Por: Hugo el Búho
Actor de teatro, pedagogo y narrador oral
Foto portada: Muro El Búho
Marzo 25 de 2021
Falso de falsedad falsaria. Como Comando Conjunto nosotros actuamos siempre en conjunto. Y en conjunto hemos decidido que ese informe de la Defensoría del Pueblo nos hace daño, nos hace ver como si fuéramos malos. A nuestro ministro de Defensa lo acusan de ser el diablo. Mal así. ¿Crímenes de lesa humanidad? Ni siquiera sabemos qué es eso. Y al no entender de la materia de la que se nos acusa, quedamos liberados por desconocimiento lingüístico. Punto.
El decreto 884 y el estado de excepción que firmó nuestro presidente en octubre del 2019 fue acatado siguiendo la Constitución y respetando todos los derechos de los manifestantes. Y que conste que nos gritaban horrores; nos decían parásitos, coshcos brutos, y algunos epítetos que, por decencia, no podemos repetir.
La Defensoría del Pueblo no puede ser tomada en serio. Ya solo con tener la palabra pueblo en su nombre genera sospecha. Defendemos a nuestro ministro, no solo por su avanzada edad, sino por ser un héroe. Como él mismo dijo, estuvo en el Cenepa, y lo mínimo que merece alguien que arriesgó su vida por la patria, es vacuna. Los ecuatorianos deben sentirse orgullosos de tener un héroe de carne y hueso. Es como que tuviéramos un Batman vestido de camuflaje las 24 horas del día.
¿Se imaginan que, por no vacunarse, nuestro héroe mordiera el polvo del punto final? (Tenemos, para su conocimiento asesores literarios que aman la poesía castrense) Nos quedaríamos huérfanos, la bandera tricolor se pondría pálida y el himno nacional no sería el segundo más mejor del mundo.
Rechazamos que nuestro ministro sea acusado de eso que le acusan. Las Fuerzas Armadas solo cumplen órdenes de sus superiores, y, aunque no lo crean, nuestro superior es el presidente. Si el señor dice estado de excepción, no nos queda más remedio que ponernos firmes y acatar las órdenes sin excepción alguna, a no ser que la excepción no sea para todos.
Los que realmente cometieron crímenes de lesa humanidad fueron los manifestantes, quienes, amparados en su condición oportunista de civiles, no permitieron que nuestros soldados ejecuten todas las órdenes de represión que corresponde. Secuestraron maquinaria militar y la incendiaron, haciéndonos ver como débiles. ¿Dónde se ha visto que se desobedezca a un uniformado en estado de excepción? ¿Dónde, a ver?
Nos despedimos recordándoles que somos obedientes, no deliberantes. Y que lo de octubre debe olvidarse, debe quedarse en el baúl de los recuerdos no recordados. Y que nuestro ministro se vacunó, no por ministro, sino por héroe. Ah, y de hoy en adelante, el Defensor del Pueblo es nuestro enemigo personal.
Dios, Patria, nuestro héroe y Libertad.