Por: Ileana Almeida
Filóloga
Julio 30 de 2020
A la memoria de François Houtart que siempre intercedió a favor de los indígenas frente a un mandatario que les negó el derecho a ser ellos mismos.
La idea de un Estado Plurinacional que incluya a los pueblos indígenas en el Ecuador tiene varios antecedentes concretos, lo que indica que hay fundamentos objetivos para su estudio tanto histórico cómo teórico.
La antropóloga ecuatoriana Gladys Villavicencio escribió en 1973 una tesis de doctorado sobre “Relaciones Interétnicas en Otavalo / ¿Nacionalidad indígena en formación?”, donde descubre la cohesión nacional que hay entre los indígenas de la zona.
A la llegada del etnólogo soviético Iuri Zubritski, en los años 70, se planteó por primera vez la idea de un Estado Plurinacional ecuatoriano, es decir, un Estado que considere a los indígenas no como campesinos ni como pobres, sino como pueblos que han conservado sus lenguas, culturas, territorios, memoria histórica, formas de producción y que, por lo tanto, tienen derecho a la libertad política, a gobernarse a sí mismos, esto es, no permitir que otros lo hagan por ellos.
La posición de Zubritski llevó a que se cuestionara la interacción del Estado con la nación ecuatoriana (sociedad civil) y con las nacionalidades o pueblos indígenas. Se vio que los intereses estatales coincidían con los de la nación dominante, pero que se contraponían a los de las nacionalidades.
Interesa aclarar una interrogante que surge con la reivindicación de los pueblos indígenas como nacionalidades: ¿es la plurinacionalidad una reivindicación ideológica del “nacionalismo”? Hay que hacer una diferenciación clave: uno es el nacionalismo de Estado, y otro es el nacionalismo que salva a las identidades que sobreviven por su cuenta y riesgo.
Asimismo es importante explicar el origen de la categoría de Estado Plurinacional y su travesía por el mundo. Bien se sabe, que los pensadores austro-marxistas, entre ellos Otto Bauer y Karl Kautsky plantearon la injusticia que significaba un Estado cerrado al pluralismo nacional en Austria y otros países europeos.
Con el tiempo, la idea del Estado heterogéneo fue tomada en cuenta en el programa de la Revolución Rusa. Uno de los más destacados dirigentes bolcheviques fue Nikolai Bujarin, que se exilió en Austria al ser perseguido por el régimen zarista; ahí tomó contacto con los teóricos austro-marxistas y aprendió el idioma alemán. Al regresar a Rusia planteó ante la necesidad de un Estado Plurinacional que diera cabida a los pueblos que en el enorme territorio ruso habían subsistido carentes de organización política propia.
En nuestros días se considera que son Estados Plurinacionales los de Bolivia, Canadá, Rusia, China, Suiza, entre otros, cada uno de los cuales responde a realidades distintas.
La resistencia indígena en la historia
Las categorías de nación dominante, nacionalidad y Estado plurinacional son relativamente nuevas, pero la resistencia indígenas cuenta -en diferentes formas- ya con más de 500 años. ¿Qué les motiva a los pueblos indígenas a rebelarse en diferentes épocas, qué les motiva ahora?
En Ecuador, se constituye la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI) en 1944 con el apoyo del Partido Comunista, planteó la reivindicación de las tierras en posesión de los latifundistas.
En las décadas del 50 y 60 los indígenas comenzaron a asumir la dirigencia y la organización de su movimiento y las protestas se dirigieron contra los rezagos del régimen de servidumbre. De acuerdo a la Ley de Comunas, las comunidades habían pasado a depender del Ministerio de Agricultura, lo que equivalía a negar el proceso histórico específico de los indígenas.
En 1972 se constituye la organización Ecuador Runacunapac Riccharimui, (Ecuarunari), que refleja cuánto habían avanzado los indígenas en el análisis de su situación social. Para 1974 habían aparecido organizaciones secundarias en cada una de las provincias serranas y comenzaban a surgir otras similares en las provincias amazónicas.
