Mi solidaridad con Reinaldo Barahona, dirigente Tolupan, acusado criminalizado por su trabajo de defensa de sus tierras comunales, ganador del premio Carlos Escaleras.
Hablar de empresas y derechos humanos, es tema de actualidad. Los gobiernos, los consorcios empresariales nacionales y transnacionales, la cooperación internacional en su mayoría, mantienen a sangre y fuego el discurso sobre este tema que no entendemos si es bueno o no, por eso se siente la necesidad de entenderlo. El diccionario que impone el gran capital mueve un enorme arsenal de términos que masticamos sin saber cuanto bien o mal encierra. La empresa, el acto de la mayor creatividad humana de emprender, crear, hacer, construir, diseñar, es sano y hace posible el desarrollo humano, social, económico, artístico, cultural y espiritual. Pero la empresa, en el contexto del modo de producción capitalista, es un instrumento que nace para dominar, invadir, extraer, explotar, acumular, destruir. Y luego, el concepto de derecho humano, algo que nace con la persona y que la doctrina enseña como inherencia, eso constituye nuestra dignidad. Comer, vestir, tener un techo, agua, salud, educación, etc. eso esta inscrito en la dignidad humana, si eso falta, entonces vivimos en indignidad.
El plan de unir en un solo postulado el tema empresarial extractivo capitalista con el concepto de derechos humanos, es como poner a dormir un hambriento león y una indefensa oveja juntos. En las tribunas más altas de los países e instituciones internacionales, suena y resuena el discurso respecto a empresas y derechos humanos. Incluso hay legislación. Parece que el objetivo es juntar en un solo concepto, en un solo cuerpo discursivo, el interés capitalista con la dignidad humana, y eso, es el gran peligro al que asistimos impávidos en este mundo. Nuestra propia creación (el acto de emprender) nos ha superado y sustituido. El capital a sustituido la creatividad, la economía ha destruido a la política, el dinero está destruyendo la dignidad humana.
Todo cambia, nada es estático, vivimos en mundo en permanente cambio. El cambio es natural, pero no todos los cambios son naturales, hay cambios provocados. Imaginemos el banano que tiene su tiempo para madurar naturalmente, pero hay quienes aplican algún químico y madura con rapidez, ni el color ni el sabor son agradables. Lo mismo ocurre con los tomates, hay unos tan grandes, hermosos y crujientes, pero están llenos de veneno. Las frutas, las verduras, los hongos, las semillas, están sufriendo un cambio provocado. Monsanto y Bayer tienen sus laboratorios especializados para eso. También las mujeres y los hombres, estamos siendo sometidos a procesos de maduración y cambios acelerados mediante venenos que producen en algún laboratorio, y nos estudian hasta la última onda de energía.
La ciencia ha logrado conocer y manipular el genoma humano. Esto es asombroso y hermoso, la ciencia es la más novedosa inteligencia y creatividad humana en busca de la felicidad. La ciencia no es culpable de los resultados, sino quienes colocan la ciencia para lograr objetivos criminales. El hombre (por supuesto también la mujer) es lo que come, concluye Feuerbach, gran maestro de Karl Marx. Si es así, el pensar, sentir y gustar de las cosas, viene dado por las energías que ingresan por la boca y entran al cuerpo para recrearnos según lo prefiere quien produce la comida. Pensar es peligroso para los oscuros intereses que mueven al mundo, por eso, la ciencia que es un arte muy hermoso, esta siendo orientada a neutralizar las capacidades y potencialidades cerebrales y mentales. El punto clave para la ciencia al servicio de la agresión es la psique, allí crea el caos y se deriva el desorden psico-lógico que observamos en el terreno de la economía, el arte, la sexualidad, la alimentación, la religiosidad, la comunicación, la medicina, la reproducción, etc.
El arte de pensar ha sido eclipsado, y han logrado convencer a la humanidad, que la felicidad depende del tener. La inmensa mayoría de gente empobrecida que habitamos el planeta, a pesar de no tenemos nada, defendemos los capitales ajenos, nos han domesticado para abrazar al verdugo y despreciar al hermano. El ejemplo está en nuestros territorios, mucha gente defiende a las empresas y empresarios que siembran la violencia, la corrupción, la confrontación entre vecinos. Nos han convencido que los empobrecidos nos moriremos por centenares si un empresario se va de un lugar, por un empleo la gente decide entregar su vida entera. Mal trabajo desempeñan las escuelas, los medios de comunicación, las iglesias, los partidos, las ONGs, etc. cuando se ubican en la órbita del mal, destruyendo la dignidad humana para que fácilmente no solo acepte, sino que defienda y pelee por el rico que lo explota, contamina sus aguas, expulsa o encarcela, y en el peor de los casos, lo asesine.
Es imposible que el capitalismo respete la dignidad humana, los derechos del ser humano. El capitalista y el pueblo, solo pueden existir en permanente guerra, en confrontación, jamás puede haber paz allí donde no hay justicia. El resto del pueblo que no cae en la maraña de perversidades que tienden las empresas, no puede estar neutral tampoco, hay que tomar partido, o estamos con el pueblo, o con las empresas, pero nunca con ambas. No se puede quedar bien con dos señores nos enseña Jesucristo. Las empresas capitalistas y los derechos humanos, son irreconciliables por naturaleza.
Estos días resuena el discurso de los empresarios de la ZEDE Prospera, una empresa capitalista entre tantas, que busca explotar este país, no puede hablar ni respetar los derechos humanos porque su finalidad es la acumulación de capitales y eso, solo puede ocurrir mediante el robo y la violencia. Igual es el grupo EMCO con sus empresas de explotación minera en Tocoa. Si el Estado dio un marco legal que violenta la dignidad humana que según la Constitución, protege, no hay persona, comunidad u organización facultada para negociar con las empresas, la responsabilidad de proteger y garantizar el derecho al agua, la salud, el ambiente, corresponde al Estado en la persona de quien lo administra, hacia allí el pueblo debe enfilar sus exigencias.
La negociación entre comunidades y empresas es improcedente, violenta, ilegal, constituye delito de quienes así lo promuevan. Los derechos no se mendigan ni se negocian, se conquistan. Para eso, debe haber dignidad. Puede ser que el imperio empresarial lleve su plan hasta desaparecer las condiciones sociales, ambientales, ecológicas para vivir en el planeta, pero no podrá acabar con la dignidad porque esa, nace en el corazón de quien ha creado la vida.
Por: Juan López, Pedagogo. Honduras. Foto portada: El Pulso. Noviembre 21 de 2022