Parte II Parte I
Con la irrupción en las redes de este estilo de informar -que sustituye la realidad por una conveniente interpretación- la babelización contaminó todo el universo comunicacional y el mundo se convirtió en lo que hoy conocemos. Lo lamentable es que, al diseñar este juego macabro, el poder terminó destruyendo uno de los pilares de nuestra cultura: el rol de la prensa. La primera víctima fue la verdad, se ha dicho muchas veces. Y es absolutamente cierto, porque esta forma de discurso permitió hacer creer “cualquier cosa” que un periodista, con mucha imaginación y pocos escrúpulos, defienda como verdad.
Con esta nueva arma y siguiendo los principios de Steve Bannon, el 10% más rico alcanzó victorias inconcebibles en la guerra distributiva contra el 90% más pobre. En tanto que los beneficios alcanzados por las grandes corporaciones han llegado a cifras astronómicas, la pobreza tocó el umbral de la agonía para miles de millones de personas. Ha sido una victoria aplastante.
Sin embargo, aún queda un espacio en la que la lucha por la verdad no es del todo favorable al poder concentrado. Ese espacio es el de la ciencia. Toda verdad que cuestione el accionar del capital se expone a ser combatida con dureza. Pero, a diferencia de la verdad periodística, que puede ser mentira o verdad a medias, la verdad científica es de validez universal. No es tendenciosa ni parcial y muestra al mundo tal como el mundo es. No afirma lo que el científico “cree que es cierto”, sino lo que “hay evidencia que lo es”.
Sería muy extenso reflexionar sobre la multitud de batallas que han librado los científicos contra el Poder Económico. Por dar algunos ejemplos: Sobre la verdad del Cambio Climático. Existe inmensa cantidad de datos que demuestran que estamos gastando más de lo que podemos; frente a lo cual, los grandes intereses económicos continúan resistiéndose a detener la tala de bosques, procesos de combustión en grandes cantidades de petróleo y carbón, sosteniendo que “el planeta vive un ciclo normal de cambios en las temperaturas y condiciones naturales comparándolas con las diferentes glaciaciones que experimentó la Tierra.” Falso. El Calentamiento Global es real y una amenaza para la vida.
Otro ejemplo. En la lucha contra el uso del glifosato, las grandes corporaciones utilizaron falsos argumentos o información científica de universidades reconocidas, pero con una convergencia de intereses que las hace sospechosas (porque también es posible la corrupción en la academia, sobre todo si son privadas). El precio lo terminaron pagando las comunidades cercanas a las áreas de producción o los consumidores del producto.
Un ejemplo más. La Industria Tabacalera ganó juicios utilizando el argumento que: “Nunca se puede estar seguro de que algo se cumpla 100% como en el estudio de laboratorio. Por lo tanto, es un error imputar al tabaco la causa del cáncer”. Esto es como decir que, si me tiro de un avión nunca podré estar al 100% seguro de que voy a morir. Por lo tanto, tirarse de los aviones no es fatal.
Y así podríamos continuar mencionando multitud de grandes corporaciones que, con información engañosa, ocultan los efectos dañinos de sus actividades. Pero no solo las ciencias de las naturales han tenido grandes batallas con el poder. En las Ciencias Sociales hubo también un impulso enfermizo por implantar teorías sociales de lo más absurdas. He aquí algunas de ellas:
Ante el crecimiento de la pobreza, la derecha ha planteado como salida la “Teoría del derrame” que sostiene que “la acumulación de riqueza por parte de los ricos es buena para los pobres, porque una porción de dicha riqueza derramará sobre ellos”. Refiriéndose a ella el Papa Francisco decía: Expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico. Es una teoría que jamás ha sido confirmada por los hechos.
Y otra propuesta del neoliberalismo ha sido la “meritocracia”; de la cual Joseph E. Stiglitz –el Premio Nobel de economía- dijo lo siguiente: “una sociedad meritocrática, no reduce ni elimina la desigualdad. El 90% de los que nacen pobres, mueren pobres, por más inteligentes y trabajadores que sean, y el 90 % de los que nacen ricos mueren ricos, por idiotas y haraganes que sean. El mérito no tiene ningún valor”.