Desde los años 70 los shuar venían denunciando, posiblemente por influencia de los misioneros salesianos, que el Estado ecuatoriano hasta entonces no se había interesado por los pueblos amazónicos.
En 1986 se conformó la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), resultado del desarrollo político del movimiento indígena, que objeta el carácter uninacional y hegemónico del Estado ecuatoriano y propone, en cambio, instaurar en los hechos, un Estado plurinacional. La Conaie incluye a la Ecuarunari, que vela por los intereses de los quichuas de la Sierra, que son los mayoritarios en el país, a la Confeniae que garantiza los derecho de los pueblos amazónicos, y a la Conaice, que responde a los de la Costa.
En 1995 surge Pachacutik, que no fue el resultado de los postulados indígenas. Más bien es un partido político con objetivos electorales, eludiendo postular que los pueblos indígenas deberían tomar conciencia de sí mismos y decidir su destino.
En la organización de la Conaie se distinguen tres niveles: en el primero se eligen a los delegados de las bases o centros comunitarios (primer grado); de entre ellos a los representantes de las regiones (segundo nivel); y, luego, entre estos, a los provinciales (tercer nivel) Se establece así un mecanismo de ida y vuelta. Una opinión, una demanda, puede bajar y subir como en una cadena de transmisión. Es una estructura muy democrática, con eslabones que llegan hasta la cúspide y regresa con la decisión tomada hasta las bases.
Es curioso cómo se asemeja esta forma de organización a la de los antiguos iroqueses norteamericanos, que -hay que destacarlo- sirvió de inspiración para que el presidente Thomas Jefferson propusiera el modelo federativo en la conformación dela naciente república de los Estados Unidos de Norte América.
Cuando se constituyó la Conaie se lo hizo como un “gobierno autónomo”. Tenía en su sede varias dependencias dedicadas a diferentes cuestiones que interesan e involucran a los indígenas: educación, comunicación, salud, tierras y territorios, relaciones internacionales. Tan clara se manifestaba esta organización que el embajador de Francia en Ecuador, en uno de los primeros congresos de la Conaie, se expresó así: “Saludo al gobierno de los pueblos indígenas de Ecuador”.
Retos de la organización Indígena
Actualmente los retos de la organización son múltiples y reflejan la complejidad de la situación del país: discriminación, racismo, desigualdad social, instituciones políticas de dominio, indiferencia cuando no complicidad del Estado nacional frente a las explotaciones de las empresas nacionales e internacionales en los territorios indígenas.
Hay que aclarar que los indígenas ecuatorianos no plantean la creación de un Estado propio; desean que se creen instituciones dentro del sistema de gobierno del país para que velen por sus intereses específicos como la Educación Intercultural bilingüe, leyes que les favorezcan y compensen el marginamiento de que han sido víctimas a lo largo de siglos, protección a las comunidades rurales, acceso libre a las fuentes de agua, respuestas a los pedidos de sus organizaciones. Se necesita, además, de un organismo que proteja la naturaleza con metas económicas, culturales y ecológicas.
Las clases sociales son solo una de las formas históricas de desigualdad social. El Estado nacional ha perjudicado gravemente a los pueblos originarios en la vida cotidiana y en la política. Ha vulnerado sus derechos territoriales, económicos, sociales y culturales; sin embargo, de hecho, entre la lucha indígena y otras luchas sociales hay entramados e interrelaciones.
Cada lucha tiene su sujeto, sus objetivos y sus destinatarios. Las reivindicaciones del movimiento ecologista, el del campesinado, el de los obreros, el de los descendientes de africanos, en algunos aspectos coinciden con las del movimiento indígena. Las culturas originarias son en sí mismas ecologías populares; por otro lado la mayoría de los indígenas son campesinos, a medida que salen a las ciudades se van convirtiendo en obreros asalariados. Sería muy beneficioso para todos los implicados, que se consiguiera consolidar la convergencia de sus objetivos y metas sin perder su propia identidad.
