, donde mandan los acuerdos entre las partes, de manera explícita (leyes) o implícita (costumbres). A Hobbes se deben conceptos básicos en boga, muchos con etiqueta ´progre´ o hasta izquierdista, como el derecho del individuo, la igualdad natural de las personas, el carácter convencional del Estado, que lo distingue de la sociedad civil; y, la legitimidad representativa y popular del poder político, que puede ser revocado al no garantizar la protección de sus subordinados. Todas estas nociones, están contenidas en la Constitución de 2008, elaboradas en Montecristi.
Desde ese primer llamado, de El fin de la historia, pasaron 28 años. Sucedieron tantas cosas en el mundo de las ideas políticas. Pero, está de regreso. Otra vez. Luego de los más recientes procesos políticos y económicos, propios del siglo XXI, como la transformación de China comunista en la mayor potencia económica y tecnológica del mundo, el resurgimiento ruso como enemigo ´natural del sueño americano´, la decadencia norteamericana, la muerte de Fidel Castro y la irrupción – crisis de las democracias socialistas del siglo XXI en América del Sur (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina). El contrato social, está nuevamente en la mesa de discusión, aunque este ejercicio solamente sea un eufemismo.
Ahora, el fin de la historia lo trae el coronavirus. O, para ser precisos, los políticos y gobernantes que vieron en este virus una oportunidad para tumbar al Estado ´obeso´, generador de políticas públicas y bienestar (salud, educación, vivienda, trabajo). Los voceadores de este retorno, propugnan jubilar a la ley y relevarla por el acuerdo entre las partes, según interés personal.
Tal es así, que, a finales de marzo de 2020, el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, empezó a utilizar este concepto político, en una cadena nacional de televisión, para referirse al pago de sueldos en el sector privado, que llevaba 15 días de suspensión de actividades físicas y presenciales.
En pleno Domingo de Resurrección cristiana, lo que le confiere una dosis adicional de simbolismos al tema, el ministro de Economía ecuatoriano, Richard Martínez, en cadena nacional para explicar las medidas económicas anunciadas en Viernes Santo por el presidente Moreno, dijo que espera que empleadores se pongan de acuerdo, libremente, para acordar pago de sus salarios, en momentos que la cuarentena y el #QuédateEnCasa continuarán por varias semanas más.
Ese domingo santo, el último de la Semana Mayor Católica, se filtró un audio en redes sociales, sobre un conversatorio en el que participaba el asesor no formalizado del Gobierno, Augusto de la Torre, expresidente del Banco Central del Ecuador en el régimen de Jamil Mahuad, execonomista del FMI y exjefe del Banco Mundial para América Latina. Él, reclamó a la administración de Moreno, por no tomar todas las medidas que caben en una crisis como la ecuatoriana; el mandatario anunció contribución del 5% de las empresas sobre las utilidades del 2019 y un aporte progresivo, por 9 meses, para los trabajadores que ganan más de 500 dólares al mes.
Explicó de la Torre, en el citado audio, que la poscrisis del coronavirus demandará mayor achicamiento del Estado, baja del tamaño de la burocracia y disminución de sueldos, además de nuevos impuestos para garantizar el papel generador de empleos del sector privado y el poder de financiamiento de la banca. Esto, demanda nuevas reglas laborales e impositivas que por ahora están en suspenso.
En adelante, aseveró, los trabajadores deberán acordar con sus empleadores los montos, calendarios y formas de pagos de sus sueldos. Según Augusto de la Torre, luego de la crisis sanitaria, la única “Ley debe ser el acuerdo entre las partes”.
Como lo dijo el presidente de Ecuador, Gabriel García Moreno, antes de morir, en manos del esposo de su amante: Dios no muere; El fin de la historia, tampoco.