Y otra teoría de la misma categoría es la que sostiene una economía sin controles: “Hay que dejar que sea la mano invisible el mercado la que conduzca la economía”; que busca eliminar al Estado de los controles y la regulación del capital. Sin embargo, el mismo Stiglitz se encargó de desmontar esta falacia (Asimetría de la información).
Mentiras, mentiras y más mentiras…
Y esto, por no entrar al gran debate de la actualidad que son las terapias alternativas con Óxido de Cloro, la “Vacunación Obligatoria”, la exigencia del “Pase Sanitario”; etc. donde la ciencia ha sido puesta en cuarentena.
Es que, maquilladas de ese tono doctoral que le da credibilidad al discurso científico, se han difundido las insensateces más inimaginables: Hemos visto a «periodistas» tomando cloro frente a una cámara televisiva; a personas colgándose teléfonos celulares de sus «brazos imantados» por una vacuna, ancianos quemando barbijos en plena calle, religiosos con «poderes sobrenaturales» para enfrentar este virus. Y una fascinación desbordante por adjudicar a Universidades e Institutos científicos -localizados en los puntos más ignotos del planeta- investigaciones que demuestran el éxito de tratamientos no autorizados, pero que unos defienden. Quizás nunca sabremos, si tales universidades o institutos hicieron investigación alguna, incluso si tales universidades e institutos existen de verdad, pero otro de los milagros de la época ha sido la «transformación» de miles de abogados, pastores, enfermeros y oportunista en «autorizados epidemiólogos» que han diagnosticado el rumbo de la Pandemia.
No es casualidad que los movimientos de derecha surgidos recientemente en el mundo sean anticiencia. No es casualidad que líderes como Trump o Bolsonaro nieguen el cambio climático y hasta la pandemia. No es casualidad que en sus gabinetes no haya habido científicos o si los hubo ocuparon un lugar secundario. Y no es casualidad que los puestos claves de sus administraciones, hayan estado ocupados por CEOS de las Corporaciones.
Navegar en este mundo convulsionado de mentiras que parecen verdad, de verdades a medias, sin que nadie nos arroje una tabla que evite nuestro naufragio en el falso conocimiento… Sin un GPS que guíe nuestro pensamiento para no dejarnos manipular; nos expone a la penosa situación de terminar callados y convertidos en víctimas del oscurantismo. Por ello, siguiendo a Jean Paul Sastre (quien decía “Odio a las víctimas que respetan a sus verdugos”) propongo faltarle el respeto a nuestros verdugos desenmascarando los engaños”.
Convoco a una reflexión sobre el rol que debe cumplir el ciudadano, la sociedad, en la situación actual. La mala experiencia que tuvimos en el país con la ley de comunicación hace comprensible la resistencia del sector privado para hablar de regular los medios. Sin embargo, la información es un derecho humano y debe ser tratada como tal y no como un negocio. Por ello, es necesario que desde la sociedad se desarrollen estrategias para hacer de la comunicación una herramienta que construya sociedades sanas y democráticas.
La prensa necesita recuperar el papel que alguna vez tuvo en la formación de ciudadanía. Hay caminos menos tortuosos y más participativos que una ley de comunicación. Por ejemplo un Observatorio de Medios, integrado por representantes de las Universidades, de las Escuelas de Periodismo, de los Gremios, del Sector Cultural, cuya tarea sea evaluar la calidad de los medios; informes con carácter vinculante sirvan de guía a la inversión del estado en Publicidad Oficial que puede ser una idea. Seguramente habrá otras mejores.
La sociedad civil no puede permanecer impotente frente a un Estado que invierte nuestros impuestos en medios de comunicación que mienten y desinforman. No necesitamos un Estado que censure a quien piensa diferente a la autoridad de turno, pero tampoco uno que se convierta en cómplice de los estafadores de información.