Hay indígenas obreros, artesanos, vendedores ambulantes, estudiantes, intelectuales, pequeños industriales, pero todos, tienen la aspiración a ser considerados no solo como ciudadanos, sino también a vivir su pertenencia nacional, la conciencia no puede prescindir de las formas de pertenencia de las que surgieron.
La percepción de la desigualdad nacional en la vida política del país se transformó en intelección política en el Encuentro de Pueblos Indígenas celebrado en la ciudad amazónica de Puyo, allá por el primer lustro de los años 80 y la ideas teóricas sobre el Estado Plurinacional pasaron a la categoría de propuesta política expresa.
En el tema político indígena es imposible no hablar de las comunidades ancestrales como formas originales de colectividad, aún existen más de dos mil en el país. Sus particularismos no son reconocidos en el Estado nacional, se les impone la burocracia, la lengua oficial, y la educación de la nación dominante. Sí, es verdad que van cambiando por el sistema capitalista, pero continúan siendo la conciencia y la pertenencia común de los pueblos.
El Estado-nación ecuatoriano también puede ser interpretado en relación al capitalismo industrial moderno. Por sobre sus instituciones, la dominación, se externaliza a mercados y al capital. A la cabeza de la desigualdad global se encuentran las transnacionales que se llevan el petróleo y los minerales sin tomar en cuenta la soberanía del país y peor aún, el destrozo de los territorios indígenas.
Buena parte de la generación más joven de los pueblos originarios vive la transnacionalización cultural. La Internet, la telefonía móvil, la televisión y otras tecnologías de punta llevan consigo la permeabilización y aún el desaparecimiento de las fronteras entre los países. En algunos casos, los padres han ido como migrantes a Europa, acelerando la pérdida de la identidad étnico-nacional.
Algunos indígenas proclaman con buena intención: “nada solo para los indígenas”. Es una consigna donde hay algo de cierto, se aspira a un Estado que funcione con igualdad para todos, pero son los indígenas los que corren el riesgo de asimilarse y dejar de ser pueblos y olvidar su origen y condición. La consigna “nada solo para los indígenas” equivale a renunciar a su derecho a lengua, cultura, y nacionalidad propias y por lo tanto a la aspiración de un Estado Plurinacional.
El Proceso de autonomía
La reclamación de autonomías equivale a la de la reclamación de identidad de pueblos y a la igualdad de las oportunidades de institucionalidad dentro del Estado. Lograr autonomía es construir un Estado Plurinacional. Hay autonomías de hecho, como las comunidades, que tienen sus dirigentes y su justicia propia, no han necesitado de la sanción estatal para existir: estarían dentro de lo que se conoce como Derecho Consuetudinario. Las organizaciones indígenas han surgido lejos del Estado. Otras son formas peculiares de institucionalidad, son las autonomías de derecho que dentro del Estado pueden adquirir, en ciertos momentos, características democráticas, y conseguir una relativa autonomía favorable a los pueblos indígenas.
En Ecuador tenemos el ejemplo de la Dirección de Educación Intercultural Bilingüe (Dineib), que contó con un grado visible de autonomía durante el gobierno del presidente Borja. Un menor contenido autonómico, pero con cierto grado de descentralización, tuvieron Codenpe y Prodepine, que manejaron varios proyectos de desarrollo de los pueblos indígenas y negros del Ecuador. Estas instancias fueron incluidas dentro de la programación del Banco Mundial y el Fondo Internacional del Desarrollo Agrícola; fueron establecidas en el gobierno de Sixto Durán Ballén a través de la Senaim (Secretaría de Asuntos Indígenas y Minorías Étnicas).
Estas instituciones, por supuesto, no implicaban la existencia de un Estado Plurinacional federal, pero eran válidas en la búsqueda de cierta prosperidad económica para los pueblos originarios y para garantizar, hasta cierto punto, el respeto a sus derechos, al menos para que no sean cooptados del todo por el Estado nacional. Eran instituciones que pudieron haberse desarrollado más y mejor, pero la estrecha visión del presidente Correa les dio otro rumbo.
