Por: Rosendo Yugcha Changoluisa
Pueblo Kitukara, Comunicador Social
03 de gosto de 2018
El supuesto fin de la historia y los desvaríos de un trasnochado devoto del apocalipsis a quien se le ocurrió proclamar la caducidad de las ideologías, parece ir ganando terreno en nuestra sociedad, de la mano de ciertos comportamientos políticos que más que responder a principios ideológicos, revelan una profunda crisis de valores socapada justamente por ese discurso fatalista.
El desequilibrio al que ha llegado el ser humano y el planeta no es una fatalidad impuesta por el destino, es una realidad creada culturalmente por él mismo. No se pierde la ruta en el camino por un designio, simplemente se escoge otra opción. La mayoría de la humanidad ha optado por el camino de un progreso basado en la acumulación de capital que lo separa de la naturaleza y de su dimensión cósmica.
La decisión humana que sólo busca la rentabilidad de su inversión y el incremento de sus ganancias lo irá alejando cada vez mas de su origen cósmico, desentendiéndose de su responsabilidad en los desajustes del ecosistema, el calentamiento global y mucho menos de una posible redistribución de la riqueza.
El desgaste de la tierra por el monocultivo, la inmensa cantidad de basura en las ciudades sin ningún tratamiento previo de reciclaje con la contaminación de ríos, mares y océanos son consecuencia del egoísmo humano fomentado por un sistema cultural basado en el consumismo, el derroche y la descartabilidad.
Frente a ese verdadero escenario apocalíptico, existen otras voces defensoras del equilibrio de la naturaleza que proponen modelos donde el centro del desarrollo sea el ser humano. Esta posibilidad afecta obviamente a grandes intereses transnacionales tenedores de los capitales mundiales que van a impedir a toda costa que el mundo sea manejado por otras manos y desde otra lógica.
Algunas de estas voces continúan disputando el poder político y económico de las naciones, otras afirman el terreno para la vigencia de los pueblos, nacionalidades, comunidades y barrios dentro de esas naciones, proponiendo el diálogo intercultural e intergeneracional como uno de los caminos para retornar al origen cósmico, al equilibrio planetario y la vivencia del respeto a la diversidad cultural.
En este escenario, sería de suma importancia verificar si en realidad alguien puede afirmar que estamos viviendo el fin de la historia y de las ideologías. Es decir, si alguien podría estar arguyendo que no importa ser de izquierda o de derecha o incluso que hay la posibilidad de quedarse en el centro para favorecerse de ambos lados. Al final por sus obras los reconocerán.
Así también es trascendental analizar el camino para llegar a una nueva unión de las izquierdas en un contexto ecuatoriano donde el odio, el resentimiento e incluso la venganza corroboran esa crisis de valores causada justamente por la falsa alarma de un fin que, estamos seguros, nunca llegará.
Con asombro vimos la caída del muro de Berlín y el avance arrollador del capitalismo sobre los países que estaban, tras la cortina de hierro y aún sobre los de la península indochina. En América hemos observado como a ningún régimen que escoja un camino político diferente, vemos como Cuba ha resitido los bloqueos, y también en la infancia oímos de la caída de Allende y el establecimiento de dictaduras asesinas en el cono sur. Vimos la lucha en centroamérica, y vemos fracasar algunas iniciativas del socialismo del siglo XXI. Pero también hemos visto que la división de la izquierda es algo crónico. En la universidad se veía la división entre «chinos» y «cabezones», entre castristas, guevaristas y maoístas, amén de los mariateguistas. Aún en el movimiento indígena hay una división desde que tengo uso de razón.
Perdón que me extendí. En resumen lo que quería opinar es que la división en la izquierda es algo anacrónico, y para mi punto de vista no es por el tema de «el fin de las ideologías» pues esto lo único que a logrado es que muchos pierdan la esperanza y se pasen a otros bandos. Pienso que la unión monolítica de las izquierdas es una utopía, algo deseable pero no realizable. Una quimera. A lo mucho se puede esperar una unión coyuntural frente a alguna lucha específica como ya ocurrío en las luchas contra el ALCA, pero luego de lo cual cadauno vuelve a su reducto intlectual.
No es que sea pesimista, ni tampoco esta circunstancia nos.debe desanimar; sino que nos debe nos debe inspirar para abrir más nuestro nivel de comprensión hacía los demás grupos.
Como siempre hay otros obstáculos más terrenales como la envidia, el egoísmo, el odío y la pequeñez de espíritu.
Gracias Rosendo. Me parexe un artículo genial.