El 9 de septiembre de 1983, tenía yo a la junta militar chilena a dos metros de mí cuando apretaba la cámara marca Yasika mientras los cuatro generales, con Agusto Pinochet un paso por delante de los otros tres, saludaban y la tropa formaba una guardia impecable en frente a la junta y detrás de mi espalda.
Un evento surrealista este Mes de los Mártires de Chile.
En los barrios/colonias en Chile, llamados «poblaciones», las mismas fuerzas militares y los carabinieros militarizados habían asesinado en el mes de agosto a 38 pobladores con fusiles de guerra, manifestantes que recordaban el derrocamiento del presidente Salvador Allende una década antes y a los que se resistían al fascismo chileno y sus patrocinadores de la CIA y el Pentágono.
Pero a pesar de las masacres y el ejército en las calles, la calma de cementerio de diez años que se había instaurado en Chile tras la victoria temporal del fascismo el 11 de septiembre de 1973, se había roto.
Aunque las calles de Santiago el 9 de septiembre de 1983 se llenaron de miles de soldados del ejército, carabineros y las ricas y perfumadas damas y caballeros de la derecha chilena, el pueblo había perdido el miedo a las bayonetas.
Cuando ahora vemos diariamente a los hermanos de armas peruanos de Pinochet marchando por las calles de Lima y ahora también de Cusco, nuestro pensamiento se dirige sin que nos damos cuenta al evento de hace casi 40 años en Santiago de Chile.
Los generales peruanos y sus comisionados en el Congreso del país creen que haciendo una demostración militar de poder que llaman «una manifestación por la paz» creen que pueden neutralizar el levantamiento popular en el país.
En Cusco, en la misma Nochebuena, los señores y señoras de las botas militares marcharon por las calles pero fueron recibidos con gritos de «asesinos» o «dejen de matar peruanos», incluso según un diario «oficial» como La República que señala que «al menos el 70% de los participantes iban uniformados, así como cadetes y reclutas».
Para los «socialdemócratas» del partido APRA, demostraciones similares de las herramientas del fascismo de Estado son una expresión de que «el pueblo peruano quiere la paz». Así de bajo han caído los herederos de la «socialdemocracia» peruana. Pero luego el APRA se alía con los fascistas del clan Fujimori y la derecha del Opusdei en el país en su afán de sofocar las legítimas demandas del pueblo con brutal violencia y balas.
Pero los fascistas creen que pueden lograr esa ‘paz’ con la ayuda de bayonetas y fusiles, que en Perú han matado a 30 pobres y herido a cientos de personas desde que comenzó el levantamiento popular hace tres semanas tras el golpe de Estado en el Congreso.
Pero al igual que el pueblo chileno, el peruano reclamará sus derechos y enviará al fascismo y sus representantes, donde corresponda, al basurero de la Historia.
Por: Dick Emanuelsson, Tegucigalpa-Honduras, Colaborador de Abya Yala Soberana. Foto: Archivos autor. Diciembre 29 de 2022