Ya el Papa Francisco se pronunció sobre el rol de los medios: «La desinformación es probablemente el daño más grande que puede hacer un medio. Porque orienta la opinión en una dirección, quitando la otra parte de la verdad. Los medios tienen que ser muy limpios y muy transparentes».
Por: Raúl Pintos. Artista y docente. Foto portada: lamenteesmaravillosa.com. Enero 04 de 2021
Permítame algunas precisiones a su artículo.-
1.- La ciencia nunca establecerá verdades absolutas, sino leyes de validez relativa que explican fenómenos que se repiten con continuidad mas o menos invariable dadas ciertas circunstancias dentro de un espacio y tiempo determinados. La ciencia nos provee de INTERPRETACIONES temporales con la mayor POSIBILIDAD de certeza, por lo que sus leyes no pretenden ser verdades absolutas o la realidad misma. Aunque hay ciencias que tienen el propósito de hacer lo contrario, como la historia o la antropología euro centristas que nos hablan con mentiras sobre lo qué es y hace el hombre.
2.- Las tabacaleras de EU perdieron en los 90’s un juicio por reclamaciones de enfermos de cáncer. Fueron condenadas a indemnizar por 240 mmd. Aquí la información
https://www.expansion.com/2014/08/12/juridico/1407859026.html
La Opinión Pública es una creación de la misma prensa de EU de los 40’s y la idea en general era crear una opinión consensuada de la sociedad sobre hechos, acontecimientos y fenómenos de índole política, económica o cultural que facilitara la vigencia del modelo capitalista. Con este concepto se manipula el pensamiento y las creencias de la gente sobre los temas que menciono y elimina todo tipo de crítica al sistema que en ese entonces era considerada disfuncional. En los 90’s, con el surgimiento de las redes sociales, el concepto de opinión pública se transformó radicalmente. Hoy cualquier persona puede tener su propio medio de comunicación: una revista, un diario, una radio, una televisora y en aras de la libertad e expresión y el derecho al acceso a la información puede decir cualquier banal estupidez o realizar la crítica mas certera o formular la «verdad» última del universo sin que pase absolutamente nada. El fin es generar desunión, desorganización y confusión.
Los grandes medios de comunicación aprovechan esta confusión generalizada en la sociedad y nos administran cualquier tipo la información, como es el caso de la pandemia y el calentamiento global. Con ambos fenómenos, reales o no, mediáticamente se pretende ocultar un fenómeno indudable y que ha pasado desapercibido para la mayoría de las personas: el derrumbe o el colapso del capitalismo en el 2020. También nos ocultan que los grandes capitalistas están impulsando otro sistema social al que en principio se le denomina Screen New Deal o la Distopía de Alta Tecnología que le recomiendo busque en algún servidor. Los actuales ocupantes de la casa blanca imperialista promueven este «nuevo» orden social. Si el capitalismo, normalizando la desigualdad y desregulando la concentración de poder, sirvió para arruinar a naciones enteras y a miles de millones de seres humanos en el planeta, imagine usted para qué servirá este otro, le aseguro que nada bueno será.
3.- Le doy un adelanto de lo que será ese orden social. Los tiempos que se avecinan no nos traerán mas que tragedias, una tras otra, y la mas visible es que de hoy en adelante cualquier fenómeno de salud, meteorológico o forma de desarrollo social será dirigido por manos de militares y los megaproyectos de empresas privadas se considerarán asunto de seguridad del estado. Recuerde, Biden pidió al congreso un gasto de 760 mmd para defensa militar que en los últimos años se ha incrementado mas del 25%. Se habla ya que las respuestas realizadas por la ciencia e implementadas por gobiernos para el cambio climático se militarizarán. En México, las vacunas contra covid, su resguardo y aplicación corre por cuenta de militares, etc, etc, etc. El futuro que se avizora es nada menos que las ganancias de las empresas y los bancos serán ASUNTOS MILITARIZADOS.
Saludos……
Gracias Alvaro. Muy pertinente y enriquecedor tu comentario. Saludos. Raúl Pintos
Gracias Alvaro. Muy pertinente y enriquecedor tu comentario. Saludos. Raúl Pintos