En los últimos tiempos, Ecuador vive otra de las coyunturas políticas más vergonzosas de la historia. A diario sale a la luz pública sinnúmero de actos de corrupción, chantajes, coimas, amenazas, manipulación de la información, persecuciones, abuso del poder, acuerdos y repartición de funciones, entre otras prácticas dudosas en las que muchos altos funcionarios del gobierno anterior y algunos del gobierno actual se han visto involucrados directa o indirectamente.
Con un ex vicepresidente de la República sentenciado por delito de peculado con la máxima pena de 6 años de prisión, varios ex funcionarios detenidos y en procesos de juzgamiento, un ex contralor del Estado y algunos ex funcionarios de alto rango fugados del país, un presidente de la Asamblea Nacional destituido, veintena de ex ministros del Estado con glosas, entre otros malestares de administración pública, no es para menos que la dignidad y el prestigio del quehacer político ecuatoriano estén por los suelos, y lo tenaz es que, no se ve ninguna otra alternativa a más de seguir juzgando con un sistema de Justicia poco efectivo y sin credibilidad.
Ante esta avalancha de bochornos politiqueros, toca apelar a la sabiduría del pueblo para instaurar una sanación mental y espiritual, requerimos procesos que permita enrumbar a una nueva forma de organización social y del quehacer político, requerimos un cambio mental profundo, una descolonización de pensamientos y de prácticas individuales y colectivas. Nos hemos acostumbrado, acomodado y hasta naturalizado lo malo, por eso se escucha frases como: “aunque haya robado, pero hizo obras” “el que llega al poder, llega para robar” “pendejo seria tener tanta oportunidad y no sacarse una parte”, entre otras frases.
El 14 de septiembre del año 2015, la Organización de Naciones Unidas adoptó como parte de sus principios el “Ama llulla (no ser mentiroso), ama shuwa (no ser ladrón) y ama killa (no ser ocioso)”, principios que para la gran mayoría de las comunidades indígenas Kichwa hablantes son normas sociales con las que han vivido (según la historia) desde el régimen incaico, si sólo si adoptáramos estos tres principios cambiaría la visión de convivencia social y práctica política del país, porque como efecto colateral positivo obliga a adoptar como norma y ética personal el respeto, la reciprocidad, la solidaridad, la humildad; demandaría abandonar del egocentrismo, el egoísmo y la ambición personal.
Como notamos, afortunadamente si hay salidas, sin embargo, la pregunta es que, si honestamente ¿estamos preparados para ese cambio?, ¿deseamos y creemos importante la sociedad y las estructuras estatales aquellos cambios…?
La política de Ecuador necesita sanación mental y espiritual, artículo de Angel Criollo, en Riksinakuy. 13-03-2018
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