Por: Apawki Castro
Kichwa-Panzaleo, Comunicador Social, Dirigente de la CONAIE
Foto portada: Tananocreo
Agosto 23 de 2020
El hecho de que la supuesta intelectualidad o más bien, los intelectualoides, expresan lo que «el papel aguanta», lamentablemente desde el escritorio y el desconocimiento, me animó a referirme estas líneas.
El rol intelectual supone contener ciertas cualidades para expresar ideas a partir de un acercamiento a la realidad, por ello, es necesario comprobar la «hipótesis» sobre un planteamiento que se haga, y no emitir opiniones como verdad absoluta simplemente desde la superficialidad, sin considerar la particularidad del sujeto u objeto en estudio, en este caso, el movimiento indígena, la CONAIE.
He analizado algunos artículos publicados en varios medios de prensa, unos como meras opiniones, otros que equivocadamente se han saltado el proceso de comprobación de la hipótesis y expresan meras interpretaciones, pero que pretenden imponer con la categoría de «verdad» desde la visión subjetiva de quien escribe y que responde a sus intereses, lamentablemente, desde su marco referencial, de un grupo social, económico y político al que pertenece, a la clase social a la que se debe.
Comprender al movimiento indígena no recae en estudiar a personalidades individuales o figuras políticas, esto es un error; la esencia, el fondo, está en la dinámica colectiva, fuente de todas sus actuaciones. Por eso se dice, que el rango de presidir o dirigir al movimiento indígena en toda su estructura es pasajero, lo que perdura y se sostiene son los principios, planteamientos, proyectos e ideas plasmadas desde el germen de la lucha social que fue sistematizado en el proyecto político de la CONAIE de 1994. Ahí está el enfoque y la dirección para quienes estamos transitoriamente en los espacios de toma de decisiones colectivas.
Varios escritos, sobre todo de ciertas personalidades adscritos al quehacer de la comunicación, aluden a que en este tiempo electoral la CONAIE pretende sostener tesis e intereses individuales, personales, incluso plantean que es justo eso el motivo del aparente fraccionamiento del movimiento indígena, pero quienes estamos al frente de la CONAIE, de forma pasajera hasta cuando dure nuestro período, sostenemos en el ámbito político-ideológico, los planteamientos y las decisiones de las bases, porque ahí está la fuente principal de su poder.
El Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik fue creado con un propósito, que es el de canalizar las demandas sociales hacia las instancias sujetas a la administración pública, por eso como un instrumento, brazo político electoral, para disputar desde adentro la elaboración de leyes y políticas públicas que contengan la voluntad de la mayoría del sector indígena excluido, marginado, desde la época de la conquista. Mientras que en lo territorial la intención era implementar una administración públicas apegados a la realidad del pueblo, del modo y forma de vida de las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades contemplados en la Constitución como titulares de derechos, que sería canalizado en los planes desde los Gobiernos Autónomos Descentralizados.
Voceros y voceras de algunos medios de comunicación masiva y digital que responden ideológicamente a distintos sectores de derecha, correismo, morenismo, indigenistas, puritanos («indígena puro»), o a la supuesta izquierda han optado por colocar sobre sus escritos adjetivos contra la CONAIE y sus cuadros visibles para ocultar los intereses bajo los cuales están actuando en la toma de decisiones desde el brazo político electoral, Pachakutik.
Han intentado colocar la idea de que la CONAIE está siendo conducida por el correísmo para ocultar sus acuerdos con la derecha, mientras que las cabezas del correismo (supuesta izquierda) se sujeta en el planteamiento de que el movimiento indígena le traicionó por pactar con el gobierno y no derrocarlo en octubre 2019 para alzarse como los únicos representantes de la izquierda. De igual forma, el gobierno impulsa la campaña de deslegitimación de la CONAIE aludiendo que existe una fisura entre intereses personales de la dirigencia y las bases, mientras tanto los supuestos intelectuales de izquierda se escudan en decir que ahora los planteamientos de la CONAIE son apegados al correismo. Y para rematar, «libre pensadores», «indígenas puros», asechan contra la juventud y aseguran que es la «malcriadez» y «salvajismo» la discrepancia, ocultando de este modo la irrupción de una nueva generación que busca volver a los principios de lucha que tanto han sido manipulados; por último, se escudan en la violencia política de género cuando se critica las decisiones más allá de cualquier tipo de orientación.
La dinámica interna del movimiento indígena es diversa porque existe tendencias de pensamiento que produce disensos y debates que fortalecen la existencia de esta agrupación reconocida por la lucha que ha emprendido desde los años 90 y más atrás. Lo que se puede decir con toda claridad y frontalidad es que la CONAIE aglutina la fuerza política organizada cuyo camino es la lucha social que cobija a los explotados del campo y la ciudad. Por ello, las elecciones son pasajeras, la lucha desde los sectores organizados del campo y la ciudad en defensa de los derechos, de los derechos colectivos, humanos, de la naturaleza es duradero de largo alcance hasta conseguir una real transformación de las estructuras sociales.