Texto testimonial, Primera Parte.
El libro que presentamos intenta recuperar la omisión de un hecho importante de la historia del Ecuador. Se trata de un movimiento social paradigmático en la política del país: Mujeres por la Democracia.
El relato del libro está fundamentado en datos recogidos en crónicas y noticias de prensa, en documentos sobre Mujeres por la Democracia del propio movimiento y de autores diversos sobre el tema, y además, en textos sobre acontecimientos del periodo histórico que hemos delimitado.
Mujeres por la Democracia responde fundamentalmente a un clima social formado en nuestro país durante el gobierno de León Febres Cordero. En ese momento coincide una diversidad inédita de fuerzas progresistas: sindicatos obreros, organizaciones indígenas, cristianos de la Teología de la Liberación, luchadores por los Derechos Humanos, grupos culturales, prensa, intelectuales y políticos de avanzada. Juntos formamos una tendencia democrática que brindó la posibilidad objetiva de una interacción estrecha. Los principios de intereses y propósitos fundamentales no se limitaron al marco nacional, se proyectaron también a escala de América Latina.
Antecedentes
En el comienzo, la decisión de constituirse como tal, fue una iniciativa espontánea de un grupo de amigas, que buscaba potenciar la igualdad de género en el contexto público y político del Ecuador. El grupo logró coherencia de pensamiento y acción por encima de las ideologías. En él se integraron marxistas, social demócratas, demócratas cristianas. También se integraron feministas y mujeres que, sin tener una ideología particular, tenían inquietudes sociales. Éramos mujeres de centro izquierda que deseábamos influir en la política nacional. Así, Mujeres por la Democracia se convirtió en una de las fuerzas opositoras más importantes contra el régimen autoritario y despótico del presidente Febres Cordero, en el período 1984-1988. En los años siguientes, hasta 1997, el interés de la organización por los acontecimientos políticos del país se mantuvo vivo y, por algún tiempo más, no se deslindó de las tareas trasformadoras de la sociedad.
El olvido de una de los colectivos de mujeres más originales que haya surgido en Ecuador a lo largo de casi cuatro décadas se debe a dos factores principales. En primer lugar, a la demora de Mujeres por la Democracia para asumir su valor testimonial y, por otro, a la incomprensión y ausencia de evaluación de las organizaciones de mujeres.
Mujeres por la Democracia fue una organización de mujeres ideológicamente diversas, aunque cercanas anímicamente en la predisposición de participar en actividades públicas que condujeran a posibles soluciones de los problemas que afectaban a colectivos o a personas, cuyos derechos son vulnerados por la falta de democracia o de justicia social en el país. De esta manera se consolidó el movimiento conservando la multiplicidad de criterios y enfoques. El nivel pluralista de esta época no ha vuelto a repetirse.
Las distintas posiciones despertaban polémicas teóricas que enriquecían la conciencia de la integración entre nosotras. La aspiración a la Democracia hizo que en el grupo se expresaran cualidades humanas apreciables: la costumbre de trabajar animosamente, la capacidad para ver de forma original cualquier asunto, y la capacidad para alcanzar los objetivos planteados.
La práctica política de Mujeres por la Democracia llevó a la conclusión de que la disparidad social del país no era solo coyuntural, sino del sistema, que hay varias formas históricas de comprender la desigualdad, que las clases sociales son solo una de las formas históricas de diferenciación de la sociedad, y que tales condiciones eran, en principio, susceptibles de cambios a partir de la democracia.
La concepción de la democracia
La política de corte neoliberal instaurada por el presidente León Febres Cordero y su actitud despótica y opresora determinaron el surgimiento de rebelión en muchos sectores sociales que se unieron en un bloque que expresó con fuerza las reivindicaciones de amplios sectores de la sociedad. Mujeres por la Democracia encontró con los sectores en lucha en contra de la tiranía del gobierno de Febres Cordero, un punto de vista en común, miró la situación del país bajo la misma óptica.
La situación era tan grave que el Congreso Nacional pidió la destitución del presidente (21 de mayo de 1987). Sin embargo, el gobierno fue apoyado por el ejército, lo que hizo que se fortaleciera. Entre las primeras acciones del presidente fue rodear con tanques la Corte Suprema de Justicia y comenzó a perseguir sin tregua a sus opositores. Prepotente como era, intervino varias veces en las otras funciones del Estado: La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó las acciones presidenciales por la violación a las garantías sociales.
