Por: Marcel Merizalde
Consultor Político
Septiembre 11 de 2020
Al ecuatoriano, le sedujo la última promesa política del gobierno de Lenin Moreno. La hizo suya y la volvió obscena, es decir, la repletó con imágenes idílicas, que desbordan los límites de la cordura y lo empujan a una especie de esquizofrenia o suicidio colectivo. Retornar a la normalidad, trabajar y producir, viajar y divertirse, liberar tensiones, entregarse a los placeres del amor y el consumo, son las recompensas para quienes abandonen el confinamiento, a riesgo propio.
Para ello, el Gobierno preparó el terreno. Manejó políticamente las estadísticas de contagios y los decesos, exagerándolos o minimizándolos, trasladándolos geográficamente, a conveniencia.
Durante los primeros 48 días de la pandemia, y de vigencia del Estado de Excepción, del 12 de marzo a inicios de mayo, utilizó el terror de las imágenes de los muertos en Guayaquil, resultado de una deficiente gestión sanitaria de la emergencia, para mantener confinados a los ciudadanos (#QuedateEnCasa). En tanto, se pagaba los bonos de deuda externa y se desmantelaba las principales empresas e instituciones del Estado. Se aprobaban leyes, como la de Apoyo Humanitario, para contar con USD 1000 millones e implementar un agresivo Plan de salvataje empresarial. Se revivía una etapa superada en la memoria ciudadana, los despidos masivos, sin liquidaciones ni derechos, la reducción de salarios, los impuestos al trabajo y los acuerdos ‘mutuamente beneficiosos’ entre empleadores y trabajadores, para fijar horarios y sueldos.
Como en un libreto negro, vinieron las denuncias de sobreprecios en la compra de mascarillas y medicinas, para los hospitales públicos. Se agitó el ambiente social y el foco de atención pasó a esas escenas. Ello, confirió libertad de acción al Gobierno, para deshacerse de la banca pública, medios públicos y empresas estratégicas, además de firmar nuevos acuerdos de deuda externa con el #FMI. Sin salarios ya, los servidores públicos aplaudieron la nueva deuda externa, que aliviaría sus debilitadas economías.
A partir de agosto, vino lo peor. El show político se agudizó, con la entrega al pueblo, de la cabeza de un ‘pez gordo’, el expresidente Abdalá Bucaram, para quien se montó un operativo de captura con transmisión exclusiva de Teleamazonas. Se abrieron restaurantes, playas y piscinas para convocar a los osados. A finales de ese mes, se agilizó el proceso de desconfinamiento, con la exposición mediática de una pieza maestra del marketing local. ‘Yo me cuido’. Campaña que no promueve la responsabilidad ciudadana, en torno al contagio de #Covid_19, sino que traslada las obligaciones del Estado al ciudadano, en medio de una catástrofe mundial, que no terminará por mucho tiempo, pues inclusive la tan promovida vacuna, apoyada por los #EEUU, acaba de fracasar, al generar otras enfermedades en un voluntario.
De esta manera, Ecuador se posiciona, en el mundo occidental, como pionero en el combate al coronavirus humano, tal como se vanagloria el propio Moreno y su ministro de Salud, Juan Carlos Zevallos.
Y este cuestionado éxito, no consiste en un solvente manejo epidemiológico, ni de investigación científica, para generar medicamentos o vacunas, sino en los resultados de la estrategia política, y de la comunicación política, para lograr datos alentadores para los gobiernos liberales y neoliberales del orbe.
La salud pública, la responsabilidad del Estado y su inversión en lo social, son un relato que se articula a la narrativa de los grupos políticos y económicos de un país, para hacerse de los recursos de todos, a pesar de la oposición ciudadana, que contuvo su ira entre cuatro paredes.
A partir del 14 de septiembre de 2020, no termina la emergencia sanitaria por el #CoronavirusEnEcuador y no se retorna a la normalidad, como muchos creen. Apenas termina el Estado de Excepción e inicia un largo y tortuoso período de recuperación sanitaria, económica, anímica y política, que será conjurado en las elecciones presidenciales de febrero de 2021.
El virus continúa aquí, se moverá entre festejos de Navidad y Fin de año, enfermará a políticos en campaña y a votantes. Quizás ocurra una segunda ola de contagios y reinfecciones. Tal vez, llegue a tiempo alguna vacuna, luego de sortear obstáculos comerciales de las transaccionales farmacéuticas. Pero seguro, seguiremos llorando por nuestros muertos.