
De la Amazonía a Quito, de los territorios indígenas a la ciudad, de la defensa del agua a la defensa de la vida: en 2010 RiksinakuyTV registró un movimiento que no solamente protestaba, sino que construía organización, memoria y futuro.
Hay fotografías que envejecen.
Hay videos que desaparecen.
Hay páginas web que dejan de existir.
Y, sin embargo, hay caminos que permanecen.
Dieciséis años después, RiksinakuyTV vuelve a abrir sus archivos y encuentra algo más que noticias de junio de 2010.
Encuentra gente caminando.
Hombres, mujeres y niños avanzando desde la Amazonía hacia Quito.
Encuentra jóvenes indígenas ocupando el espacio urbano para celebrar su cultura.
Encuentra organizaciones intentando disputar espacios institucionales.
Encuentra pueblos defendiendo sus territorios frente a la minería.
Encuentra a dirigentes denunciando intentos de división.
Y encuentra, detrás de todo aquello, una convicción que atraviesa la historia del movimiento indígena ecuatoriano:
los derechos no llegaron solos.
Se caminaron.
Se discutieron.
Se defendieron.
Se conquistaron.
El camino de los hijos de los levantamientos
El 13 de junio de 2010, RiksinakuyTV titulaba:
“Ecuador: marcha por la defensa territorial de las nacionalidades avanza hacia Quito”.
La frase que acompañaba aquella publicación tenía una enorme carga simbólica:
“Tras la huella de los 90”.
No eran solamente los protagonistas de una nueva movilización.
Eran también los hijos de quienes habían participado en el levantamiento indígena de 1990.
La marcha había partido desde Puyo el 10 de junio.
Shuar.
Achuar.
Shiwiar.
Siona.
Andoa.
Sápara.
Secoya.
Cofán.
Waorani.
Kichwa.
Nacionalidades amazónicas caminando juntas hacia Quito.
Cientos de kilómetros.
A pie.
Con mujeres, hombres y niños.
Y con un destino político y simbólico: llegar a la capital e instalar un Parlamento Plurinacional.
El archivo de RiksinakuyTV conserva el itinerario de aquella caminata: Puyo, Mera, Río Negro, Baños, Salasaca, Izamba, Latacunga, El Chaski, Machachi, Guamaní, Villaflora y finalmente Quito.
No era solamente una ruta geográfica.
Era una geografía de la memoria.
Cada tramo conectaba comunidades, pueblos y generaciones.
Cada paso llevaba consigo una historia.
Cada kilómetro recordaba que la organización indígena no nació en los edificios del poder.
Nació mucho antes.
En las comunidades.
En las asambleas.
En las mingas.
En las luchas por la tierra.
En la defensa del agua.
En la resistencia.
Quito también era territorio
La llegada a Quito no significaba abandonar la identidad para entrar en la ciudad.
Al contrario.
El 20 de junio de 2010, el Parque El Arbolito se preparaba para recibir el Inti Raymi organizado por jóvenes de las nacionalidades y pueblos indígenas.
COJNAPIS, Yachay Wasi Quito y la Red de Jóvenes de las Nacionalidades y Pueblos del Ecuador aparecían entre los organizadores.
La ciudad se convertía, por unas horas, en escenario de la memoria ancestral.
Danza.
Ritual.
Música.
Coplas.
Pamba mesa.
Comunidad.
Y una toma simbólica de Quito.
Pero había algo todavía más profundo.
La celebración recordaba que el Inti Raymi no era una pieza de museo.
Era una práctica viva.
Una relación con el Sol, la Pachamama, el agua, los cerros, las cosechas y la comunidad.
Los jóvenes no llegaban a Quito para pedir permiso para ser indígenas.
Llegaban siendo indígenas.
Y llevaban consigo sus símbolos, sus lenguas, sus conocimientos y sus formas de entender el mundo.
