Por: Patricio Pilca
Académico, sociólogo
Foto portada: Muro Hernán Zúñiga Albán
Noviembre 23 de 2020
“La agitación se comunicaba a través de la gente en grandes oleadas” J. Gallegos Lara A Joaquín…
Sin lugar a dudas, una de las figuras más notables en las reflexiones sobre el 15 de noviembre de 1922, fue Joaquín Gallegos Lara (1909-1947). Fue uno de los intelectuales que tensó la cuerda entre literatura y política, para expresar su relación conflictiva. Está relación vino dada por su herencia paterna, quien tuvo una vinculación directa con el liberalismo alfarista. En 1895, el padre de Joaquín fundó un periódico llamado “El Cáustico”, donde su base era la difusión del liberalismo. Lamentablemente en 1910, cuando Joaquín tenía apenas un año de nacido, muere en un tiroteo. Desde ahí en adelante el huérfano Joaquín tendrá que luchar por su vida y encontrará en la política esa herramienta que le permita re-crearla, y a la vez pensar esas primeras expresiones del comunismo en el país. Su incapacidad física no le impidió aprender algunas lenguas como: francés, inglés, italiano, alemán, ruso, además de manejar a la perfección el español. Es más, esa incapacidad fue un impulso en la vida de Joaquín. Quizá una de las imágenes en la memoria colectiva es aquella que se muestra en la película “Entre Marx y una mujer desnuda”, donde Falcón carga a Gallegos Lara en sus hombros a todas las reuniones del Partido Comunista. Bien se puede afirmar que su incapacidad, le permitió ser un gran conocer del marxismo de su época.
Si bien en 1922 Joaquín tenía apenas 11 años de edad, ese hecho marcó, igual que a toda una generación de intelectuales (especialmente en la ciudad de Guayaquil), su accionar político y literario, tanto que muchos de los escritos surgidos en la década del 30 contienen la marca de 1922 en sus obras. Era el surgimiento del “realismo social”, que en el “corto y profundo” siglo XX, fue una de las expresiones artísticas y políticas más significativas. Por supuesto el realismo tenía una relación directa con las expresiones políticas de la naciente izquierda ecuatoriana. Tal como dice Ángel F. Rojas, la literatura en el caso ecuatoriano, ha estado muy relacionada a la historia política del país, y sin lugar a dudas el grupo más sobresaliente en esta lid fue el “Grupo de Guayaquil”: José de la Cuadra, Joaquín Gallegos Lara, Enrique Gil Gilbert, Demetrio Aguilera Malta, Alfredo Pareja Diezcanseco.
Al interior de la esfera cultural, se mostraba los primeros atisbos, destellos, de una izquierda que buscaba en la revolución una forma de transformar el mundo. Por tanto, el realismo juntaba lo literario y lo político en un juego dialectico que tenía en la transformación la potencia política.
Un ejemplo de aquello fue el libro de cuentos “Los que se van” (1930), ese que para muchos escritores ha sido uno de los hitos en la literatura ecuatoriana, donde se marcó “un nuevo rumbo” de las letras del país, donde se resquebrajó la castiza lengua española.
En 1939 se conocen Joaquín y Nela Martínez, esa compañera política y sentimental que apoyó buena parte de la vida intelectual de Gallegos Lara. En 1982 ella editó la novela “Los Guandos”, la primera parte escrita por Joaquín, la segunda por Nela.
En 1946 Joaquín escribió una de las obras que “refleja” la realidad de 1922, “Las cruces sobre el agua”. Debe ser, a no dudarlo, una de las obras que se apoya en el realismo para retratar la ciudad de Guayaquil en las primeras décadas del siglo XX, esa ciudad que mantuvo (mantiene) un conflicto con el capital, que habla desde los barrios silenciosos y marginales, mostrando la masacre desplegada por la autoridad estatal en defensa del orden burgués. Las cruces sobre el agua fueron la representación de los fallecidos en 1922.
Recordar el 15 de noviembre, es justo volver la mirada hacia esas figuras que se han ido perdiendo en el intríngulis de la coyuntura o en esos desvaríos de lo político que canoniza lo institucional, dejando de lado todo aquello que potencia esa política más allá de la institución.