En medio del clima de tensión, inseguridad y violencia que vive en nuestro país, me permito trazar unas líneas breves para intentar redescubrir lo que considero, ha sido históricamente una de las mayores garantías para la continuidad de la humanidad en todos los tiempos y culturas: el sentido comunitario. Pero ¿de qué se trata esto? ¿Es oportuno hablar de ello en estos tiempos, los más violentos de la historia del país, o es mejor tener más control, más represión, más uso progresivo de la fuerza, más libertad para portar armas?
Cuando las cosas no funcionan, como deberían, la mayoría de la gente casi siempre, para desahogar su impotencia, termina pronunciando una frase que combina desaliento y escepticismo: “pero qué barbaridad, cómo puede ser posible que suceda tal o cual cosa; pero si es algo básico, de sentido común” Pero, ¿qué es lo común?, literalmente se refiere a aquello que nos asemeja como seres humanos, quizá. Sin embargo, en estos tiempos de relativismo y diversidad cultural ¿habrá algo que en medio de nuestras diferencias nos sean todavía comunes como humanidad? ¿De qué manera lo común configura lo comunitario? ¿Cómo se construye el sentido comunitario?
Partamos de tres elementos: cultura, identidad y diversidad que son construcciones sociales y por tanto complejas, conflictivas, cambiantes, transformadoras, en una “correlación de fuerzas simbólicas y materiales que luchan por su permanencia”. (Cabrera Montúfar, 2012) A estos agreguemos la comunicación y la comunidad como resultado de una acción, que es, ancestralmente rebelde:
“La etimología subversiva del verbo comunicar, deja a la vista que, más que el mero intercambio, comunicar rememora el origen primordial de lo humano: el trabajo común, para el bien de todos. El proceso de comunicación como base para la formación de una comunidad” (León, 2017)
La existencia del sentido comunitario entonces, podría estar en el origen mismo de la humanidad, como aquella actitud que impulsa al ser humano a pensar, sentir, hacer y querer ser parte de algo en común, de lo colectivo. Habría que considerar la posibilidad de encontrar al sentido comunitario antes de la acción; gestando las construcciones sociales: cultura, identidad y diversidad, como eje transversal en la formación de la comunidad a través del acto comunicativo.
Ahora, si bien el sentido comunitario se gesta en lo colectivo; no se puede olvidar la también, existencia eterna de lo individual. Sobre todo, en un contexto post pandemia lleno de dudas sobre el devenir: “El miedo al futuro –o, al menos, la incertidumbre– sitúa el presente, lo próximo, lo personal como espacio de gran centralidad en la construcción de un sentido de pertenencia colectivo que no desprecie el metro cuadrado de las personas.” (Gutiérrez Rubí, 2020) Este reconocimiento abre la perspectiva de la construcción del sentido comunitario, hacia un equilibrio entre lo individual y lo colectivo, como camino real del buen vivir.
Por ello, retomando algunas preguntas iniciales, y desde la individualidad, propongo abrir el debate sobre qué es lo comunitario desde fuentes menos formales del conocimiento, intentando dejar que sean las palabras y la agudeza del lector, más que como tal, como ser humano; quienes terminen por definir el destino final de estas reflexiones alrededor del sentido comunitario.
El sentido comunitario no ha muerto con la pandemia, ni podrá morir nunca. Pero, para encontrarlo, es preciso desatarnos un tanto o mucho del ethos occidental; y, adentrarnos en otras profundidades. Es preciso ir al mundo callejero, barrial, mundano, no reconocido por el racionalismo instrumental que se empeña en atraparlo todo para rebautizarlo con algún término científico.
El sentido comunitario quizá ahora mismo está latiendo con más fuerza, esperando ese día o esa noche, para desparramarse fuera del maldito reloj y seguir buscando mil y un formas de alargarle a la vida lo que la realidad le impide. Puede ser impulso de muchedumbre cuando llega el fin de la jornada laboral, cuando siente, vive, rechaza y disfruta del tumulto. Puede estar en el silencio contemplativo que conecta el ser individual con una conciencia colectiva; pero también en el griterío envolvente de regocijo, frustración, descontento, ira o desenfreno.
Si el sentido comunitario es la esencia previa a la acción humana, puede estar resistiendo la incertidumbre y celebrando el asombro desde los albores de la humanidad, y lo sigue haciendo en cada fracción de segundo incontable, desajustando el devenir de ese inútil tiempo lineal, fragmentado y rutinario que nos impide sentirlo.
Pero, tampoco puede ser enarbolado como propiedad exclusiva de algún tiempo o cultura, es decir, el sentido comunitario no ha sido mejor ni en otra época, ni tampoco será mejor en otro lugar, o en otro grupo humano. Por ello, quizá conviene contextualizarlo, en el espacio tiempo que te tocó vivir, para que se multiplique al infinito. Cuidado y pretendan definirlo para justificar acciones que responden a una sola forma de ver y vivir la vida basadas en el lucro y el despilfarro.
El sentido comunitario, va más allá del “espíritu de cuerpo” que termina siendo cómplice de la barbarie. Tampoco lo puedes invocar en vano, es decir, sin conciencia de haberlo vivido; pues tarde que temprano, lo asumirás irremediablemente para tu realización o tu condena. No podría resistir ninguna explicación técnica porque sería tanto como pretender llegar al sol para cambiarle de color y pretender que todos miremos todas las cosas del mismo modo.
El sentido comunitario no responde al deseo o voluntad personal de vivirlo; sería tanto como bajar las gradas pensando en la acción; terminarás en el suelo, despojado de tu pretensión, para entender que la totalidad y la complejidad son más que palabras y se convierten en retos de vida que demandan otras actitudes de vida.
El sentido comunitario necesita otra mirada del poder, uno que equilibre la representatividad y la participación como caras de la misma moneda. Un poder entendido como diversidad en acción y no sólo como acción para la diversidad.
Por: Rosendo Yugcha Changoluisa, Comunicador Social. Desde el barrio. Foto portada: Autor. Noviembre 23 de 2022