
Perú es un país dividido entre el feudo limeño (la capital) que impone sus lógicas clasistas y racistas en sus relaciones políticas, económicas y financieras, defendidas por un Congreso Nacional que no representa más que a los intereses de la casta oligárquica de Lima.
Entre paréntesis, los Civicos Cruceños, los Caballeros del Oriente, los Caballeros Toborichi son piojos tuertos comparados con la Oligarquía Limeña.
Por otro lado, tienes al Perú profundo, donde el Estado aún no ha llegado y tampoco se molesta en hacerlo (todo el interior del país), dónde las lógicas de organización comunitarias no son reconocidas ni comprendidas por un Estado históricamente excluyente.
La Real Audiencia de Lima (la capital) versus el Incario de Cuzco (todo el interior).
En ese des-orden de cosas es impensable la autodeterminación del verdadero pueblo peruano. Ante un sistema político oficial representado por el Congreso que no tiene la más mínima legitimidad popular más que el desprecio de la gran mayoría de peruanos por sus lógicas egoístas, mafiosas, individualistas y expoliadoras de la cosa pública.
Castillo es una víctima más de ese sistema, el Congreso el asesino de la democracia. EEUU y la OEA los operadores foráneos de la voluntad imperial que nunca perdonó perder su enclave geopolítico de dominación (El Grupo de Lima). Y los actores locales meros títeres de esa voluntad que siempre despreció y reprimió a los sectores populares y por ende a sus representantes.
Algunos políticos fueron ingenuos ante ese poder conservador inconmensurable, otros pactaron y otros simplemente fueron parte de ese mismo sistema podrido de la casta política peruana.
Su Constitución Política un mero instrumento para la interpretación caprichosa de los grupos de poder que prevé juicios políticos con acusaciones que violan todos los principios más básicos del debido proceso. Formas de representación y composición que alientan pactos y alianzas entre fuerzas politicas. Unicamaralidad, 2 Vicepresidencias por si una no se deja sobornar o no se suma a los pactos políticos, siempre hay la segunda opción. La promoción de unas fuerzas armadas y policiales de formación abiertamente clasista y racista. El fomento a la indiferencia política mientras «la economía este bien» (dejar hacer, dejar pasar) y un sistema judicial que se aferra a los anti-valores de la Real Audiencia de Lima.
El poder de la transformación en Perú está en las calles y no en su Congreso excluyente e instrumentalizado por la oligarquía limeña abusiva.
Tomado del Muro de: Gabriel Villalba Pérez, Especializado en Geopolítica. Académico. Foto portada: Descifrando la Guerra. Diciembre 8 de 2022.