El Estado plurinacional: entre el discurso y la realidad
Mientras las calles se llenaban de movilización y celebración, también se disputaba el espacio institucional.
El 19 de junio de 2010, RiksinakuyTV registraba la posesión de nuevos integrantes del Comité Ejecutivo Nacional del CODENPE.
Allí estaban representadas las nacionalidades y pueblos del Ecuador: Kichwa, Awá, Chachi, Épera, Tsa’chila, Waorani, Siona, Cofán, Secoya, Shuar, Shiwiar, Andoa, Sápara, Achuar y numerosos pueblos de la Sierra y Amazonía.
El propio registro de aquella jornada dejaba planteado un desafío: construir un Estado intercultural y plurinacional desde las comunidades y no únicamente desde las instituciones.
Había entonces una tensión que sigue siendo esencial para comprender la historia reciente del Ecuador:
¿Qué significa realmente un Estado plurinacional?
¿Es suficiente con incorporarlo en la Constitución?
¿Es suficiente crear instituciones?
¿Es suficiente incorporar determinadas palabras al discurso oficial?
¿O significa redistribuir poder, reconocer autoridades, garantizar derechos y permitir que los pueblos sean actores propios en las decisiones que afectan sus vidas?
El archivo de 2010 no resuelve esas preguntas.
Pero demuestra que ya estaban planteadas.
Cuando la organización también fue acusada de ser el problema
En aquellos mismos días, RiksinakuyTV recogía las declaraciones de Marlon Santi, entonces presidente de la CONAIE.
Su denuncia era directa: sostenía que desde el Gobierno se impulsaban acciones que, según su interpretación, buscaban dividir y debilitar al movimiento indígena.
La denuncia hablaba de presencia oficial en comunidades, entrega de recursos, tierras o frecuencias y creación de estructuras políticas en territorios indígenas.
No corresponde, dieciséis años después, convertir automáticamente aquellas declaraciones en hechos demostrados.
Pero tampoco corresponde borrarlas.
Porque el periodismo también consiste en conservar las voces de quienes estaban disputando el poder mientras los acontecimientos ocurrían.
Y hay una frase que atraviesa aquella memoria:
“Se están gastando millones en dividirnos”.
La preocupación no era solamente económica.
Era política.
La pregunta era qué ocurre cuando el poder institucional entra en las organizaciones sociales para relacionarse directamente con sus bases, disputar liderazgos o construir nuevas interlocuciones.
El archivo conserva esa tensión.
Y nos permite recordar que la autonomía de las organizaciones ha sido siempre una cuestión central.
La plurinacionalidad no cabía en un discurso
Santi también colocaba el debate en otro nivel.
Para la dirigencia indígena de entonces, la plurinacionalidad no podía limitarse a una formulación institucional.
Debía expresarse en derechos colectivos, participación y transformación de las políticas públicas.
Las leyes de Minería y Aguas, las instituciones indígenas y los gobiernos autónomos aparecían como parte de esa discusión.
Era, por tanto, una disputa sobre el Estado.
Sobre quién representa a quién.
Sobre quién decide.
Sobre quién tiene capacidad para participar en la construcción del país.
Y sobre si los pueblos serían considerados únicamente beneficiarios de políticas públicas o sujetos políticos con capacidad propia para construirlas.
Del territorio ecuatoriano al territorio continental
Mientras en Ecuador los pueblos defendían sus territorios, al otro lado de la frontera también se levantaban voces indígenas.
El 12 de junio de 2010, RiksinakuyTV publicó:
“Chile: Indígenas rechazan actividad minera en Parque Nacional Lauca”.
La Coordinadora Aymara de Defensa de los Recursos Naturales de Arica Parinacota rechazaba las intenciones atribuidas al Gobierno chileno de permitir actividades mineras en sectores del Parque Nacional Lauca.
La defensa del territorio aparecía nuevamente como defensa de la vida y de los recursos naturales.
No era una historia aislada.