Los gobiernos no se percatan de que al negar la diversidad y autonomía que reivindican los pueblos originarios se afecta, consciente o inconscientemente, pero de modo irreparable, la integridad y la salud del medio ambiente. Cuando desaparece un pueblo indígena desaparecen, también, conocimientos ancestrales del medio donde se desarrolló. El entorno se agota sin la cultura y se precipita la catástrofe ecológica.
El levantamiento de l990, llamado también del Inti Raymi fue una sorpresa para la derecha y una lección para la izquierda. A la derecha, porque su ideología obsoleta y soberbia le impide considerar a los indígenas como seres de pensamiento propositivo, verdaderamente político, quizás porque siempre habían estado en situación de servidumbre, volviéndose invisibles a sus ojos.
La lección que recibió la izquierda fue producto de que esta no se había percatado de que la realidad del país no se ajusta siempre a ideas y proyectos que corresponden a otros países y realidades. En consecuencia, los sectores progresistas del Ecuador no fueron capaces de imaginar el potencial de los pueblos indígenas como fuerza política de cambio.
El levantamiento del Inti Raymi no fue el único por entonces. En abril de 1992, la Opip (Organización de Pueblos Indígenas de Pastaza) llegó a la capital ecuatoriana con una marcha multitudinaria, la Allpamanda, que obtuvo un acuerdo con el gobierno para legalizar los territorios comunitarios de esa jurisdicción. La marcha resultó impresionante: los indígenas llegaron caminando desde Puyo; emitían sonidos que imitaban los cantos de los pájaros selváticos.
La Conaie, aliada con otros grupos progresistas, propuso a la Asamblea Constituyente del 2008, que se declarara al Estado ecuatoriano Estado Plurinacional y lo lograron.
Desde el Derecho, es un avance histórico grande. En la nueva carta política, la del 2008, se agregó que el territorio es legado de los pueblos ancestrales, que el quichua y el shuar son lenguas oficiales para el uso que determine la ley, que la planificación contará con las visiones propias de los indígenas, sin embargo, la Declaración del Estado ecuatoriano como Plurinacional, fue una decisión políticamente correcta, pero prácticamente inoperante. La falta de democracia, la extremada incomprensión de la categoría de Estado Plurinacional, las débiles propuestas de los propios indígenas, han hecho que el contenido del discurso escrito se disuelva en unas pocas frases reiterativas. Se suele repetir sin cansancio en la burocracia, que el Estado Ecuatoriano es plurinacional, intercultural y multiétnico.
La propuesta de un Estado Plurinacional emerge del contraste entre el país real y el oficial, de la consideración de que no todos en el país tienen el mismo trato y los mismos derechos. Un Estado plurinacional es indispensable si se piensa que es la única manera que tienen los pueblos indios para avanzar en su afirmación nacional.
Política negativa y consecuencias trágicas
Es verdad que, cada vez más, los indígenas se incorporan a distintas funciones oficiales, pero, en la mayoría de los casos, con el consiguiente sacrificio de su identidad y pertenencia a sus pueblos y nacionalidades.
Es paradójico que durante la administración correista se haya promulgado una Constitución que proclamó el Estado ecuatoriano plurinacional, y que haya desplazado tanto a los pueblos indígenas de la vida política.
El presidente Correa reprimió el impulso de los pueblos originarios hacia la libre y pacífica expresión de sus características originales. Entre los casos más flagrantes se debe citar el retiro de los presupuestos del Prodepine y del Codenpe, organismos auto gestionados por los indígenas y destinados al desarrollo agrícola rural, a la dotación de infraestructura en las comunidades, a la construcción de vías y a la dotación de energía eléctrica y de comunicación más allá de los límites comunales. Este atropello fue calificado por los dirigentes de las organizaciones como una demostración de racismo y autoritarismo.
