Transición de mestizo discriminado a discriminador

El término mestizo se deriva del latín mixticius que significa «la mezcla de algo», trasladando a la naturaleza de las personas «mestizos serían los hijos de padres y madres de diferente ascendencia étnica o cultural», si aplicamos a la realidad poblacional de nuestra Abya Yala o América después de la llegada de los invasores «españoles», sería la mezcla entre el venidero colonizador que se creía blanco, con las culturas originarias de este continente, que para la llegada de los cara pálida eran muchas pero también ya mezcladas genéticamente, o sea también mestizos en alguna medida, sin embargo mantenían sus lenguas, tradiciones, sabidurías, conocimientos, prácticas, tecnologías, ciencias; manifestaciones concretas y simbólicas que caracterizaba su origen y pertenencia a determinado grupo social o cultural, pero hasta  ese entonces no habían indios, ni indígenas ni indiecitos. En el territorio de lo que hoy es Ecuador, vivían culturas o pueblos como los purway, kitu, karanki, otavalo, cañari, panzaleo, ts’achi, shuar, waorani, zapara, …, otros.

El término “mestizo” fue introducido por la clase social que se creían nobles de la denominada «Nueva España», por allá en los años 1.535 como una categoría negativa desde el sentido racista discriminatorio, para menospreciar o categorizar a los hijos e hijas con madres indígenas como una clase inferior a ellos y como sinónimo de bastardo. El pertenecer a la clase social de mestizos o de bastardos, era causa suficiente que impedía acceder a la educación, asumir espacios de poder, ser acreedores de propiedades o de algún prestigio.

Ahora bien, si revisamos los datos de las investigaciones de la genética en este caso de los ecuatorianos en la actualidad, realizada por la UTE en el 2018, se demuestra que en promedio los que se autoidentifican como mestizos están compuestos por 61% de genes indígenas, 32% caucásicos (europeo), y 7% afroecuatorianos, mientras los que se autoidentifican como indígenas tienen 90% de genes indígenas, caucásico 7% y afro 3%, y, por su parte los afrodescendientes tienen 65% de afro, caucásico 23% e indígena 12%; es decir ningún ecuatoriano se salva de ser genéticamente indígena y mestizo. Dentro de este ámbito, lo «indígena» es una categoría con una carga negativa peyorativa usada desde la improvisación subjetiva, especialmente por una proporción del sector que se autoidentifica como mestizo, con una clara intensión de denigrar a los pueblos originarios; sin embargo, conceptualmente es un término que define la proveniencia, la pertenencia de una persona o grupo social que ha nacido, crecido, vivido históricamente y que sigue viviendo en un determinado territorio y contexto sociocultural; por tanto, desde ese significado es correcta la denominación y autoidentificación como «indígena» a las culturas originarias.

Lo paradójico y contradictorio, es que una gran proporción de esta clase autoidentificada como mestiza, menospreciada, discriminada, racializada, estigmatizada entre el siglo XV al XVIII por su condición de mestizo, al parecer sus descendientes, traen aún esa carga genética y cognitiva de autodefensa consciente o inconsciente de la discriminación que fue objeto por parte de sus descendientes españoles y descargan o revierten ese mismo odio o rechazo recibido o quizá con más fuerza hacia los descendientes de sus propias madres indias así como ellos llaman indias, como una muestra de odio y rechazo a su propio vientre en el que sus predecesores gestaron.

Si revisamos el predominio genético de lo caucásico o indígena que llevamos en nosotros, todos los ecuatorianos somos indígenas; sin embargo, una proporción del sector mestizo, desde su desconocimiento u ocultando intencionalmente esa realidad genética indiea, longuea, y discrimina a su propia naturaleza que mayoritariamente (61%) lleva en su propio ser, como una manifestación clara de vivir sumidos en ese complejo de inferioridad y que tienen la necesidad de discriminar al otro para alimentar su ego y creerse superiores y últimamente también se han autodenominado como «personas de bien» y en la ciudad de Quito y Guayaquil se han reunido para promover contramarchas rechazando a las movilizaciones indígenas.

