Por: Luis Olmedo Iza Q.
Kichwa / Pueblo Panzaleo
Marzo 30 de 2020
En el Ecuador, en el Estado, hay dos estructuras disfuncionales, que opera, a veces, con lógicas e intereses diferentes, que a la hora de actuar en aspectos estratégicos de desarrollo y encarar emergencias como en este caso el coronavirus, sobreponen sus agendas entorpeciendo, frenando, adormeciendo y haciéndolos totalmente ineficientes las respuestas a una situación como las que estamos viviendo y en general invalidando a las organizaciones de la sociedad civil. Un bicho como el coronavirus, sin cerebro nos golea por partida doble al “homo sapiens sapiens”.
En el Estado tenemos el Gobierno Nacional y los Gobiernos Autónomos Descentralizado. El Gobierno con su Gabinete Ministerial “liderado” por el Presidente, cada Ministerio tiene Secretarías, Subsecretarías, Direcciones Provinciales, oficinas Técnicas, etc. Tambien tenemos al Representante del Presidente en la Provincia (Gobernadores), en el cantón los jefe político y en cada Parroquia el Teniente Político. En la estructura del Estado tenemos también a los Gobiernos Autónomos Descentralizados Provinciales, Cantonales y Parroquiales. Como son autónomos están la capacidad de tomar decisiones autónomas.
Por otro lado está la sociedad civil, con sus diversas formas de organización, unidos por diferentes razones. Tenemos desde clubs deportivos, juntas de agua, fundaciones, organización de mujeres, organización de trabajadores, organizaciones nacionales de la sociedad civil, las federaciones de barrios en los cascos urbano, etc., etc. En el caso de los pueblos y nacionalidades, históricamente, desde hace siglos tenemos una forma propia de organización comunitaria y solidaria, que se asienta en un territorio defino, con autoridades territoriales definidas y electas por sus integrantes, que confluyen en la organización nacional.
Me preocupa sobremanera, a más de la carencia de medicinas y equipamiento médico, y la distribución de alimentos; gratuitos y con costo, dependiendo el caso. Al no existir una base de datos de las personas o familias vulnerables y al excluirles a las autoridades comunitarias territoriales, algunas recibirán las donaciones de diferentes instituciones y otros se quedarán desamparadas.
No podemos olvidar que el Estado tiene los recursos financieros que nos pertenece a los ciudadanos y constitucionalmente tiene el deber de velar por la vida de cada ecuatoriano y las organizaciones de la sociedad civil conocen su territorio y a su gente.
Ahora que el bicho descerebrado nos está ganando la batalla, es momento de implementar una estructura estratégica única, con roles definidos para encarar esta pandemia. De la telaraña de estructura que es el Estado frente a la sociedad civil, se debe generar un solo hilo conductor incluyéndolos a los dirigentes de las organizaciones comunitarias y la sociedad civil, que nos lleve a salvar vidas y derrotar a este bicho.