Por otro lado, la Educación Intercultural Bilingüe en 2015, emblemático organismo de la autonomía indígena, se puso bajo la autoridad del Ministerio de Educación por decreto presidencial, con lo cual se destruyó un esfuerzo de recuperación del pensamiento, las experiencias, los símbolos propios. Varios de los maestros de los pueblos originarios, fueron desplazados y reemplazados por profesores hispanos que no hablan las lenguas ni conocen las culturas; algunos de estos se atreven a sostener que ni unas ni las otras importan mucho, y hasta hay quien asegura que se puede enseñar a los niños indios “con señas”. Quizás esta medida haya sido la que más evidenció el desamparo estatal que sufren los indios y, al mismo tiempo, la ignorancia del gobernante.
En su afán de destruir los logros de los pueblos ancestrales, Correa quiso fundar una organización paralela y alternativa a la Conaie, cierta Alianza Indígena por la Revolución Ciudadana, pero la Conaie no se lo permitió, lo que desencadenó la furia del mandatario, que apostrofó a los del dirigentes como “indios fracasados”.
El manejo exclusivo de los recursos hídricos por parte el Estado terminó con la Ley de Aguas anterior y favorable a los pueblos originarios. No se respetaron las formas ancestrales del manejo del agua, basadas en antiguos saberes. Los indígenas calificaron a esta medida como “privatizadora del agua”, así se les despojó de una experiencia espiritual y práctica. La propuesta de crear un Consejo plurinacional para el manejo del agua no fue aceptado por el gobierno,
En 2014 Correa pretendió despojar a la Conaie de su casa, sede de la organización, y les dio a los dirigentes un plazo de 15 días para desalojarla. Se recibieron reclamos del mundo en protesta por la arbitraria medida. El respetado lingüista y pensador político Noam Chomsky declaró que semejante abuso significaría irse contra “una práctica política ejemplar”. Tal fue la tempestad de rechazos que el gobierno tuvo que retractarse.
En agosto del 2015, los indígenas se rebelaron por oponerse a ciertas enmiendas constitucionales. Los líderes indígenas Salvador Quihpe y Yaku Pérez fueron ferozmente reprimidos, vejados y encarcelados.
La Conaie, Ecuarunari y Pachacutik se unieron al grupo de ecologistas Yasunidos, en 2016, en contra del proyecto del presidente Correa de explotar petróleo en el Parque Nacional Yasuní, al que el mandatario había ofrecido proteger. Las fronteras territoriales y los pueblos amazónicos quedaron sin el resguardo del Estado y expuestos a la transnacionalización.
La maniobra correista es, en los últimos tiempos, el intento más descarado en que se ha empeñado el poder político de borrar las identidades de las nacionalidades y pueblos indígenas, para lo cual se han atizado los prejuicios más oscurantistas. Se ha tratado de excluir de las prácticas democráticas a esos pueblos milenarios No se ha omitido la continuidad de la explotación económica y social, ahondada por las desventajas lingüísticas y culturales.
Con el presidente Moreno la situación, en lo sustancial, no ha variado. En su administración no se ha sentido la necesidad de promover en la práctica al Estado plurinacional. Con la reiterada declaración de no disponer de fondos, ni siquiera se ha repuesto un número suficiente de escuelitas comunitarias. Es evidente que no se ha tenido la intención de controlar la avidez del capitalismo depredador que amenaza con acabar los territorios indígenas.
No sabemos qué actitud tendrá el gobierno que se elegirá en los próximos meses. Mucho dependerá de la idoneidad política de los propios indígenas y del nivel de conciencia social de los partidos. La ausencia de una opinión favorable al avance de formas de autogobierno indígena de parte de quienes hacen opinión es clara. En el país no acaba de estructurarse una política que impulse la constitución real del Estado plurinacional. Ni siquiera se asume con claridad que la actual organización sociopolítica del Estado-nación dominante es ajena a los pueblos originarios. La ausencia de firmes fundamentos jurídicos para un nuevo Estado pasa inadvertida.