Como parte de las expresiones discriminatorias, racistas de odio se ha vuelto a escuchar reiterativamente los términos indio, longo, verdugo, igualado, runa, entre otros; pero vale recordar en forma rápida a aquellos que usan estos términos de forma arbitraria desde la ligereza de la lengua que no tiene huesos, las acepciones de cada una; indio es un término que define la pertenencia a la India; longo es un término kichwa que significa adolescente; verdugo es el victimario, asesino, torturador; runa en kichwa significa, señor, hombre; mientras que el término igualado, refleja el sentir de alguien que siente la necesidad de menospreciar a otro para sentirse superior, desde su complejo de inferioridad; por tanto, todos estos términos y otros son usados desde la ignorancia de sus acepciones.

Si lo mestizo define los niveles de mezcla, resulta que los pueblos indígenas también tienen niveles de mezcla genética y cultural, hecho que es confirmado por las investigaciones de la UTE. Por otra parte, en el lenguaje popular del día a día utilizado por el mismo sector autoidentificado como mestizo, también se escucha expresiones como «mi perro es mestizo» entre otras con la categoría mestizo, esto confirmaría que hasta el perro puede ser considerado como mestizo; entonces me salta la interrogante ¿esta categoría aplica bien tanto para las personas, así como también para los animales?

Así mismo, ante el flujo masivo con capacidad de relevo, rotación y de incremento progresivo de personas entre hombres, mujeres, adultos, jóvenes, niños y niñas hacia la ciudad de Kitu durante el ejercicio del derecho a la resistencia en estos últimos días; los que no entienden qué es la «conciencia comunitaria» o «conciencia colectiva» y cómo se manifiesta; otra vez, desde su ignorancia dicen que estos indios están financiados por el narcotráfico, vienen obligados para no pagar multas, que irresponsables para qué traen niños; por tanto, nunca entenderán esa esencia neurológica, cognitiva, psiquica y lúdica invisible, llamada conciencia comunitaria, que hace que vuelvan y que sigan volviendo a la matriz de equilibrio energético que es el punto centro de la tierra, el verdadero ombligo del mundo que es Kitu, esta vez lo hicieron porque la vulneración de sus derechos, el encarecimiento de la vida, la destrucción de la pachamama, estuvo provocando un desequilibrio y no solamente para los pueblos originarios, sino para todos los ecuatorianos; ante lo cual, vinieron y seguirán viniendo ríos de gente, cuan salmones retornan masivamente a la matriz territorial en la que nacieron, para garantizar la reproducción y pervivencia de su especie, aunque saben que para ello, tienen que cruzar grandes peligros y varios deberán morir en el intento, pero tienen que hacerlo, poque caso contrario su especie se exterminaría, es casi así la conciencia comunitaria que muchos morirán sin entenderlo.

Ahora salta la pregunta ¿cómo nos desprendemos de esos sentimientos que ahonda la división y el odio racial?, entre los intentos que contribuyen a responder a esta pregunta, está el surgimiento, inclusive la incorporación  en nuestra constitución, principalmente de los conceptos del sumak kawsay (buen vivir), la interculturalidad, la complementariedad entre otros; sin embargo, en el caso de la visión intercultural, a pesar de que casi todos lo discursan, ni la interculturalidad relacional que intenta promover el contacto, el encuentro entre culturas distintas, sea en condiciones de igualdad o de desigualdad; ni la interculturalidad funcional que busca el reconocimiento de la diversidad cultural (multiculturalismo), para la inclusión al interior de la estructura social dominante, se ha logrado concretar y más aún se ha podido dar el salto hacia la interculturalidad critica, que busca cambios estructurales para construir una sociedad más justa en diversidad cultural; en este orden de cosas, surge la necesidad de reescribir la historia desde la verdad, consecuentemente reconstruir nuestra memoria histórica, que con  base a la verdad, de cuenta de nuestros orígenes, superando el sentido de subordinación hacia las culturas dominantes, como lo fueron los incas y los españoles para el caso de los pueblos del Ecuador actual y aceptarnos tal como somos y construir una actitud de convivencia y de relacionamiento armónico sobre la base del compartir, más no sobre la base únicamente de los principios funcionales y unidireccionales que son el respeto, la tolerancia y la igualdad, cuyas acepciones están construidas para simular respeto aunque no comparta, para simular tolerancia aunque no lo soporte, para simular igualdad y terminar gritando ‘no sean igualados’.

Por: Bolívar Yantalema. Kichwa de la Nación Puruhá. Foto portada: CONAIE. Julio 4 de 2022

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