Por: Wilson Pucha Ronquillo
Con estudios de Sociología
Foto portada: Luis Herrera
Fecha: Julio 31 de 2020
El pueblo sencillo y llano suele equivocarse en sus sueños, en sus entusiasmos. Los ricos y poderosos, quizá nunca. Se acercan las elecciones 2021 en Ecuador y en el movimiento “indígena” también se mueven las frutas. Las componendas, los forcejeos, propios de esta “democracia”, están a la vista. Se nota intereses particulares y de grupo, mientras tanto seguimos cayendo dentro del juego de este sistema que nos aplasta más.
No he escuchado, no he visto propuestas de gobierno en lo social, económico, político, cultural. Qué se dice en torno a la educación, la salud, soberanía alimentaria, la seguridad social, lo laboral, seguridad ciudadana y otros temas de trascendencia. Veo cómo se aprestan el inicio de la carrera desenfrenada por llegar al poder; las consecuencias colaterales también: desencuentros, acusaciones, divisiones.
Por qué quieren llegar al poder? Desde el trono presidencial se puede cambiar la estructura de este sistema perverso? Los grupos de poder internos y externos se quedan de brazos cruzados? Son solo inquietudes.
Qué pasa con la confianza de algunos dirigentes que han llegado a instancias públicas de poder. Han sido reclutados y neutralizados para ser parte de la vorágine institucional y burocrática del Estado burgués. Tenemos alcaldes, prefectos, concejales, consejeros, asambleístas, con raras excepciones, están junto a sus electores. Otros se han aliado, alineado, se han vendido, tranzado, han buscado “compadrazgos”, favores obscuros con personajes. Se olvidaron de la lucha, de los principios comunitarios, de la reciprocidad, de la minga, del sumak kawsay, del yanantin, eso sí, tenían a boca llena cuando candidatos.
Estas rupturas y debilidades son aprovechadas por el poder, por los que tienen bajo su control los intereses económicos del Estado. A través de sus medios masivos de desinformación y de trolls van minando, envenenando, fomentando odios políticos o xenofóbicos, religiosos, partidistas o rivalidades dentro de los runakuna. Entonces la lucha solo en lo electoral se diluye y no cambiará las estructuras de este Estado y ésta democracia occidental, patriarcal, racista y excluyente, continuará latente.
Tenemos hoy un país saqueado, destruido social y económicamente, sin ética y moral de parte de un Estado putrefacto, pero sobre todo tenemos una sociedad partida, fraccionada, casi sin organizaciones sociales y populares fuertes, cohesionadas. Estamos a la deriva, la violencia de todo tipo se hace más evidente. Una persona que ha sido violentada en su niñez, en su crecimiento, será violenta cuando adulta. Así somos las sociedades.
Como pueblos vivimos más de 500 años de exterminio físico y sobre todo mental. Casi 200 años como “República Independiente”, 40 años de volver a la “Democracia”, estamos pasando 14 años de Correísmo –Morenismo, es decir de corrupción, de vanidosa tiranía, persecución, saqueo, represión, estupidez, por decir lo menos, gobiernos vende Patria y, se hace necesario un cambio, por nosotros, por nuestros hijos, por la naturaleza, por la vida.
Es peligroso seguir a un caudillo. Debemos alinearnos a un proyecto político, social, un proyecto de vida. Hay que defender principios, ideales, que son a largo plazo, más estables, porque los caudillos, los dirigentes se acaban, se cambian o son proclives de corrupción.
Por eso la necesidad de estar concienciados (no sé si haya esta palabra en el diccionario, pero la idea es esa), organizados, porque el poder no debe estar en los que nos gobiernen, sino en la fuerza de un pueblo que luche cuando su dignidad sea pisoteada. Es hora de que los pueblos, los más vulnerables, no nos equivoquemos en nuestros entusiasmos, en nuestros sueños.