
Carlos Castro Riera
Se asiste a un reordenamiento geopolítico del “sistema mundo”, que impacta en todos los países, caracterizado por un nuevo reparto estratégico del dominio global cuyos protagonistas son EE. UU, Rusia y China, con subordinación a otros Estados, en sus relaciones económicas y políticas.
Este reordenamiento, apunta a instituir una constitución Inter Imperial del mundo, en medio de acuerdos y disputas, unidad y contradicción, por alcanzar la hegemonía global en función de los intereses propios de cada actor imperial y sus aliados, debiéndose precisar que no se trata de contradicciones entre capitalismo y socialismo, sino de una disputa de intereses específicos por mercados, dominio en las TICs, comercio de armas, crédito, inversiones, provisión de materias primas, metales y tierras raras, control de puertos, rutas y asistencia política y militar. Son, por lo tanto, confrontaciones al interior del capitalismo mundial, dado que Rusia como China, están en la órbita de dicho sistema, Rusia no es un país socialista y en el caso de China rige una suerte de capitalismo de Estado.
La “guerra comercial” de EE. UU y China, y la particular “guerra arancelaria” que involucra a la Unión Europea y otros países, la fijación de cuotas y más imposiciones y sanciones económicas se enmarcan en estas disputas, que generan tensiones políticas y diplomáticas, pero también se abren renegociaciones y acuerdos, de trascendencia, como el de EE. UU y Rusia relacionado con Ucrania.
Con el ascenso de Donald Trump a la presidencia de EE. UU (20-I-2025), se marca un nuevo hito en la estrategia del dominio mundial, al retomar EE. UU la iniciativa política internacional, recreando el papel de “gendarme del mundo” y árbitro de conflictos regionales, sin que aquello signifique que, EE. UU no tenga que considerar, los intereses de sus pares imperiales y socios de importancia como Israel.
Este entendimiento entre los grandes portadores de poder económico, político y militar, subordinan a otros países, grupos y alianzas regionales, reduciéndoles a socios mayores y menores, constituyendo lo que podría llamarse el bloque de dominio mundial, el que se incluye también a las empresas multinacionales y transnacionales y sus corporaciones, organizaciones financieras, de comercio y arbitraje internacional, complejos de investigación al servicio de las unidades antes nombradas, así como asociaciones resultado de acuerdos y alianzas militares, es decir todo un sistema de instituciones económicas, políticas y militares al servicio de la hegemonía global.
Sobra decir que algunas empresas multinacionales y transnacionales manejan presupuestos mayores al PIB de muchos países, siendo capaces de influir en los mercados globales y en las decisiones de los gobiernos de los “Estados nacionales”, que se constituyen como engranajes locales y regionales del sistema mundo imperial.
A juzgar por las conductas de los Estados hegemónicos en diversas regiones del mundo, este reordenamiento del dominio planetario, implica una erosión y desconocimiento del derecho internacional y la institucionalidad jurídica creada por tratados, pactos y convenios de la organización mundial de los Estados, a tal punto que reduce las relaciones internacionales a relaciones de fuerza, generando anarquía y el despotismo en cuyo caldo de cultivo florece la delincuencia organizada transnacional, la impunidad de delincuentes “afamados”, mafias, redes, bandas, incluso agrupaciones paramilitares vinculadas a la protección del crimen internacional, que a su vez penetra e influencia en las cúpulas de las organizaciones políticas y los Estados nacionales, constituyendo una delincuencia estatalmente organizada.
A la par con el arrasamiento del derecho internacional, se observa también el ataque a la democracia deviniendo en una crisis de sus instituciones, que son sustituidas por modelos autoritarios y totalitarios donde la voluntad del dictador, encubierto por una formalidad jurídica artificiosa se impone, legitimándose la violación de los derechos humanos y de la naturaleza, todo con la complicidad de grandes cadenas de medios de comunicación internacionales y redes sociales manejadas desde los poderes de las empresas transnacionales, cuyos personeros multimillonarios han pasado a ser, además, los ideólogos y modeladores de la nueva institucionalidad mundial de corte fascista.
Se trata pues, de un nuevo reparto planetario, donde caben pretensiones de expansionismo, intervencionismo, e injerencia, que incluye anexiones territoriales, establecimiento de bases militares o fortalecimiento de la presencia imperial en diversos territorios bajo diferentes formas. Hoy están en la mira de EE. UU, Rusia y China, territorios como el de Groenlandia, el Canal de Panamá y Gaza: Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia; y, el Tibet, Hong Kong, Taiwán y algunas islas del mar de China meridional.
Estas nuevas condiciones geopolíticas del mundo, inciden en los conflictos internos de los países, en los ámbitos financiero, económico, político y de asistencia militar, produciéndose alineamientos internacionales, como sucede en el caso en Latinoamérica, con países como Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, que se alinean con con Rusia y China, en tanto que, otros paisas se alinean con EE.UU.