1872: Se despidió de su mujer con el rostro sereno y la mirada tranquila.
Miró hacia las montañas y luego salió al camino. Es integrante de la familia de los Shiris Puruháes. Hijo de las cimas heladas, amigo del hablar poco, compañero del silencio de las montañas… Hacia él se había dirigido la gente de Cacha el 18 de diciembre del año anterior cuando lo nombró jefe de la sublevación. Aunque en principio creyó muy prematura esa investidura, su valentía y el mandato de la comunidad lo llevó a ponerse al frente del pueblo.
Había visto de niño como maltrataban a su padre en la hacienda Tungurahuilla, donde el dueño daba latigazos a los empleados. Conocía el sufrimiento de su pueblo: humillado por el diezmo y obligado por el gobierno a trabajar dos días sin remuneración…
De no cumplir el castigo era la prisión. Aquella tarde cuando llegó el diezmero lo bajaron de la mula a golpes, lo ataron a un poste y lo atormentaron, luego fue arrastrado por la mula humedeciendo el suelo con su sangre.
Era el odio de siglos desenfrenado en aquel instante. “Un escarmiento para los blancos”, decían. El por entonces presidente del Ecuador, doctor García Moreno, amigo del orden y el patíbulo defendió airadamente la represión total.
“No vacilaré en pasar por las armas a los sempiternos enemigos del orden. Mandaré pasar por las armas a todos los que favorezcan de cualquier modo a los enemigos y los ejecutaré religiosamente”.
Así dijo y así fue…
Las bocinas llamaron a los indios de los diversos rincones para que se sumaran al alzamiento. Las fogatas se multiplicaron para comunicarse con todos los ayllus del Chimborazo.
Por todos los caminos fueron llegando los indígenas y pronto fueron dos mil. La luna, roja de ponchos, miraba el acontecer. La brisa caminaba rápida refrescando la montaña. En la plazuela de la Virgen del Rosario en Cacha, Fernando Daquilema fue proclamado rey.
El pueblo tomó el manto escarlata y la corona de metal amarillo de la imagen de San José y se la otorgó al nuevo jefe. Uno de los indios, Juan Manzano, se acercó y entregó un látigo con madera de chonta, donde se advertían los anillos de Rumiñahui, vara de la justicia. El nuevo rey de Cacha nombró a José Morocho gran jefe del ejército rebelde y le encargó formar una caballería de por lo menos 300 nombres, luego envió embajadores a las distintas comunidades para comunicar su nominación, exigiendo obediencia y pidiendo que se sumaran al alzamiento colectivo.
Una choza ubicada en la cima -amoblada con un sillón y una mesa expropiados de la iglesia-, desde donde se miraban todos los rincones, fue la casa del gobierno provisorio. La noche fue agitada preparando la lucha. El martes 19 los rebeldes atacaron la parroquia de Yaruquí, los soldados que habían llegado desde Riobamba repelieron el ataque.
Daquilema mandó la retirada para reacomodarse y luego volver.
Después de la victoria atacaron Sicalpa, donde el primero en ser atravesado por una lanza fue el jefe del ejército gubernamental. Sicalpa fue tomada… Después caerá Punín y se destacará en la lucha la guerrera Manuela León.
De a poco comenzaron a llegar contingentes gubernamentales de Riobamba y Ambato… Cuando los indios caminaban venciendo vino la superstición y el miedo. Los blancos, que rogaban insistentemente a los santos, lograrán hacer creer a los alzados que llegarían escuadrones desde el cielo, comandados por San Sebastián. Los indios se asustan, muchos guerreros están muriendo y piensan que ya no vencerán. Hasta el día de la navidad el gobierno de García Moreno es jaqueado… el 27 los indígenas se rinden.
Después vendrán las condenas. El 8 de enero, ante más de 200 indios, obligados a mirar la ceremonia preparada, Manuela León y Juan Manzano serán fusilados. Después, Daquilema camina hacia la prisión de Riobamba, marcha hacia un juicio espectacular, va hacia la condena de muerte por ser “principal cabecilla en el motín que tuvo lugar en la parroquia de Yaruquíes…”, y sigue hacia el 8 de abril… hacia un madero donde ser atado para que truenen los fusiles.
Los ojos de los indios verán nubes oscuras caminar el Chimborazo.
Les llorará el alma de la vida ante la sombra que cae… pero no desanimarán.
Desde aquel caminar de Daquilema hacia el otro mundo, los levantamientos se repetirán buscando un país plurinacional…
Tomado de: Rebeliones indígenas y negras en América Latina, Kintto Lucas. 1992. Foto portada: Internet. Noviembre 26 de 2021