Fernando Daquilema fue una de las figuras más importantes en la rebelión nativa ecuatoriana en el siglo XIX.
En 1869 García Moreno dictaba en su Constitución, denominada por el pueblo Constitución negra, que sólo los católicos podían ser ciudadanos del Ecuador.
La rebelión de Chimborazo sucedió en diciembre de 1871 con un grupo de indígenas liderados por Fernando Daquilema. Se apuntan como detonantes tres hechos políticos: el trabajo subsidiario, con el que se obligaba a la población indígena a trabajar en obras públicas sin remuneración; el pago de diezmos y primicias; la implementación de otros tributos como las aduanas.
En esos años, la ausencia de las libertades elementales se conjugaba con la explotación monstruosa del pueblo, sumado con un refinado sistema de impuestos y tributos. En las cárceles, las torturas, los fusilamientos y el exilio acechaban a quienes trataban de alzarse contra el régimen y a pesar de estas crueles represiones, el pueblo no cesaba de combatir.
Una de las acciones más importantes por su envergadura y significación contra el orden despótico, fue la sublevación espontánea de los campesinos indígenas dirigida por Fernando Daquilema. El 18 de diciembre de 1871, cuando los indígenas de Yaruquíes (Chimborazo) se negaron a trabajar en la construcción de una carretera. Se les sumaron de inmediato los indígenas de Punín, Cajabamba, Sicalpa, Licto y todos los que se sentían asfixiados con los impagables impuestos, mientras los diezmeros recaudadores cometían toda clase de abusos y se convertían en nuevos ricos. El movimiento abarcó a miles de indígenas y se convirtió en una poderosa guerra campesina de gran escala.
La insurrección indígena se gestó en la comunidad de Cacha y se propagó a Cajabamba, Sicalpa y Punín. El gobierno de García Moreno movilizó guardias nacionales y tropas de pueblos cercanos, provocando un violento enfrentamiento.
Daquilema probó ser un brillante organizador y estratega militar; sin embargo, la cacería a los rebeldes terminó en ejemplares fusilamientos. Por ello, Daquilema y sus seguidores más cercanos, se entregaron voluntariamente prisioneros para evitar los asesinatos en masa de los indígenas ya que, más de 200 rebeldes fueron llevados a la ciudad de Cajabamba para ser ejecutados. Los que lograban evadirse eran perseguidos en los desfiladeros de las montañas, cazados como fieras salvajes. Otros eran enviados a los trópicos, donde perecían a causa del clima, las enfermedades y los trabajos forzados.
El Gran Daquilema, como lo llamaban los indios, fue confinado en la cárcel de Riobamba, como un delincuente común. El 23 de marzo de 1872 sesionó el tribunal militar que lo juzgó y dictaminó su pena de muerte. Daquilema marchó hacia el cadalso con la cabeza en alto, como un líder firme y valeroso, que creía profundamente en la justicia de la causa a la que entregaba la vida. El 8 de abril, fue fusilado junto al muro de la plaza central de Yaruquíes, su pueblo natal.
A pesar de la monstruosa represión, la lucha de los indígenas no cesó. Daquilema dejó una honda huella en la historia del Ecuador, demostró que las masas indígenas, bien organizadas y dirigidas, pueden combatir a un régimen de dominación.
Fernando Daquilema murió fusilado en la plaza central de Yaruquí, el 8 de abril de 1872, destaca la presencia de otros personajes como Serafín Ipo o Manuela León.
En los años 1960, Daquilema empieza a ser reconocido como héroe indígena y su historia es parte de la recuperación de la memoria histórica y reapropiada en diversas expresiones artísticas, como cine, teatro, danza, pintura y otras.
La foto del joven Daquilema antes de ser fusilado es un testimonio gráfico invaluable, en una época en que la disciplina fotográfica estaba aún en sus inicios y era reservada para los gobernantes, las élites y para los criminales condenados a muerte, en este caso un líder que solo exigía justicia para los suyos.
Tomado de: Muro (Facebook) La Memoria de Ecuador. Noviembre 11 de 2021