La iniciativa de Mujeres por la Democracia fue una respuesta fuerte y consciente a la realidad del momento y se encaminó a impugnar las medidas antidemocráticas del régimen
En el grupo entendimos la Democracia como una forma de gobierno en que las atribuciones de las organizaciones sociales y movimientos en lucha fueran mayores y tuvieran incidencia en el proceso de lograr mayor justicia social, respeto por los derechos humanos y los derechos colectivos.
Elevados estos principios a conceptos, Mujeres por la Democracia, apoyó la base social popular de las formas de la democracia, es decir, la democracia participativa y además la directa, de acuerdo a la dinámica de la sociedad ecuatoriana, y practicó a su vez, coherentemente, esta matriz conceptual para canalizar sus propias iniciativas.
Mujeres por la Democracia y la lucha de los trabajadores
En la realización práctica de nuestras aspiraciones, Mujeres por la Democracia apoyó acciones, ideas y proyectos sociales orientados a resolver problemas urgentes de sectores sociales afectados por los excesos del poder, por la ausencia de políticas oficiales, por la desigualdad de clases y de nacionalidad.
Nosotras teníamos el deseo de trabajar de forma nueva por el bien social, lo hacíamos con espíritu creador, nos preparábamos constantemente tanto intelectual como psicológicamente para renovar nuestra participación en las luchas populares. Paulatinamente fuimos adquiriendo experiencia, lo hacíamos con la alegría de comunicarnos con otras organizaciones y con diversos movimientos.
Entre las reflexiones del grupo el tema de la clase obrera y su posición en la sociedad, fue tomado en cuenta como el de uno de los de mayor perspectiva de cambio social, por esta razón apoyamos a los trabajadores en su lucha economía y relaciones más justas y por cambios estatales y económicos profundos. Mujeres por la Democracia comprendió a profundidad, los objetivos del FUT (Frente Unitario de Trabajadores) y admitió que en la historia laboral desempeñaba un papel muy importante al unir en una sola organización a varias organizaciones y sindicatos.
Para entonces se destacaron los dirigentes del FUT (Frente Unitario de Trabajadores) conformado por la Ceols), (CTE) y (Cedoc), con quienes Mujeres por la Democracia sostuvo una comunicación política particular para defender la democracia y los interese materiales de los trabajadores. Los obreros han luchado continuamente con empeño muy decidido, para que en el proceso de trabajo se encuentre mayor igualdad. Sus actos no son momentáneos, constituyen un proceso en el cual se ha necesitado firmeza de principios, Más de una vez Mujeres por la Democracia compartió las calles con los obreros tratando de defendernos de las bombas lacrimógenas y de los chorros de agua que nos perseguían.
Los trabajadores combatieron enérgicamente el autoritarismo de León Febres Cordero, su modelo de institución total, su orientación económica, su actitud intolerante, su política de controlar todos los poderes del Estado. Febres Cordero orientó su política hacia el gran comercio, hacia las grandes empresas económicas.
La clase obrera asumió su papel de importancia reivindicativa que le tocó vivir en el período del presidente León Febres Cordero. Durante los años 1984-1988 el FUT (Frente Unitario de los Trabajadores) organizó siete huelgas para enfrentar al régimen. Una permanente movilización social contra la política económica del régimen exigió derogar las medidas económicas y denunciar la grave situación económica de los ecuatorianos pobres. A estas se sumó la organización indígena Ecuarunari (Movimiento Indígena de los pueblos quichuas de la Sierra) y la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador), que comenzó durante el período que nos ocupa.
Entonces, el gobernante planteó un Plebiscito para consultar si los ecuatorianos estaban de acuerdo en permitir que los ciudadanos pudieran ser elegidos para desempeñar cargos públicos. La pregunta fue percibida como demagógica, populista, con intenciones de confundir al pueblo.
El desfile del 1 de mayo de 1986, fue especialmente oportuno para la protesta social. El FUT pidió votar negativamente al plebiscito que estaba planificando el gobernante. Esta vez desfilaron junto a los obreros y sindicalistas figuras públicas de partidos del centro y de la izquierda favoreciendo con su presencia la conciencia de un “nosotros.”
Al asumir la responsabilidad de poner en práctica iniciativas propias, nuestro movimiento encontró maneras organizaciones de expresión como táctica para que resultaran más claras las ideas que nos motivaban, para hacer más atrayente nuestra participación en los reclamos populares. Mujeres por la Democracia se unió a la lucha obrera y en ocasión del festejo del 1 de Mayo llevó a las calles la “Muñeca del No” para apoyar la lucha de los obreros.
