Por: Cristóbal Quishpe Lema
Kichwa del pueblo Panzaleo
Diciembre 18 de 2019
En todos los tiempos y en todas las etnias del mundo ha habido personas o pueblos enteros que por distintas razones se “escaparon” o a escondidas se pasaron de un bando a otro bando, de una etnia a otra etnia, de una creencia a otra creencia. En la historia se ha visto que cuando una persona no está conforme con su grupo, se aparta y va a otro grupo, no sé si por buscar mejores días o por inconformismo de su etnia original, esto ha pasado especialmente con indígenas de Apya Yala, hoy América.
Lo dicho anteriormente se puede ver lo que pasó en México. El sometimiento de los mexicas o aztecas no se dio por un poderoso ejército español, sino por cerca de 9. 500 soldados indígenas se aliaron a los españoles y estos aliados fueron precisamente los totonacas de Cempoala, los tlaxcaltecas y los habitantes de Cholula.
Los españoles denominaban Indios auxiliares, a los indígenas que eran integrados a las tropas conquistadoras españolas (principalmente en crónicas y textos históricos antiguos) con el fin de prestar apoyo en sus avances y operaciones militares, durante la Conquista de América. Actuaban como guías, traductores llamados lenguas, o porteadores. La denominación era igualmente extensiva a las formaciones militares compuestas por los mismos indígenas, que solían cumplir funciones de exploración, guerrilla, cubrimiento de flancos y reserva de batalla. Los llamados indios auxiliares se mantuvieron activos, pasada la conquista, durante algunas sublevaciones, en zonas fronterizas y áreas de guerra permanente, como sucedió en Chile en la Guerra de Arauco y los indios amazónicos en Perú durante las Guerras de sublevación loretana.
En el caso del Ecuador Cotopaxi lo que pasó con Sancho Hacho Pullupaxi, señor de las tierras de Tacunga, se alió con los españoles, a cambio le dieron algunas prebendas, como llevar sombrero, chaqueta y sable…
En el Perú y en el Ecuador se le tilda de traidor a Felipillo, los españoles le bautizaron como Felipe. Su verdadero nombre era Hualpa De niño aprendió en las vecinas costas de Tumbes precariamente el quechua (Kichwa), suficiente para hacerse entender y comprender a medias y nada más; fue allí donde Francisco Pizarro lo capturó junto a otros dos nativos para enseñarles español y prepararlos como intérpretes.
Felipillo no fue ni bueno ni malo, simplemente siguió el ejemplo de sus amos los conquistadores que sin ningún derecho ni recato vinieron a tomar lo ajeno como propio y encima bravos. Lo que llama la atención en Felipillo no es su escasa moral sino sus agallas para tratar de engañar a los españoles con chismes y cuentecillos del Inca. En 1.528 lo llevó a España «pues era gracioso, sabia ganar las voluntades a cuantos comunicaba y era pies y manos en el servicio de su amo» como lo afirma Gonzalo Fernández de Oviedo.
Felipillo se convirtió en uno de sus peores enemigos de Atawallpa, dando a los españoles noticias alarmantes sobre supuestos preparativos bélicos, cuando lo que deseaba era que mataran al Inca para quedarse con una de sus numerosas mujeres, de la que se había enamorado.
Ajusticiado el Inca Atawallpa, Felipillo reclamó su parte de la herencia y se acostó con la mujer de Atahualpa, honor sublime dada su condición de plebeyo y provinciano. Entró al Cuzco entre los vencedores. Puesto que Felipillo pertenecía a una tribu rival, y estaba de amores con la joven Cusi Rimay Ocllo, una de las concubinas de Atahualpa, deliberadamente tradujo los mensajes de Pizarro de manera imprecisa al rey Inca.
El joven Felipillo que sirvió de intérprete a los españoles durante la invasión y cuyo nombre, desde aquellos tiempos, ha sido utilizado como sinónimo de traidor y entreguista. Menos aún conoce que en poco tiempo reflexionó sobre sus actos, se convirtió en héroe de la resistencia de Manco Inca contra los españoles y fue muerto por estos de la misma forma que, dos siglos después, moriría Túpac Amaru II.
Cuenta la historia que cuando se aproximaba el tiempo de las decisiones sobre la suerte del Inca, Felipillo distorsionó los testimonios de los nativos e hizo lo posible para convencer a los españoles de que Atahualpa complotaba contra ellos para hacerlo ejecutar. Se dice que actuó de este modo pues deseaba evitar la feroz represalia del Inca y salvar su pellejo. No tenía a nadie a quien pudiera llamar pariente, amigo o coterráneo. Aprendió sobre la marcha un idioma extraño cuyas palabras le exigían verter a otro idioma extraño que acababa de conocer. Y, por ello, condenado a inferir, deducir o inventar las traducciones que se le exigían a diario para sobrevivir. Descubierto al fin, buscó la protección de los españoles a quienes había servido, pero éstos pagaron su actuación con la única moneda con que se paga a los traidores: La muerte.
No será que en estos momentos algunos que pertenecemos en algo a las etnias ancestrales también estamos actuando de la forma como Felipillo, lo peor es que para aparentar a los medios de comunicación, algo hablamos en lengua ancestral, ponemos poncho y sombrero en el caso de los serranos y los de otras regiones plumas y collares. Empezamos ofreciendo el oro y el moro a nuestros congéneres, ganamos por voto para alguna dignidad pública, pasamos sin hacer nada en los cargos públicos y cuando nos piden cuentas, nos enojamos y por la sed de figurar como político nos cambiamos de camiseta y sin ningún empacho tiramos piedras y lodo a los que nos pusieron en la cumbre.