El papel de los académicos es escudriñar las teorías científicas, políticas, religiosas, etc. En ello ayuda estudiar la historia de la humanidad en sus diversas culturas, desde por lo menos hace un millón de años. No es suficiente estudiar las ciencias de los últimos tres mil años de la cultura occidental. La educación «oficial» ha caído en esta trampa.
Todas las culturas han aportado con algo importante a la humanidad. También todas ellas han sido imperfectas.
Hace cien mil años inventamos las lenguas y el conteo en matemáticas. Hace cincuenta mil años inventamos las diferentes formas de escritura. Hace doce mil años la agricultura, inventamos los estados, las estructuras de poder.
Para legitimar el poder y buscando la transcendencia más allá de lo mortal, inventamos las religiones, al principio con diosas y dioses. Luego en Oriente Medio y Egipto, recién hace cinco mil años, inventaron el monoteísmo con un dios masculino. Esto se rodeó de mitos.
El problema no son los mitos, sino el que luego estos mitos del Medioriente, se los haya enseñado como si fueran historia, textos “sagrados” universales. El problema es haber dividido a la humanidad en buenos y malos con lógica bivalente. Sólo existimos unas personas algo mejor que otras, pero no unos buenos y otros malos. En política han hecho lo mismo.
Usando esta estrategia, han surgido personas sedientas de poder y vanidad con discursos de derecha o de izquierda que han sometido a los pueblos. Los pueblos sufren para liberarse de estos dictadores.
Los indígenas tampoco estamos exentos de caer en los vicios del Poder. Por eso, todos, humildemente tenemos que avanzar en la interculturalidad superando estos mitos, sin endiosar a ningún caudillo. Las altas autoridades de un país jamás deben ser reelegidas, pues el poder es un servicio voluntario temporal, no una profesión.
Por: Luis Montaluisa. Kichwa del pueblo Panzaleo, académico. Foto portada: En Amawta. Diciembre 30 de 2021