La muñeca del No
La Muñeca del No, fue una metáfora que creamos para expresar nuestros propios rasgos, más aún, los de las mujeres ecuatorianas en general. Con la ayuda de los artistas plásticos Adriana Oña y Víctor Ramos, del grupo Los Saltimbanquis, pudimos plasmar un ícono de Mujeres por la Democracia que nos identificaba como mujeres ecuatorianas en lucha, era la revelación de una la identidad femenina. Medía tres metros, y tenía rasgos muy reales y mestizados: pelo negro, largo y lacio, pómulos altos y nariz fina. La muñeca hablaba por nosotras, para el gran público, decía “no” al plebiscito con el movimiento del dedo y de la cabeza.
En el desfile la muñeca interpretó un papel muy importante, en el contexto sociocultural. La gente reconocía en la muñeca a la mujer del pueblo, insurgente y llena de energía, el parecido y el mensaje despertaban la imaginación general, la veían como viva y protestando.
El retrato de la muñeca nos duplicaba, era dinámica y expresiva, podía bailar y saltar. Tenía “conducta femenina” y usaba en su vestimenta los colores preferidos por las indígenas andinas: el fucsia (en quichua wakanku), para la falda, y el celeste, cardenillo (llankhu) para la pañoleta. La Muñeca llevaba una larga falda salpicada de flores de colores como símbolo de vida.
Febres Codero perdió el plebiscito por el 56% de los votos. No solamente nosotras, sino muchos amigos y compañeros, estuvimos conscientes de que nuestra muñeca fue un instrumento hábil, ingenioso y artístico que ayudó mucho a fortalecer la democracia popular en el Ecuador, negándole a Febres Cordero sus intenciones
Para ese entonces, en Chile se vivía la funesta dictadura militar de Augusto Pinochet. Como antecedente, el gobierno de los Estados Unidos ya durante la época de Salvador Allende, intervino para desestabilizar su gobierno y poner en su lugar a Pinochet que gobernó como jefe supremo. El pueblo protagonizó grandes movilizaciones sociales para protestar contra la sangrienta dictadura, se consiguió que se llamara a plebiscito. El 5de octubre de 1988 se preguntó en referéndum si el pueblo quería que la dictadura pinochetista continuara. Pinochet perdió el plebiscito y tuvo que abandonar el poder.
Mujeres por la Democracia decidió enviar a Chile a nuestra querida Muñeca. Esta vez estaba encargada de decir NO a otro déspota y tirano. La metimos en una caja con el vestido recogido y los brazos cruzados. Sobre la caja escribimos Toy en grandes letras. El amigo que llevó la caja nos contó que por poco no dejan pasar la muñeca, pero los guardias del aéreo puerto confirmaron que efectivamente se trataba de un “juguete” y la dejaron pasar. El amigo la entregó en Santiago a “Mujeres por la Vida” y les mostró cómo funcionaba el sencillo mecanismo para que la muñeca dijera NO con su dedo índice y su cabeza.
Algunas de nosotras, con gran júbilo, la pudimos ver por la televisión de Santiago. Lucía rejuvenecida, y de “pie”, llevando la falda y el chal muy bien planchados, peinado su cabello y lista para negar las arbitrariedades del poder, estaba en la acera de un parque central, rodeada de mujeres, y diciendo NO a la propuesta de Pinochet. Las amigas chilenas comentaron lo bien que se portó y el poder de convencimiento que mostró.
El éxito de la muñeca y el deseo de seguir utilizando modos poco convencionales para expresar nuestras ideas, nos impulsó a imaginar otro ícono que contenía también un claro significado político. Para oponernos al gobierno el icónico antitético al de la muñeca, iba dirigido a ironizar y denigrar al ministro de Febres Cordero, Luis Robles Plaza. Esta vez “la escultura tridimensional” hecha de papel encerraba una crítica tenaz a los intentos del régimen de violar la Constitución y las leyes, aparecía el ministro aferrado al asiento de su cargo. La tensión permanente de nuestro movimiento con el gobierno se manifestó con esta figura para expresar la ilegitimidad política en la vivía el país.
Por: Ileana Almeida. Filóloga. Foto portada: El Telégrafo, en Opción. Abril 17 de 2023.