El concepto de revolución, históricamente, se lo ha pensado como patrimonio de la izquierda, es más, generalmente, en el imaginario social, cuando se piensa en transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales, enseguida se las atribuye a la izquierda política. Sin embargo, se debería decir que, históricamente también, desde la derecha se gestan cambios y transformaciones radicales, es decir que existe una derecha revolucionaria, que brega porque su cosmovisión alrededor del poder político, económico, social y cultural [cuyo fundamento es el liberalismo de mercado y los principios que de ahí se reproducen] se posicione como hegemónica. Es decir, una ideología que gira sobre los principios del mercado y su principal ley: oferta y demanda, como eje central para mantener este control o para recuperarlo.
En nuestro país a estas nociones se las debe añadir la religión, el moralismo curuchupista y el arribismo. Es decir, una amalgama de lo liberal y lo conservador en un solo puño, que, en ocasiones, como en la actual, se representa en un gobierno. Es un abigarramiento que condensa dos formas ideológicas por mantener su statu-quo, y para esto llevan a cabo las transformaciones que sean necesarias, una de esas re-adecuar el papel del Estado para re-encaminarlo.
Si eso sucede con el concepto de revolución, lo mismo se debe decir del de intelectual, se ha pensado que los intelectuales orgánicos son propiedad casi exclusiva de la izquierda. Desde Gramsci se pensó que cuando se habla de intelectual, enseguida se hace referencia a la figura de un sujeto de izquierda que proclama la revolución. Nada más alejado de la realidad, la derecha revolucionaria también tiene su cuerpo de intelectuales e ideólogos [en distintos niveles y con distintas formas de llegar al público] trabajando diariamente, creando signos y símbolos que son receptados por la sociedad en su conjunto.
En el pasado [aún hoy], los sacerdotes [ahora ayudados por los pastores] son los intelectuales más efectivos, pues realizan su trabajo de forma tan práctica, que semanalmente promocionan un discurso; en la actualidad, donde existe un fuerte dominio de la información a través de los medios de comunicación, esta actividad es realizada por los comunicadores, se han convertido en esos intelectuales que diariamente venden un tipo de discurso, imaginario y narrativa, a favor del poder político de la derecha. Nos venden lo que cotidianamente consumimos, desde el noticiero hasta las telenovelas con tramas irrelevantes que pasan las 24 horas del día, martillan en nuestras cabezas un tipo de comportamiento. Los medios son una especie de caja de resonancia que promociona un tipo de discurso.
Solo en este sentido puede entenderse las programaciones de los canales “nacionales”, por ejemplo, Teleamazonas y Ecuavisa, por colocar los canales más cercanos que nos venden un tipo de narrativa e imaginario todos los días. Pero no solo eso, en la era de la información y la digitalización, este tipo de intelectuales también se han trasladado a las redes sociales. Y claro, hasta aquí no hay nada bajo el cielo, así actúan siempre las élites, lo preocupante es que en los actuales momentos en el país existe una única narrativa construyendo la opinión pública, al menos eso hacen los grandes canales nacionales. Los contrapesos han sido eliminados paulatinamente.
Actualmente, este cuerpo de intelectuales trabaja en diversos frentes: desde la comunicación, con mensajes cotidianos, hasta las esferas más altas del poder, donde se crean y se piensan los planes de gobierno; las políticas públicas que luego son ejecutadas por la burocracia estatal que nacen de estos grupos. Es decir que el trabajo de los intelectuales recorre todas las esferas de lo estatal, para irse anclando en políticas y planes gubernamentales que lo luego se concretan en nuestras cotidianidades.
Desde el año 2005, en el Ecuador apareció una de las formas actuales de la intelectualidad, los think thank [tanque de pensamiento]; en ese año se creó Fundación Ecuador Libre, un espacio que reflexiona sobre la coyuntura nacional e internacional con personajes de la derecha mundial y regional. A la cabeza de este experimento estuvo el ahora presidente de la república, Guillermo Lasso. Si uno quiere buscar la fuerza de la derecha a nivel regional tal vez debería hurgar en estos espacios académicos para encontrar algunas respuestas.
Esta fundación tiene entre sus filas a personajes políticos relacionados directamente con la derecha ecuatoriana, entre otros están: Guillermo Lasso [Presidente del Ecuador y Presidente de la fundación], Aparicio Caicedo [actual Consejero Presidencial], Carlos Andrés Vera [Director de cine y abiertamente liberal], Juan Carlos Holguín [hombre cercano a Guillermo Lasso], Ana Belén Cordero [Asambleísta por CREO, el partido de gobierno], Pablo Arosemena [actual Gobernador del Guayas] y un largo etc. Bien se podría hacer una genealogía del gobierno desde los miembros que son parte de la esta fundación, y desde ahí encontrar pistas para mirar como aquella ideología se va introduciendo en el aparato estatal.
Por supuesto, en las condiciones actuales, estas reflexiones se plasman y toman cuerpo en las políticas del gobierno, no solo porque muchos de los integrantes de esta fundación son parte del gobierno sino porque los programas nacionales nacen con la impronta liberal.
Como se ve la derecha revolucionaria va actuando, con sus intelectuales y reproduciendo mensajes de forma masificada, va creando su revolución, va creando su dominio; afortunadamente, como en todo proceso hegemónico, en las redes también existen intelectuales que equilibran el poder del poder, están los intelectuales críticos que filtran la hegemonía, que la cuestionan desde sus trincheras.
Por: Patricio Pilca. Académico, sociólogo. Foto portada: https://jorgenotodovale. Septiembre 23 de 2021.