Ayer (19-06-2022) fuimos desalojados de manera brutal del Parque del Arbolito. No se respetó la zona de paz. Se violentó a mujeres, niñ@s, jóvenes y adultos mayores con excesiva cantidad de bombas provocándoles asfixia. No se respetó al personal voluntario de salud. La policía nos discriminó con insultos llenos de odio y racismo. Se nos persiguió y a quienes se resistían se les cayó a golpes sin contemplación. No se respetó a más de 90 personas heridas que permanecían en el Pabellón de las Artes. Tuvimos que trepar verjas y atravesar varios sitios de la CCE buscando una salida.
En el trayecto vi mucha gente que quedaba en el piso desmayada. Ya en el exterior la persecución continuó por las calles por varias cuadras. En la calles las mujeres corrían mientras sus hijos lloraban en su espaldas o cogidos de su mano. Al final muchos niños y niñas quedaron botados en las calles. Y mucha gente desmayada o golpeada en el suelo. Así se ejecutó la orden del presidente y del ministro de aplicar el uso progresivo de la fuerza.
Nosotros seguimos de pie. Y por mandato del pueblo indígena seguiremos aplicando el uso progresivo de la resistencia con mayor cuidado pues hay muchos infiltrados, pero sabemos que el sentido comunitario que vive en nosotrxs es más fuerte para cumplir nuestra misión y pagar nuestra ofrenda en este espacio tiempo del Inti Raymi. Por una resistencia llena de música, poesía, danza y alegría en cada territorio y cultura. Seguimos de pie.
El reto que nos impone la vida y su defensa es un reto cultural, es decir, garantizar la continuidad de la humanidad y eso requiere un cambio civilizatorio, donde cambiemos de prioridades, donde nos demos cuenta que la vida de la ciudad no se podrá sostener si no valoramos la vida que nos viene del campo. Un cambio de mentalidad que nos haga volver los ojos a nosotros mismos reconociendo nuestro origen y posicionarnos de frente, sin negar nuestras raíces.
Son muchas las heridas provocadas, unas por las decisiones del ejecutivo con su necedad para escuchar y sentarse a dialogar con los dirigentes de la CONAIE; pero otras también por la inacción de la asamblea mucho más después de aprobar una ley que permite de manera legal la represión y la criminalización de la lucha social. Pero la herida que duele más, es la complicidad del gobierno local para sembrar el odio, el racismo y la aporofobia entre lxs quiteñxs, dividiéndonos entre buenos y malos.
Estamos a tiempo de curar esas heridas, que solo han retardado la convalecencia de una sociedad golpeada ya por la crisis económica, la pandemia y ahora, una reactivación que se iba concretando aunque concentrada en pocos sectores sociales. De seguro que estas heridas van a ser retomadas en la campaña electoral que se avecina, ahondando más las diferencias, para beneficio personal. La diversidad, que es la fuente de la vivencia intercultural, seguirá siendo manipulada, en lugar de ser el germen para repensarnos como sociedad y ser mejores seres humanos.
Pero si el reto de la humanidad es cultural, la sociedad ecuatoriana tiene un reto específico, no perder la fe en la posibilidad de interculturalizar la vida desde cada acto cotidiano, a través de una educación que interculturalice las experiencias educativas haciéndolas significativas, tomando a los gestores culturales como aliados estratégicos en cada territorio, para ese fin. Solo así podremos curar estas heridas y borrar la sombra de un fascismo encubierto en el discurso político de la derecha ecuatoriana.
Por: Rosendo Yugcha Changoluisa, Comunicador Social. Desde el barrio. Foto portada: Tomada de El Universo. Julio 3 de 2022