Era parte de una realidad continental.
Los pueblos indígenas, desde distintos territorios, enfrentaban una pregunta semejante:
¿Desarrollo para quién y a costa de qué?
RiksinakuyTV ya miraba más allá de las fronteras ecuatorianas.
Porque la defensa territorial tampoco conoce fronteras.
Y entonces aparecen los jóvenes
Hay otro detalle que el archivo no debería dejar escapar.
Los jóvenes.
Aquellos jóvenes de Inti Sisa, de COJNAPIS, de Yachay Wasi, de la Red de Jóvenes de las Nacionalidades y Pueblos, ahora parte de la COIQ.
Ellos estaban allí.
Organizando.
Caminando.
Celebrando.
Participando.
Construyendo espacios.
La historia de los pueblos no pertenece únicamente a sus dirigentes históricos.
También está siendo construida por quienes heredaron las luchas y decidieron llevarlas hacia nuevos escenarios.
Del campo a la ciudad.
De la comunidad a la institución.
De la tradición a la universidad.
De la organización local a la discusión nacional.
El archivo no conserva solamente derrotas
A veces se cuenta la historia de los pueblos únicamente desde la resistencia.
Pero estas publicaciones muestran algo diferente.
Resistir, sí.
Pero también crear.
Crear instituciones.
Crear espacios de participación.
Crear organizaciones juveniles.
Crear formas de celebración.
Crear propuestas.
Crear representación.
Crear memoria.
Crear futuro.
Por eso, cuando hoy RiksinakuyTV vuelve sobre aquellos artículos, no está desempolvando únicamente una época de confrontaciones.
Está recuperando una fotografía de pueblos que estaban vivos.
Que caminaban.
Que discutían.
Que proponían.
Que celebraban.
Que defendían.
Que soñaban.
Dieciséis años después
Hoy las plataformas son otras.
Las cámaras son otras.
Las redes son otras.
La velocidad de la información es otra.
Pero el territorio sigue allí.
El agua sigue siendo vital.
La memoria de los levantamientos sigue allí.
Las preguntas sobre la plurinacionalidad siguen abiertas.
Y las organizaciones continúan enfrentando el desafío de mantener su autonomía y su capacidad de interpelar al poder.
Por eso este archivo importa.
Porque nos recuerda que antes de que las redes sociales convirtieran cada conflicto en tendencia, hubo pueblos que caminaron cientos de kilómetros.
Antes de que muchas palabras fueran apropiadas por los discursos institucionales, hubo comunidades que las defendieron con organización.
Antes de que la memoria se convirtiera en contenido digital, hubo generaciones que la sostuvieron con sus cuerpos, sus lenguas, sus fiestas y sus luchas.
Y antes de que RiksinakuyTV Internacional existiera con el nombre que hoy conocemos, ya había una cámara, un micrófono y una voluntad:
contar lo que estaba ocurriendo desde el lugar donde ocurría.
Ahora volvemos a abrir esos archivos.
No para decir que todo fue perfecto.
No para congelar la historia.
No para sustituir la investigación del presente.
Los abrimos porque un pueblo sin memoria puede ser obligado a comenzar de nuevo cada vez que el poder cambia el discurso.
Y porque hay caminos que no desaparecen.
El de quienes caminaron desde Puyo hacia Quito.
El de quienes llevaron el Inti Raymi al corazón de la ciudad.
El de quienes defendieron el territorio.
El de quienes ocuparon espacios institucionales.
El de quienes denunciaron la división.
El de quienes siguieron creyendo que la plurinacionalidad debía convertirse en realidad.
Ese camino continúa.
RiksinakuyTV Internacional prepara una nueva etapa.
Pero antes de volver a los territorios, deja que sus archivos hablen.
Porque algunas historias no necesitan ser inventadas.
Solo necesitan ser recordadas.
Y algunas voces, después de dieciséis años, todavía tienen mucho que decir.
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