Siempre sufren y mueren los inocentes

Pensar en los fenómenos que sacrifican a familias, comunidades y pueblos «inocentes» contextualmente, en el marco de una filosofía bastante reaccionaria, puede resultar polémico incluso para sectores progresistas, pero de eso trata el pensar libremente, con criterio, observación, deducción, conjetura y apertura a las voces que pueden ayudar mucho. Escribir requiere un esfuerzo por mantener equilibrio e independencia personal que debe anclarse, como es obvio, en una moral que evite por todos los medios, concesionar la verdad.

Hace 24 años leí la obra de José Ignacio López Vigil «las mil y una historia de la radio venceremos» que narra la guerra en el Salvador, y confieso que padecí terribles confusiones, miedos, preguntas lanzadas al vacío. Al leer el episodio sobre «la masacre de el Mozote» en el cual el ejército al mando del batallón Atlacatl, batallón élite antiguerrillero, creado por la escuela de las Américas, sin duda, asesorado por el ejército estadounidense. Tal batallón se tomó la comunidad el Mozote y comunidades aledañas, colocaron a las personas de mayor edad en un sitio, a las mujeres en otro, y a la niñez en otro sitio. Torturaron a la gente, abusaron sexualmente a las mujeres, mataron con balas y pasaron a cuchillo a la niñez, dejando apiñados los cadáveres incluso en la ermita de la comunidad. Según informes, fueron 978 personas asesinadas de las cuales, 553 eran menores de edad.

Esos actos de barbarie han ocurrido y ocurren en cualquier país donde las clases sociales llegan al punto de confrontación mas elevado. Vietnam sigue cargando el dolor de la herida que la matanza occidental provocó en su población. El imperio Herodiano, Romano, alemán, francés, Español, Estadounidense, etc. utilizando a gobiernos que representan a las élites de la macroeconomía capitalista en los países Africanos, orientales, Euroasiáticos, Latinoamericanos, son capaces de poner armamento, millones de euros o dólares y toda logística para que las guerras sigan siendo un campo en el cual progresa el capitalismo. Pero no solo ponen armas, ni dinero, ni logística, han creado distintas formas, más modernas, de asesinar a la humanidad, a la niñez en particular.

Somos una humanidad de menos de ocho mil millones de habitantes surcando el sistema solar en esta nave espacial llamada Tierra, si nos colocamos a una distancia de un metro de una persona a otra, toda la humanidad cabemos en el territorio centroamericano. El problema de la humanidad no es sobrepoblación, es de desigualdad social, es la injusticia, y para mantener esta desigualdad, el imperialismo inventa los mecanismos necesarios para mantenernos atrapados en su red, y hasta nos convierte en defensores de la cadena de esclavitud. Éticamente debemos vivir el orden de la biología, no nos podemos reproducir irresponsablemente como lo hemos hecho, pero tenemos que preguntarnos, sospechar y cuestionar lo que se nos presenta como alternativa. Tengo la intuición que los distintos métodos de planificación y control de la natalidad son parte de la artillería imperial para matar a la humanidad, sobre todo la niñez. Cuando observamos el entorno, en cada barrio, colonia, aldea, nos tragamos el anzuelo tan fácilmente y hasta se proclama como panacea de la emancipación y libertad humana. Estamos ante dios creado a imagen del imperio. ¿de dónde surgió todo esto? ¿Quién nos hizo esta propuesta? ¿Quién se beneficia de este negocio? ¿Qué resultados humanitarios y de justicia tenemos? Nada de todo eso se produce en las comunidades.

Igualmente, la cultura violenta de nosotros los hombres sobre la mujer es parte de esta concepción y práctica de muerte. Escuché a una representante del Centro de Estudios de la Mujer en Honduras (CEM-H) que anualmente (si lo escribí bien) un estimado de 24 mil niñas entre 11 y 15 años son abusadas sexualmente, la mayoría se convierten en madres a esa edad, y los estudios indican que casi siempre, el agresor de las niñas está en su propia casa y familia, o familiares varones más cercanos. ¿No nos indigna esta realidad? Los medios de producción económica, cultural, social, jurídica y hasta religiosa, están organizados sobre esa cultura de violencia y están para reproducir la violencia. Conozco el comportamiento de la niñez en comunidades como Guapinol, Ceibita, asentamientos campesinos, con seguridad se puede sostener que si un día logramos estudios biopsicosociales serios, los resultados dirán que allí hay heridas muy profundas producto de la violencia empresarial y estatal que ha prevalecido y empobrece cada día más. Los territorios del occidente, el sur, el centro, el norte, el oriente del país, están heridos y de muerte, por la violencia empresarial y estatal que ha padecido. Psicosocialmente ¿qué sociedad tendremos en los próximos cien años si todo siguiera igual?

La muerte física es muerte, y es dolorosa no cabe duda, pero la muerte del alma, la tortura del espíritu, el asesinato de la alegría y la confianza a temprana edad es mucho más letal para la adolescencia, la juventud y adultez individual, así como letal para el presente y el futuro de la sociedad. ¿Como puede una sociedad llamarse cristiana y callar ante esto, o maquillarlo con actos de benevolencia? ¿Cómo pueden los gobiernos hablar de cambios, estado de derecho, incluso socialismo, si no avanzamos planteando con firmeza la postura ante estos crímenes y sus causas estructurales? Lo que vive la niñez en un país sometido por las potencias imperiales, por los consorcios empresariales, eso vivió Jesús de Nazaret en su tierra y en su tiempo. Siendo creyente, creo que en cada niña o niño esta Cristo y debo hacer algo por él.

«Que canten las niñas y niños, que alcen la voz, que hagan al mundo escuchar, que canten por esos que no cantarán, porque han apagado su voz…»

Por: Juan López, Pedagogo. Honduras. Foto portada: Infobae. Diciembre 30 de 2022

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