Por: Ileana Almeida
Filóloga
Foto portada: Muro Carmen Tiupul
Noviembre 21 de 2020
Si no lo hubiera afirmado el afamado lingüista Georges Dumezil, la hipótesis sobre el parentesco de la lengua quechua con la turca hubiera pasado como una ocurrencia antojadiza. Pero él lo sustenta a partir de investigaciones que le tomaron años de trabajo.
Su planteamiento parte de que las lenguas aglutinantes -que es el caso de las dos mencionadas- con su rígida estructura gramatical, permanecen invariables a lo largo de miles de años. Toma como ejemplo la coincidencia de nombres de los seis primeros números cardinales. En apariencia, los términos comparados no son idénticos, pero si se los somete al examen de leyes lingüísticas referidas a la transformación de sonidos sordos en sonoros, o al comportamiento de los timbres vocálicos, se descubren inquietantes similitudes.
Dumezil se basa en glosarios del turco y del quechua y en formas vivas de ambas lenguas, cuyo parentesco se originaría en ancestros comunes del Asia Central. El protoquechua, habría cruzado por el estrecho de Bering, y de ahí habría proseguido su ruta americana hasta llegar a los Andes hace algunos miles de años. Pero hay algo más: Dumezil toma una de las lenguas del grupo túrquico, la chuvasia moderna, que guarda elementos de la lengua madre, aunque los fue transformando conforme proseguía su trashumancia siberiana. Las investigaciones del sabio francés permitieron comprobar que el idioma de los chuvases guarda más semejanzas con el quechua que con la lengua turca madre. Por ejemplo, en el chuvasio y en el quechua, se nombra al número cuatro con la misma palabra: tawa, mientras que en la turca se nombra tört.
Además, recurre a la forma y el orden de las palabras en la cadena textual, que determinan las categorías gramaticales; es un recurso propio de las lenguas aglutinantes, que en el quechua y el turco resulta ser idéntico.
La hipótesis de Dumezil poco a poco cayó casi en el olvido, pero, en 2008, el lingüista húngaro Edward Vajda, de la Universidad del estado de Washington, luego de estudiar durante una década las protolenguas siberianas y americanas, presentó pruebas del parentesco que mantienen.
En apoyo a los lingüistas, los análisis del material genético de cuatro gruposétnicos siberianos, nómadas en el pasado, confirman el flujo genético de Siberia hacia Norteamérica. Artículos de la revista Scientific Reports refuerzan las hipótesis lingüísticas: la migración siberiana se constata en ciertas lenguas de grupos indígenas contemporáneos, como los navajos de algunos estados de E.U. y de Chihuahua y Sonora en México, portadores de los vestigios de sus protolenguas y de los genes de sus antepasados que atravesaron el estrecho de Bering.
La hipótesis de Dumezil permite pensar que las marcas de la antigua historia de los pueblos indígenas americanos y sus lenguas no se han borrado aún. En todo caso, en las universidades turcas hay un marcado interés teórico por el análisis comparativo de las dos lenguas.
Esta teoría no tiene fundamentos serios y por eso ningún lingüista la ha tomado en consideración. Solo los ultra nacionalistas turcos la han hecho suya porque piensan que fueron los turcos los que poblaron América. Si miran los datos propuestos por Dumézil, verán que él plantea relaciones entre términos que en realidad están muy alejados unos de otros semánticamente, y no saca a luz ninguna correspondencia fónica sistemática entre las dos lenguas. Pero sobre todo, Dumézil se retractó de su hipótesis. No lo escribió pero lo hizo oralmente. Alcancé a conocerlo y a hablar de eso con él. Me dijo que fue una hipótesis excesivamente aventurada, en la que ya no creía. Lo mismo dijo también al historiador Pierre Duviols. Por mi parte, conozco el turco y puedo confirmar que no existe ningún parentesco detectable. ¡Por favor, no rescuciten esa hipótesis descabellada y trasnochada!