Mientras tanto los indígenas viven aún con sus principios de igualdad y solidaridad en las comunidades Pero son invisibles para el poder, la tierra está cada vez más pobre y agotada, se subsiste con recursos muy limitados, se dispone de poca agua, luz y energías. A muchas comunidades solo se puede acceder a través de chaquiñanes. Solo algunas comunidades “prósperas” cuentan con elementales maquinarias agrícolas y unidades de transporte automotor. Los productores indígenas del campo apenas logran con mucho esfuerzo incorporarse al mercado. Se echa de menos el apoyo estatal para mejorar el cultivo de productos que ahora son apetecidos en casi todo el mundo (quinua, camote, mellocos). Lo mismo ocurre con el cacao y el fruto de la chonta, de la Amazonia.
La salvación de lenguas, culturas e historias de los pueblos requiere programas oficiales e instituciones especializadas. Ahora hay profesores en todas las lenguas que son, al mismo tiempo, investigadores y promotores; unos pocos son enrolados por el Ministerio de Educación.
En las negociaciones con las petroleras y mineras, se omite la consulta previa a los indígenas. No hay representantes idóneos en la Asamblea Nacional. Ni siquiera se conocen los peligros que acechan a los pueblos nativos de la frontera norte, cercados muchas veces, por el conflicto colombiano.
Las ciudades son inhóspitas para la gente que sale de las comunidades, la falta de lengua y cultura hispanas, agrava su situación laboral. Hace algún tiempo hubo el plan de montar un Centro Cultural de Tradiciones Indígenas (cine, literatura, música, danza, telares, bordados, videos) con el apoyo del municipio de Quito, pero cuando se produjo el cambio de autoridades y funcionarios la nueva administración se desentendió del proyecto.
El Estado ecuatoriano despoja sistemáticamente a los derechos indígenas de sus derechos. Se apropia de las funciones de los pueblos y les exige el cumplimiento de sus decisiones. La política ecuatoriana en relación a los herederos de los pueblos originarios no tiene ni compromiso ni justificación.
Quito, julio 2020.
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- El presente artículo incluye fragmentos de una entrevista que hizo a su autora el doctor Philipp Altmann y la actualización informativa necesaria hasta la fecha.
** Ileana Almeida es Profesora jubilada de Historia de la Arquitectura de las Civilizaciones Antiguas en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo y de Semiótica de la Cultura en la Facultad de Comunicación Social (Universidad Central del Ecuador). Magister en Filología por la Universidad de la Amistad de los Pueblos, de Moscú, con la tesis Introducción a la Clasificación Genealógica, Tipológica y Areal de las Lenguas Indígenas del Ecuador. Investigadora de la cultura quechua. Ha publicado varios libros (Historia del Pueblo Quechua, Mitos Cosmogónicos de los Pueblos Indígenas en Ecuador, Entre Ciudadanía y Nacionalidad). Ha dictado cursos y conferencias sobre estos temas en varias universidades del país y el extranjero. Ilalo2@hotmail.com
*** Philipp Altmann es profesor de Teoría Sociológica en la Escuela de Sociología y Ciencias Política de la Universidad Central del Ecuador. Doctor en Sociología por la Universidad Libre de Berlín con un trabajo sobre discurso y movimiento indígena ecuatoriano. Estudios de Sociología, Antropología Cultural y Filología Española en la Universidad de Tréveris y la Universidad Autónoma de Madrid. Campos de investigación: movimientos sociales, etnicidad, Análisis del discurso, Sociología Cultural. paltmann@uce.edu.ec
Esta relación histórica de la doctora Ileana Almeida debería se una lectura obligada para todos. Es un fenomenal resumen de la las luchas del movimiento indígena, sus logros y fracasos, y más que todo señala el derrotero que debemos buscar, ahora que algunos estamos aturdidos por el ambiente electorero.
Relación histórica de Ileana Almeida, lectura necesaria. Fenomenal resumen de la las luchas del movimiento indígena, sus logros y fracasos. Señala el derrotero que debemos buscar, ahora que algunos estamos aturdidos por el ambiente electorero